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Los food trucks del río, la nueva salida en cuarentena

Los más jóvenes de la ciudad optan por el Paseo de la Costa para cortar la semana o disfrutar el finde. Los bares, en tanto, bajaron considerablemente las ventas presenciales.

Sin la posibilidad de salir de fiesta u organizar juntadas de a varias personas, los jóvenes de la ciudad eligen los carritos del Paseo de la Costa para cortar la semana o disfrutar el finde. En mesas de no más de cuatro personas toman cerveza y comen papas fritas y pizza: “Es como la salida de la cuarentena, estar al aire libre, escuchar música y tomar algo”, admitió una joven a LMN.

Un gran caudal de autos ingresa diariamente por el puente al Paseo de la Costa, algunos de ellos compran en los food trucks y eligen ir a la costa del río, mientras otros eligen consumir en las mesas del lugar. De un lado suena música electrónica y del otro varía el rock y el reggae. “Viene bastante gente por suerte”, aseguró Nahuel, empleado de Kuruf, que agregó: “de lunes a miércoles está bastante tranquilo, pero de jueves a sábado explota”.

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Sin embargo no fue así durante toda la cuarentena, ya que la habilitación a los carritos se dio primero bajo la modalidad de take away. “Fue muy difícil porque durante los primeros meses permanecimos cerrados y la modalidad de take away nunca fue lo mismo”, admitió Clarissa, de Boca del Lobo. Hoy por hoy, las ventas, en promedio en los carritos se encuentran en un 40% en comparación a la facturación de septiembre del año pasado.

La gente en el lugar baja sus barbijos para comer o tomar y cuando terminan se los vuelven a poner. “La gente acata bastante bien las órdenes. En su mayoría se cuidan y respetan el distanciamiento social”, aseguró Darío, uno de los encargados de la prevención del lugar. Para ello hay unas cintas de precaución que dividen los espacios en distintas zonas: “Intentamos ordenar para que no se junten las filas para pedir con la gente que está sentada”, aseguró Clarissa. Además, hay al menos en cada food truck un encargado de hacer respetar el distanciamiento en las colas para pedir.

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“Para comprar es obligatorio ponerse barbijo y desinfectarse las manos. Pero después en las mesas o en los alrededores de los carritos la gente hace lo que quiere”, se quejó Nahuel.

Allí es el lugar de encuentro de jóvenes de la ciudad, que si bien van con su grupo de amigos y amigas suelen encontrarse a conocidos en el lugar: “Sabés que te vas a encontrar a alguien conocido seguro y eso está bueno porque te genera satisfacción ver a gente que por la cuarentena no podes ver en otros lados”, contó una joven a LMN. Claro, que estos encuentros se dan de forma espontánea y responsable: "a lo sumo cruzas un par de palabras y seguís en la tuya con tu grupo. No es que se mezclan las juntadas o algo así”, concluyó la mujer.

“Nuestro mayor temor es que se cierre la isla por la cantidad de gente. Porque no somos grandes empresarios, somos familias que dependemos de esto”, contó Clarissa de Boca del Lobo. Es por eso, que desde los locales comerciales hacen hincapié en que la gente respete los protocolos sanitarios establecidos por la pandemia de COVID. “Le pedimos a la gente que se pongan las pilas para que después no clausuren este espacio”, concluyeron desde Kuruf.

Por las tardes es cuando más gente se puede apreciar y no hay vez en que los carritos cierren después de las 22. Para ese horario la gente empieza a circular nuevamente rumbo a sus casas, ya sea en auto o en bicicleta y los encargados de la limpieza acomodan el lugar.

-> Merma de gente en los bares neuquinos

Así como la gente opta por los carritos del Paseo de la Costa como salida de la semana, los bares de la ciudad han tenido una gran caída de la gente en los locales. En plena noche no se ven más que un par de mesas ocupadas y un gran flujo de bicicletas encargadas de hacer delivery: “funcionamos más que nada por Pedidos Ya. El 60 por ciento de las ventas es por take away”, aseguró a LMN, Nicolás, encargado del bar Garden.

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Esto les ha significado una baja considerable de las ventas, pero más que nada, la pérdida casi total del consumo de cerveza y tragos en el lugar. “Perder la bebida nos perjudicó mucho”, aseguró el hombre que pasó de tener seis canillas de cerveza tirada en su local a manejar solo dos. “La gente compra lo que va a comer pero toma lo que tiene en la casa”, contó.

Pese a la cuarentena, con el correr del tiempo fueron logrando aumentar las ventas. “Los primeros meses estábamos a un 30 por ciento y con el paso del tiempo fuimos levantando un poco”, aseguró Nicolás, que admitió que Garden hoy se encuentra a un “60 por ciento de las ventas, aunque la idea es poder llegar a un 80 por ciento de lo que vendíamos el año pasado a esta altura”.

Los números son claros, pasaron de vender unas 1200 hamburguesas por semana a solo vender 110. “Nos estamos acomodando y tratamos de incorporar nuestro propio delivery para seguir creciendo, pero esta situación parece que se viene para rato”, concluyó.

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