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La Mañana tradiciones

Los jóvenes ponen a salvo las tradiciones del campo

La transición se vio reflejada en la fiesta de Bajada del Agrio.

Las tradiciones forman parte de la identidad de los pueblos. Hablan de su acervo cultural, de su sentir campero y en especial de la herencia que recibirán las generaciones presentes y futuras. El amor y la pasión por el campo aún están intactos. La transición entre los que van dejando y los que empiezan a abrazar las costumbres gauchas está asegurada y más latente que nunca.

Los nuevos talentos tienen el camino allanado y cada vez son más las fiestas populares que van abriendo los espacios necesarios para que puedan mostrarse y destacarse.

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Bajada del Agrio ha sido punta de lanza en la renovación de los cultores de las tradiciones en la provincia. Con un trabajo paciente y denodado, la localidad ha logrado ganarse un escalón importante en la preferencia del público y en la nueva generación de jinetes y montadores.

Con la recuperación de las emblemáticas tradiciones populares como motor de la cultura y el turismo, Bajada del Agrio vivió la 29° edición de la Fiesta Provincial del Agricultor, a la vez la 5° edición de la Fiesta del Río Agrio.

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Las fiestas buscan reivindicar el protagonismo que tienen los productores y la principal fuente hídrica en el desarrollo y el crecimiento de Bajada del Agrio. El predio del camping municipal en los dos días de fiesta lució colmado. Todos quisieron ser parte y no perderse detalles de las actividades camperas realizadas.

Para la organización y a la vista de los entendidos en la materia, fue motivo de orgullo el presenciar a tantos niños y jóvenes involucrados en el proceso de recuperación y renovación de las tradiciones. Las pilchas gauchas las lucieron todos, del más grande al más chico, con orgullo y respeto.

Las nuevas generaciones estuvieron presentes en los jinetes y domadores, en los ayudantes de campo y corral, en los palenqueros, en los apadrinadores, en las voces y músicos del palco principal y en cuanto lugar hubiera que echar una mano. Es así que, un baño de juventud salpicó a todo el predio y a la fiesta.

Todos fueron parte de la fiesta

Las postales de la fiesta se sucedieron a lo largo del día en tramos que alegraron el corazón, enternecieron el alma y que fueron un verdadero deleite para los ojos.

Hubo jinetes que pudieron lucirse y cumplir su faena de la mejor manera y se alzaron con los premios, otros tuvieron el sabor amargo de recorrer kilómetros y al momento de la suelta el caballo no quiso dar monta.

Se vieron niños vestidos de gaucho escuchando los relatos de sus padres y bebés con cuerdas en la mano intentando hacer un nudo en el alambrado.

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Un joven en silla de ruedas se animó a la locución en el palco y más tarde con vestimenta acorde recorrió el predio saludando a todos a aquellos que lo escuchan en su programa de radio.

Familias enteras recorrieron los stands que vendían indumentaria e implementos camperos.

El jinete zapalino Norberto Méndez fue homenajeado por autoridades municipales y el público cuando está transitando la gira de despedida de su carrera, que se extendió por 30 años.

Largo viaje sin premio

Las jineteadas tienen ese atractivo de mostrar la lucha entre el gaucho y el caballo.

Algunas configuran un verdadero espectáculo, que mueve a una ovación generalizada del público. Otras son dramáticas por la suerte del jinete, mientras que también hay jineteadas que no ocurren porque el caballo se plantó.

La última versión vivió el jinete de Picún Leufú Guillermo "Guille" Sepúlveda. Recorrió 150 kilómetros para demostrar la destreza que sabe en la monta, pero en un segundo se terminó el acto.

"No pudimos lograr hacer andar el caballo, el palenquero lo dejó medio atado así que no pudimos dar suelta. Siento bronca cuando pasa eso, todos vinimos a buscar el premio. Estuve en la fiesta del chacarero en Picún Leufú donde cobré un premio. Es la primera vez que vengo acá a jinetear, muy lindo todo, buenos caballos. Esto por suerte siempre da revancha", dijo Sepúlveda.

Contó que "hay muchas fiestas y se van mejorando cada vez más. Tengo 22 años y hace dos que hago esto. Me crié en el campo. Mis padres (Graciela Campos y Javier Sepúlveda) son crianceros y tenemos una estancia. Estoy orgulloso de lo que me enseñaron".

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