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La Mañana Cipolletti

Los doctores que les curan hasta el miedo a los niños

El personal del hospital compró un autito para que los chicos entren sin temor al quirófano.

Guadalupe Maqueda - [email protected]

Ingresar a la sala de un quirófano asusta a un adulto, imagínese a un niño. Llegar en una silla de ruedas o en una camilla, dejar a sus padres en la puerta y entrar a un lugar donde lo espera un montón de gente extraña que se tapa con gorras, barbijos y guantes, y tiene un arsenal de instrumentos y máquinas a sus costados puede ser traumático.

Hay cirujanos, médicos, mucamos, enfermeros, secretarios y otros agentes de la salud que ven, escuchan y sienten ese temor. Por suerte hay profesionales muy humanos en Cipolletti, quienes hace apenas un par de días le pusieron toda la onda para que el tránsito que realizan sus pacientes pediátricos hasta llegar al quirófano sea más llevadero.

Juntaron plata de su bolsillo -12 mil pesos- y compraron un pequeño auto con la forma de un Mini Cooper, que lo maneja el camillero a control remoto y lleva a los pequeños hasta el quirófano.

“El jueves lo usamos por primera vez con un niño que tenía una cirugía de otorrinolaringología. Se llama Mikea y estaba feliz. Se fue en el auto y le hicimos la re fiesta. Él iba re contento con su auto, su dinosaurio y su capa de Superman.

“le vivimos pidiendo de todo a la cooperadora, porque siempre faltan cosas (en el hospital), así que esta vez pusimos plata todos nosotros”, dijo Carolina Gagliardi, Jefa del servicio de cirugía pediátrica del hospital moguillansky

De esta manera, todo es más ameno. Vamos a ver qué pasa con otros chicos”, comentó la cirujana y jefa del servicio, Carolina Gagliardi

Recordó que comenzaron con la colecta en julio. La idea surgió entre colegas, de una charla informal que tuvieron en el quirófano. “¿Por qué no juntamos la plata entre todos y compramos un autito?”, se preguntaron, y así fue que pasaron luego servicio por servicio y les pidieron colaboración a los compañeros. “De caraduras nomás, pasamos con un sobre y pedimos 250 pesos. El que podía puso más, y el que no, puso lo que podía”, contó.

No quisieron acudir a la cooperadora del hospital porque ya tiene bastante trabajo para conseguir otros elementos de mucha necesidad.

“Le vivimos pidiendo de todo, porque siempre faltan cosas, así que esta vez pusimos plata nosotros”, explicó.

Ahora que ya consiguieron el Mini Cooper, siguen muy entusiasmados y tienen ganas de gestionar un camino de vinilo para seguir la ruta del servicio de pediatría hasta el quirófano.

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