Algunos neuquinos no pueden olvidar los convulsionados días de fines de diciembre del 2001. Quedaron grabadas las sensaciones en el cuerpo. Cada vez que escuchan rumores de saqueos , en un país donde la economía no ha logrado levantar cabeza, vuelve a recorrerlos un temor que se acrecienta.
Ricardo Lorenzo Flores, de 55 años, lleva trabajando de canillita toda una vida. Gran parte de esos 34 años lo hizo en el oeste de la ciudad. No recuerda la hora en que las corridas, las piedras y los gases lacrimógenos se desataron con más furia sobre calle Godoy , pero sí la sensación que les dejaron el 19 y 20 de diciembre de hace 20 años.
“¡Qué no pasó durante esos días! He visto de todo. Desde esta esquina de calle Belgrano y Godoy no podía creer lo que estaba pasando. Había gente que no era de la zona, que había venido vaya a saber de dónde. Pero las corridas, el temor, y los saqueos estaban a la orden del día ”, evoca Ricardo, bajo un sol pesado y con la mirada perdida en ese ayer.
Además de vender diarios, Flores es un vecino del barrio San Lorenzo Sur y reside a pocas cuadras de la esquina donde continúa trabajando. Recuerda que la mayoría de los comerciantes bajaron sus persianas, algunos se fueron y otros permanecieron en el interior de los locales para defender lo poco o mucho que tenían para vivir.
“Desde mi casa veía a la gente correr, llevarse de todo, no solamente comida. Estaba muy convulsionado el barrio ”, dice sacudiendo la cabeza como si todavía no lo pudiera creer.
Más allá de las corridas y disparos, los saqueadores arremetieron sobre la sucursal de la cadena Topsy de calle Godoy, que estaba entre Luis Antonio Alonso y Nogoyá. Derribaron una reja, entraron de forma violenta e hicieron desastres.
¿Liberado?
La atmósfera de miedo sobrevuela el ambiente entre vecinos y comerciantes de la zona cada vez que el rumor de saqueo se instala en una economía por los demás vulnerables.
María Cecilia Muñoz por entonces tenía una maderera sobre calle Godoy, a metros de calle Belgrano. “Teníamos un local con una reja en el frente que bajamos enseguida porque veíamos que se venían todos”, recuerda la mujer.
Eduardo Villareal, vecino y comerciante de la maderera, asiente a su lado. “Creo que después del mediodía empezaron las primeras corridas. Andaba mucha gente, los comerciantes de la cuadra cerramos, no podíamos salir. Ya saqueado en algunos supermercados y querían saquear más ”, se lamenta.
Muñoz señala que, así como había vecinos que cerraron y se quedaron custodiando sus locales, “otros como los que de una carnicería y verdulería saquearon también. Se robaron la cortadora de fiambre y las banquetas de Topsy”.
Entre los comerciantes reconstruyeron esos agobiantes y convulsionados días de diciembre, de los que se cumplen 20 años, y de los que aún hoy se sorprenden.
Cuando se juntaron y comenzaron a balancearse sobre el alambrado y la reja del supermercado, los dueños de la zapatería que estaba justo en la esquina de enfrente cerraron el local inmediatamente, al igual que los responsables del resto de los locales.
Recuerdan que cuando lograron derribar los obstáculos para ingresar al predio, los saqueadores empezaron a manotear las puertas. “Después que se llevaron todo de Topsy, lo incendiaron con saña”, agregan.
El panorama que había quedado en la calle y veredas era desolador: piedras, gases lacrimógenos por doquier. El supermercado había quedado saqueado, con los vidrios y el mobiliario destrozados, y con un paisaje de cenizas.
“Primero había ido a Jumbo, pero no entraron porque estaba protegido. Vinieron acá. Había diez policías, pero después, cuando vieron que iban a entrar, se fueron, lo liberaron. La bronca era por qué cuidaron a Jumbo y no a Topsy ”, se pregunta todavía Cecilia.
“Parecía una guerra”
Para Alicia Zanotti, no fue un día más. Afuera el aire estaba espeso, los gases lacrimógenos arrojados por las fuerzas de seguridad a los saqueadores afectaba por igual a propios ya extraños.
Ella, al igual que la mayoría de los vecinos, estaba encerrada en su domicilio ante el avance de grupos de personas que se amontonaban en la esquina de Belgrano y Godoy, al acecho de la sucursal de la cadena Topsy.
Zanotti había dado a luz el 20 de noviembre de 2001 a su hijo Damián. Esperó que su esposo regresara del trabajo y decidieron irse a la casa de un familiar ante semejante panorama. Delante de su casa, donde ahora posee una tienda, tenía un florido jardín.
El marido pudo ingeniárselas para entrar con su vehículo Y esquivar los gases y las balas que cruzaban la calle. “Tiraban piedras, una venía picando y me pegó en la rodilla. Mi hijo se había ido a trabajar a Cipolletti y me hacía juego de luces para que le abriera el portón porque estábamos cubiertos de policías, bala va y bala viene ”, recuerda su suegro Benjamín Vergara.
Zanotti cuenta que ese día, ni bien llegó su marido, la tuvo que llevar a la casa de una prima. “Me tuve que ir porque no se podía respirar por los gases lacrimógenos”, evoca con pesar. Su hijo, que hace poco cumplió 20 años, por entonces tenía tan sólo un mes de vida.
Mientras afuera reinaba el caos, el desorden, los saqueos y el descontrol, el resto de la familia permaneció en el domicilio. Su suegro recuerda que se quedarán encerrados las siguientes 24 horas. “Nosotros no salíamos, estuvimos dos días sin salir. Veíamos por la ventana que salían con costillares de vaca al hombro. Se llevaron todo y después prendieron fuego. Como tres días estuvo así, parecía una guerra ”, describe Vergara.
Los vecinos repudiaron la saña con la que actuaron esos grupos de saqueadores al supermercado del barrio. “Nos marcó, siempre surge el miedo cuando aparecen los rumores de saqueo”, dice su nuera.
“Fue horrible, una situación complicada de que no quisiera acordarme nunca más”, sostiene Zanotti ante el peligro, la angustia y la incertidumbre que reinaba por ese entonces.
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