Los intereses sin cuarentena

La puesta en escena de la unidad nacional contra la pandemia voló por el aire en pleno aislamiento.

La armonía no duró casi nada. Desde que se supo con pruebas que el coronavirus sería un problema para los argentinos, hubo una puesta escena de distintos sectores políticos y empresarios para aparentar una unidad ante la desgracia despojada de intereses particulares. La unidad era ficción, aunque algunos la postularon como el milagro ocasionado por la pandemia. En los últimos días, los intereses particulares comenzaron a abrirse lugar en la escena. Salieron del placard, en el que se comían las uñas hasta entrados los dedos a la espera del momento para mostrarse abiertamente.

La escenificación de la fractura, sin el velo con la foto de la unión nacional por delante, se produjo como consecuencia de los efectos de los despidos resueltos por el principal grupo industrial del país: Techint. El emporio que conduce con mano de acero el magnate ítalo-argentino Paolo Rocca anunció que echaba a 1450 trabajadores de su constructora en medio de la pandemia. La respuesta del presidente Alberto Fernández fue virulenta. Y sirvió para que sectores agazapados dieran el salto. El mandatario peronista hizo un discurso contra los empresarios que despedían trabajadores en las circunstancias actuales. No nombró a Rocca. Y dio lugar a que todos los empresarios, sean grandes o chicos, que no comulgan con el peronismo tuviesen una causa para ir contra el Presidente, que está ocupado a tiempo completo en atender la crisis sanitaria y sus consecuencias económicas. Mal o bien, el Gobierno se dedica solo a eso.

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