¿Qué jugador ocasionalmente suplente no sueña con ingresar y darle el gol del triunfo a su equipo? Pasa en el fútbol profesional y hasta en el barrio, en el campito. Pero lo de Valentino Simoni ayer superó con creces la ficción, esa típica película en la que el muchachito relegado, el protagonista, ingresa a poco del final, resuelve el partido más importante y se lleva todos los aplausos y elogios mientras lo pasean en andas.
Pues bien, acá no fue solo un gol sobre la hora sino dos. Y encima sirvieron para dar la vuelta olímpica con un grande como Boca, para coronarse campeón en la categoría Reserva, el paso previo a la Primera División.
Todos hubiésemos querido experimentar alguna vez lo mismo que el pibe héroe de la reserva de Boca.
El sueño del pibe, realmente. Todos los futboleros alguna vez hubiésemos querido experimentar lo mismo, tamaña emoción. Máxime con el equipo que simpatizamos, como el caso de Simoni que es fan de Boca.
Sin dudas ahora se le abre un horizonte muy alentador, habida cuenta de que el actual entrenador de la Primera, Sebastián Battaglia, lo conoce muy bien -él dirigía esa categoría- y su hazaña de este sábado la vio desde Riquelme hasta el país entero.
Pero bien, así como el chico no tiene que creérsela y seguir demostrando con su bajo perfil, no está de más mirar hacia atrás y recordar el esfuerzo personal y el de una familia que no solo sufrió al despegarse de él sino también de su hermano mellizo Thiago. Un ejemplo más de que a pesar de la distancia se puede, si hay constancia, lograr un espacio en las inferiores y en Primera División en el fútbol grande. Aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles de Simoni que ya van a venir. ¡Felicitaciones, campeón!


