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Lucía abandonó el mundo bancario y lanzó su propia marca de skincare

El boom del cuidado de la piel impulsó a una joven a lanzar su propia marca de productos, junto a su centro de estética en pleno centro de Neuquén.

Durante mucho tiempo el sueño de Lucía García Torre fue trabajar en un banco y cuando por fin lo logró se dio cuenta que ahí no era feliz. Dio vuelta la página, abrió su centro de estética en pleno centro de Neuquén y ahora lanzó Yarming, su propia marca de productos de cuidado de la piel -o skincare-, un boom que viene en alza en los últimos dos años.

El principal vínculo de la joven con el cuidado estético fue a través de su mamá, quien toda la vida fue peluquera y hace cuatro años logró poner su propio local. Pero con el paso del tiempo, la demanda por otros servicios estéticos fue incrementando y en enero del 2020 la peluquería se transformó por completo en Penny Lane, un centro con servicios como depilación definitiva, micropigmentación, perfilado y laminado de cejas, lifting de pestañas, limpieza facial, peeling, entre otros.

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Durante la pandemia de coronavirus el interés por el cuidado de la piel, no solo relativo a lo estético sino vinculado con la salud, creció exponencialmente en Argentina y el mundo, aunque Lucía advirtió que un año antes ya empezó a notar la demanda. “En tres años se incrementó un 300%”, aseguró con firmeza la mujer de 31 años. Y ejemplificó: “Antes era muy raro que alguien use protector solar, ahora es como usar ropa interior, aunque todavía falta”.

“Hace tres años vengo notando el cambio de la mujer con respecto al cuidado de la piel. Ahora está más al alcance de todos, antes era más exclusivo y elitista. Y ahora es una necesidad: la piel no deja de ser un órgano que te está protegiendo”, indicó Lucía, cosmetóloga y dermatocosmiatra.

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“No solo es una cuestión de estética sino de salud, y también las mujeres empezamos a priorizarnos. No es algo frívolo, es una conexión con vos. Hacerte la rutina o cuidarte la piel lo podés ver como algo estético, pero en realidad es conectarte con vos, con lo que necesita tu cuerpo”, describió, y aseguró que este interés incluso generó mayor acercamiento con médicos dermatólogos.

En el centro de estética Lucía puede llegar a atender a más de cien mujeres por mes y conoce, de primera mano, las historias detrás de ellas y porqué eligieron ir al lugar. “A algunas se les murió el marido, algunas se separaron, muchas que dejaron su vida de lado por cumplir el rol de mamás, mucha gente con ataques de ansiedad o problemas pospandemia que ahora se dieron cuenta que necesitan conectar con ellas mismas”, mencionó.

Del banco a su marca propia y sustentable

Lucía empezó a trabajar a los 16 años en un McDonald’s hasta que encontró su camino laboral en el mundo financiero. Trabajó en distintas empresas de tarjetas de crédito y por eso su máxima aspiración era trabajar en un banco. Y lo logró, pero a un costo impensado. “Toda la vida quise trabajar en un banco y cuando llegué a trabajar ahí, me di cuenta que era re infeliz”, admitió.

Así, revolvió entre sus pasiones de adolescente -que estaban ocultas pero no olvidadas- y se dio cuenta que el llamado rubro estético era lo que quería para su vida. En un principio empezó a ayudar a su mamá en la peluquería, pero el negocio fue creciendo rápidamente. A los dos años, el local dio un giro de 360° para dejar de lado la peluquería y en enero de 2020 abrió totalmente renovado, justo dos meses antes de la pandemia de coronavirus que paralizó por completo las actividades. Los meses de encierro estricto sobrevivió gracias a ahorros y el trabajo de su pareja.

En esos tiempos de total incertidumbre se dio cuenta que necesitaba dejar de depender de un espacio físico para trabajar y apuntar a un producto que incluso se pueda vender de forma virtual: entonces apareció el proyecto de Yarming. Lucía tenía formación en cosmética natural y se puso a estudiar química cosmética para que el producto que ella quería no quede en manos exclusivamente de los laboratorios.

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Lo que la profesional tenía claro es que debían ser productos libres de sulfatos, parabenos, derivados de petróleo, perfumes y crueldad animal. También estaba segura de que quería un packaging amigable con el medio ambiente y, en lo posible, con la mayor cantidad de materiales reciclables posible. Todo eso sin dejar de lado la ciencia, los activos químicos beneficiosos para la piel y la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

“Yo quería que todo tenga que ver con todo, porque mi ideología no es hacer cremas, yo hago compost, tengo mi huerta, trato de comer sano, soy vegetariana hace diez años. Quería algo que me representara”, aseguró, y amplió sobre sus intereses: “Desde chica estoy involucrada con el cuidado de los animales, mi casa fue un refugio y siempre fui protectora. Cuando estudié dermatocosmiatría, veía que todos los productos que utilizábamos eran testeados en animales o derivados de petróleo”.

Entre las desventajas de usar estos químicos, Lucía marcó: "La mayoría de los productos se hacen en base a vaselina o mineral oil, que lo que hacen es generarte una sensación de hidratación pero en realidad genera una película que tapa los poros. Te da una idea de falsa hidratación".

Una rutina completa

El lanzamiento oficial de Yarming fue el pasado 8 de noviembre, tanto a través del local -ubicado en Buenos Aires 297- como con un sitio web con envíos a todo el país. Los productos que ofrece son gel de limpieza, cremas diurnas, nocturnas y sérum.

Lucía hizo todo lo posible para que el packaging use el menor plástico posible y que la mayoría de los materiales sean reutilizables. Así, la mayoría de los productos son en envases de vidrio, bolsas de tela o papel reciclado e incluso tarjetas de regalo hechas con "papel plantable", es decir, con semillas de plantas.

"Yo quería reducir el consumo de plástico, de cajas que no sirven para nada. Hay envoltorios que dejan el producto hermoso pero que terminan en la basura, no quería eso", aseguró la emprendedora.

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