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La Mañana

Los neuquinos despidieron al padre Ítalo

Reconocieron la labor espiritual y solidaria que desplegó desde su llegada a Neuquén en 1967.

El obispo de Neuquén, Virginio Bressanelli, ofreció una misa en su memoria en la capilla Nuestra Señora de Lourdes del barrio El Progreso.
 
Neuquén > "Fue un ser muy humano, profundo y coherente con su obrar. Fue el padre espiritual de todos, nuestros hijos se han formado con los buenos valores que él nos ha inculcado", expresó una mujer al despedir los restos del padre Ítalo, muerto el sábado a los 82 años.
 Adultos que recordaban todo lo que había hecho por los más necesitados, jóvenes que rescataban su accionar en los barrios, mujeres con niños en los brazos que agradecían haberlo conocido en momentos difíciles de sus vidas, y tantos otros que conocían la labor espiritual y solidaria desplegada desde febrero de 1967 por Ítalo José Varvello, cuando arribó a Neuquén como voluntario a la Diócesis, que se había inaugurado y que tuvo como primer obispo a Jaime de Nevares.
Desde el sábado, cuando se conoció la noticia de su fallecimiento, una multitud se convocó a la capilla Nuestra Señora de Lourdes del barrio El Progreso -que él mismo inauguró en febrero de 1982-, donde se realizó el velatorio.
Ayer por la mañana se realizó una misa en su memoria en la parroquia ofrecida por el obispo Virginio Bressanelli. También estuvo presente Marcelo Melani, quien  se desempeñó como obispo hasta noviembre pasado.
El sacerdote Ítalo nació el 29 de julio de 1929 en la localidad de Grana, provincia de Asti, Italia. Se ordenó sacerdote en 1952.
Horacio, un vecino del barrio San Lorenzo, quien esperaba la llegada del cortejo funebre en la puerta del Cementerio Central de esta ciudad, no pudo ocultar su "profunda tristeza" por la "partida de este hombre que ha hecho un gran trabajo sobre todo con las madres solteras y ni que hablar con los chicos huérfanos".  
Este hombre de 55 años destacaba lo que muchos consideran la obra emblemática emprendida por el padre Ítalo: la creación del hogar Rayito de Sol para atender a menores desamparados en el barrio El Progreso.
En tanto, Marta y Lidia recordaban el hogar que el padre Ítalo había fundado en el barrio Sapere destinado a personas en situación de vulnerabilidad. "Ha sido un hombre que ha hecho mucho por los demás, para que muchos siguieran con su vida a pesar de los sufrimientos", afirmaron. Señalaron el programa Belén para mujeres víctimas de maltrato, una de las tantas acciones que marcaron el compromiso sovial del padre Ítalo.
Guadalupe, de 8 años, llegó al cementerio junto a su abuela: "Lo quería mucho, siempre iba a la iglesia; me conocía desde que estaba en la panza de mi mamá", dijo emocionada.

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