Lo condenaron a 18 años por un brutal femicidio y ahora busca citas en Tinder

Fue condenado en 2007 por matar e incinerar a una adolescente de 15 años. En 2016 quedó en libertad condicional y tras ser escrachado en las redes por buscar pareja en la aplicación, este año volvió al ruedo.

Tras ser escrachado el año pasado, el femicida Pablo Víctor Cuchán volvió al ruedo en la aplicación de citas Tinder.

Cuchán fue condenado en 2007 a 18 años de prisión por haber matado, descuartizado e incinerado a Luciana Jimena Moretti, una adolescente de 15 años, en la ciudad de Bahía Blanca.

En aquel momento el tribunal oral dio por probado que el asesino había quemado los restos de la víctima en la parrilla de su casa y los había repartido por diversos sitios de Ingeniero White y Villa Rosas, dos localidades vecinas. Puertas adentro, Cuchán tuvo una conducta ejemplar y al cumplir dos tercios de la pena recuperó su libertad. Fue en abril de 2016, luego de haber estado once años preso por el homicidio, que ocurrió el 16 de octubre de 2004.

El año pasado la aparición de su foto en el perfil " Pablo37" de Tinder generó una ola de repudio en las redes sociales y tuvo rebote en los medios. Diez días antes su expareja lo había denunciado en la Comisaría de la Mujer de Monte Hermoso -el lugar que eligió para vivir tras su excarcelación- por violencia de género.

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Un año y medio después, volvieron a aparecer posteos en las redes sociales alertando que Cuchán volvió a usar la aplicación para buscar pareja.

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Cuchán tenía 25 años cuando, según dijo, no supo qué hacer con el cuerpo de Luciana Moretti y decidió quemarla en una parrilla de su casa de Ingeniero White.

En el juicio declaró que Luciana murió por una sobredosis de cocaína y que él se asustó. Sin explicar el motivo, dijo que luego de creerla muerta la llevó hasta el fogón y la prendió fuego, con "20 litros de solvente y 10 bolsas de leña". Además, negó haber desmembrado el cuerpo como así también el uso de cuchillas. Y afirmó que nadie más supo qué pasó.

Pablo Cuchán trabajaba en la ferretería naval de su padre en Ingeniero White. Le decían “el Loco” porque si algo se le metía en la cabeza, se volvía imparable. Sus amigos, en cambio, lo consideraban “el gordito pelotudo” del pueblo.

La ansiedad del Loco aumentaba si tomaba mucha cocaína. Cierta vez simuló un auto secuestro, le robó 30 mil pesos a su familia y se fue con varias mujeres a Sierra de la Ventana.

A Luciana Moretti la veía a escondidas: la pasaba a buscar en auto por la esquina de la casa y la llevaba al colegio. Los papás de ella no sabían. Liliana, la mamá, lo conocía porque vivían a dos cuadras. Y le daba miedo: “Tenía la mirada de un asesino”.

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Antes de asesinar a Luciana, Cuchán había estado de novio con Natalia Paola Barona, desde julio de 2002 a febrero de 2003. El 4 de julio de 2007, la mujer declaró en el juicio: “Vivía con él, a los 15 días de que se fuera, una mañana me llamó por teléfono temprano diciéndome que se iba suicidar y yo me angustié. Fui a la casa donde vivíamos y me encontré con toda la casa llena de sangre y mi perra, que yo le había dejado a él, acuchillada en la bañera”.

Luciana desapareció el sábado 16 de octubre de 2004. A las 6:30 de la mañana de ese día llamó a su mamá Liliana Mirta Salvatori desde el teléfono de Cuchán: “Estoy con Claudia, ahora voy”. Durante el juicio, Liliana declaró que su hija había sido amenazada. Una tarde, al volver del cyber, contó que se había encontrado en su casilla con un mensaje que decía: “te estoy siguiendo los pasos, cuidate porque de mí no te vas a burlar”.

El informe del psiquiatra Américo Matta explicó que no se apreció “arrepentimiento en el imputado porque en ningún momento aceptó la comisión de un homicidio, por consiguiente no aceptó nada de lo cual deba arrepentirse, en todo caso explicó lo que habría hecho con el cadáver por temor, falta de control de impulsos derivado de la emoción, lo que no se compadece demasiado con las características que tiene, que es una personalidad fría. Sostuvo que no mató a Luciana sino que se asustó cuando vió que se moría por una sobredosis. El discurso era pausado, daba la sensación como que estaba convencido de todo lo que decía. Un psicópata le miente al polígrafo y éste no detecta la mentira porque tiene una muy baja reactividad emocional”.

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