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Neuquén.- Lola llegó a la casa de Mónica Hernández como un regalo de cumpleaños. Aunque siempre se mostró alegre y compañera, la familia jamás sospechó que la pequeña caniche les ofrecería su mayor muestra de lealtad el lunes, cuando sacrificó su propio pellejo para salvarles la vida. Antes de morir asfixiada por el humo, la perra despertó a ladridos a sus dueños para que escaparan de un incendio que estaba devorando su casa, ubicada en el barrio Hibepa.

El hollín parece colarse por todos los vericuetos del terreno de los Hernández, a metros de la esquina de Lago Muster y Delegados Territoriales Neuquinos. Aunque ya pasaron tres días del accidente, las paredes renegridas se mantienen como un vívido recuerdo de la madrugada en que Mónica y sus tres hijos del corazón se salvaron de milagro.

“La luz estaba cortada desde las cinco de la tarde; como ya no me quedaba batería en el celular y no tenía linternas, preparé la cena con velas”, recordó Mónica, mientras su familia trabajaba en la reconstrucción del techo que fue carcomido por las llamas.

Aunque la energía eléctrica ya había regresado a la madrugada, Daviana, la hija más chica de su pareja, encendió otra vela para iluminar su camino al baño y la dejó semiencendida, muy cerca de la cucheta que compartía con sus dos hermanos.

incendio barrio hibepa

A esa hora de la noche, Mónica sostenía un sueño profundo en la habitación contigua y al lado de Lola, la caniche que nunca se despegaba de su cama durante toda la noche.

Solo los ladridos insistentes de la cachorra lograron despertarla y ponerla sobre aviso del fuego que crecía en el resto de la casa y que ya arrasaba el machimbre del salón.

La mujer corrió desesperada hacia la habitación de los chicos, separada del comedor por solo una pared de durlock, y vio que las llamas ya rodeaban la cucheta de tres niveles.

Aunque Sara (19 años) y Daviana (9) pudieron escapar, Marcos seguía dormido en la cama cercada por el fuego. “Le grité desesperada y entonces se despertó y tiró una almohada para poder pisar el suelo”, relató la mujer.

Las ampollas en los pies de Marcos (13) fueron un bajo costo ante la fatalidad del incendio, que se tradujo en pérdidas totales para la vivienda y la muerte de Lola y Manchita, las dos mascotas de la familia que murieron asfixiadas por el humo. “Yo creo que Dios me trajo a la perrita para salvarme la vida”, reflexionó la mujer.

“Estamos conteniendo mucho a Daviana, que se siente culpable por lo que pasó y aún está triste por la muerte de sus mascotas, que eran como dos miembros más de la familia”, dijo Mónica Hernández, Damnificada por el incendio

incendio barrio hibepa

El apoyo de los vecinos

La tragedia sufrida por esta familia despertó muy pronto la solidaridad de sus vecinos del barrio Hibepa, que además de llamar a los bomberos, ayudaron a apaciguar las llamas con mangueras y matafuegos.

En los últimos días, comenzaron a trabajar en la limpieza de todos los artículos quemados y la reconstrucción de la vivienda que Mónica y su pareja, José, habían levantado hace un año con un crédito de Anses que todavía no terminaron de pagar.

“Nos queda un año y medio de cuotas, pero tenemos que empezar todo de nuevo”, señaló Mónica y recordó lo mucho que cuidaba sus electrodomésticos.

“Tanto cuidar el lavarropas para que no se rompa y lo perdimos todo de golpe”, dijo. De inmediato se reconfortó al señalar: “Lo material puede recuperarse o no, lo importante es que estamos todos vivos”.

La tragedia padecida por la familia despertó la solidaridad de los vecinos del barrio, quienes se involucraron en la pelea contra las llamas.

Una familia puesta a prueba otra vez

El incendio que destruyó su casa no es la primera prueba que afronta la familia de Mónica y José. A la lesión de cadera que le impide trabajar a ella se suma el retraso madurativo de su hija Sara y un tratamiento oncológico para Daviana.

“Nos habíamos ido a vivir a Loncopué para estar más tranquilos, pero en 2016 nos enteramos de que Daviana tenía cáncer de útero y nos volvimos a Neuquén”, relató la mujer. Aunque al principio vivieron en los departamentos que ofrece APANC para las familias de los niños con cáncer, hace un año pidieron un préstamo para edificar una vivienda pequeña en el terreno donde viven las dos hijas que Mónica tuvo con una pareja anterior.

Mientras tanto, José abandonó su trabajo como albañil para dedicarse al cuidado de la nena, que atravesó complejas cirugías y perdió el pelo en la quimioterapia. “Ahora está bien, con controles cada tres meses, pero José no consiguió más trabajo y solamente hace changas”, expresó Mónica.

Cómo colaborar con la familia

Los que deseen colaborar con la familia pueden comunicarse al teléfono 2995827567, acercarse a la vivienda en Lago Muster y Delegados Territoriales Neuquinos o hacer un depósito a la cuenta del BPN que la familia abrió para el tratamiento de su hija Daviana. La cuenta tiene el número 01107854 y el CBU para transferencias es el 30078500157251, a nombre de Mónica Hernández. Aunque algunos vecinos ya colaboraron con ropa y colchones, necesitan materiales de construcción, aberturas, vajilla y muebles.

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