En una primavera atípica y sin mucho brillo, solo unos pocos vecinos se acercaron a la costa del Limay para pasar la tarde. Con barbijos y mates individuales, en familias o con amigos, se observaron pequeños grupos que celebraron la llegada de los días de calor. En Avenida Olascoaga no se pudo ver la caravana tradicional de los años sin pandemia y, mientras desde el Municipio se festejó la tranquilidad, atribuido a los estrictos controles, los vendedores y puesteros del lugar lamentaron la falta de gente.
“Desde que empezó la restricción de andar en auto hasta las 18, se pudo ver una baja considerable de gente”, aseguró a LMN Juan García, empleado del truck de Kuruf en el río. “No estamos ni cerca de la gente que venía semanas atrás, antes del nuevo decreto”, aseguró el joven.
Tal es la situación que los dueños de los locales adelantaron el horario de cierre para reducir los gastos de personal: “Antes estábamos cerrando a las 22, ahora lo hacemos a las 20 porque la verdad es que no está viniendo nadie”. La llegada del calor no fue celebrada en los espacios públicos y la ciudad, si bien no se vio vacía, sí se vio restringida.
“Estuvo todo muy tranquilo por suerte. La gente respetó los controles, el distanciamiento y el uso de barbijo”, aseguró una de las encargadas de la seguridad en la entrada al Paseo Costero. A diferencia de semanas atrás, los controles comenzaron a ser más estrictos. Ahora es necesario ponerse alcohol en gel y tomarse la temperatura para poder ingresar a la Isla 132.
“Este día es atípico, no nos va a encontrar abrazándonos ni haciendo grandes picnics, pero creemos que se puede celebrar respetando las normas preventivas de seguridad”, explicó Mauricio Serenelli, directivo de Cultura, Deportes y Actividad Física de la ciudad.
Por ello, los controles estuvieron orientados a recordar el uso obligatorio del barbijo y la distancia social. Además, Tránsito cortó con conos los distintos accesos en auto. “La idea es que ingresen a pie, en bici, en patinetas y monopatines”, explicaron en un comunicado municipal, en el que recordaron: “Solo se admiten grupos de amigos y de familias de hasta 10 miembros, con uso del barbijo o del tapaboca y respetando la distancia social”.
Sin embargo, no fueron solamente los municipales los encargados de controlar la situación. También lo hicieron la Policía del Neuquén y la Prefectura Naval Argentina. Una mezcla de pecheras azules, naranjas y amarillas se encargaron, durante todo el día, de hacer respetar las medidas. Esto trajo a colación el enojo de varios de los presentes: “Solo me bajé el barbijo para tomar mate y se acercaron a pedirme que me lo subiera”, se quejó Mariano Vargas, un joven de unos treinta años que se encontraba en el lugar.
La otra realidad
Pese a que la primavera no brilló en Neuquén y los vecinos de barrios más alejados no pudieron aprovechar la tarde en el Paseo de la Costa, aquellos que sí llegaron caminando por la cercanía de sus viviendas, no se perdieron de la llegada del sol a la ciudad.
Casi de forma natural el día se dividió en tres franjas, cada una de ellas aprovechada por distintos rangos etarios. Aunque las nubes fueron parte del paisaje durante casi todo el día, las primeras horas fueron para los adultos mayores, que a paso lento respiraron el aire fresco matinal.
“A esta hora nunca hay nadie y es el mejor paisaje que puedo ver”, reconoció Olga Vázquez a LMN. La mujer, de unos 70 años, admitió que no ve la hora de poder ir de vacaciones a la cordillera, pero mientras tanto la revitaliza “la calma del río en la mañana”.
Ya por el mediodía y hasta cerca de las 16, las familias con hijos pequeños aprovecharon para distender tanto encierro. Sin ser más que un puñado de personas, desde algunos metros de distancia vieron cómo los niños con rollers, monopatines y bicicletas iban por la sendas costeras hasta quedar agotados y tener que ser cargados a upa bajo amenaza de dejar de caminar.
“Aprovechamos que a esta hora todavía no hay tanta gente para que se puedan mover con más libertad”, aseguró Verónica Figueroa, una madre de unos treinta años que observaba a sus hijos tirar piedras.
La tarde, en tanto, tuvo otro paisaje. Aunque sin ser más de un puñado de personas, fue casi exclusiva para jóvenes. En rondas de no más de diez personas no pudieron acampar, ni hacer picnics o asados, por lo que no les quedó otra más que esperar, que algún día se termine esta pandemia: “Ya estamos cansados. Solo queremos que termine esto y poder volver a irnos en carpa o aunque sea aprovechar las noches que ahora se vienen lindas”, contó a LMN Hernán González, de 22 años.
“La verdad es que ser estudiante no es algo que festejemos tanto hoy, porque estuvo difícil estudiar este año”, reconoció el joven. Sin embargo, eso no pareció quitarle el sueño. “Al menos esta vez no fue por nuestra culpa”, contó entre risas. Es por eso, que tanto él como su grupo de amigos solo pueden festejar la llegada de la primavera. “Dicen que el sol va a matar el virus, esperemos que eso sea verdad”, concluyó.
Los vendedores no festejan
Rotas quedaron las esperanzas de los vendedores ambulantes de la ciudad, que confiaban en que la llegada de la primavera hiciera florecer sus ganancias. “Compré diez docenas de churros para hoy y solo vendí tres”, aseguró Carlos Aragón a LMN. El hombre que desde hace dos años llegó del Chaco en busca de una oportunidad laboral, sobrevive desde hace meses con la poca entrada de dinero que le deja el emprendimiento.
“Con mucha suerte hago 300 pesos por día, aunque si algún día compro de más y no se vende es difícil recuperar”, se lamentó.
Los controles son cada vez más estrictos y la gente elige quedarse en sus casas. “No están dejando entrar a la gente en autos y con eso hay una gran parte de la población que no llega hasta acá”, contó el vendedor y agregó: “Los que compran lo hacen con miedo y a uno solo le queda respetar”.
Mientras tantos, jóvenes y adultos que no pudieron celebrar el Día de la Primavera esperan que las restricciones gubernamentales den sus resultados y que, de cara a las próximas semanas, la situación de la provincia mejore para poder volver a salir con normalidad.
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