Luis Sapag: un apasionado investigador de sus raíces

Además de ingeniero y diputado fue un celoso recopilador de anécdotas e historias familiares.

Mario Cippitelli / cippitellim@lmneuquen.com.ar

Siempre era un placer charlar con Luis Sapag sobre la historia política neuquina. Era tanto el entusiasmo que ponía cada vez que recordaba anécdotas o encontraba documentos, que los encuentros se hacían interminables.

Te puede interesar...

Para mí, un novel entusiasta del pasado de Neuquén, era algo maravilloso y mucho más si las reuniones se hacían en su casa de la calle Belgrano.

La casona de piedra, antigua y moderna a la vez, era en realidad un museo con la historia política. Luis, sin darse cuenta (o sí) era su administrador.

En cada rincón de aquella morada había historia. Estaba en los cuadros con fotos que colgaban de la pared, en documentos y diplomas que habían sido enmarcados, en pequeños adornos ubicados en estanterías. Todo era historia.

Tuve la suerte, gracias a su generosidad, de conocer aspectos de su vida familiar. Algunos pintorescos dentro del drama, como cuando los militares llegaron a la Casa de Gobierno en la madrugada del 24 de marzo de 1976 y él los atendió en calzoncillos. No sabían que en la pequeña casa que había en el edificio ubicado en Roca y Rioja vivía Luis, junto a su mujer y su primer hijo. Vaya anécdota para una efeméride tan oscura.

También pude conocer los episodios más tristes que le tocó vivir a su familia, como el trágico destino de sus hermanos Ricardo y Enrique, asesinados durante la dictadura militar. Fue Luis el que hizo de puente para varias entrevistas que tuve con Doña Chela sobre ese pasado doloroso. “Preguntale lo que quieras, que la vieja te va a responder”, me dijo. Y tenía razón: su madre me contó todo, ya anestesiada por el paso del tiempo.

Sin dudas, Luis era un apasionado investigador. Lo demostró en la página web donde desenterró las raíces de su apellido y hasta publicó un curioso examen científico que encargó con una muestra de ADN para saber -a través de su genotipo- dónde habían nacido sus antepasados más remotos. “Somos negros blancos”, me dijo riéndose una vez que se enteró que el origen de ese clan que llegó a la Argentina proveniente del Líbano estaba, nada más ni nada menos, que en África.

Luis fue un curioso investigador, un tipo estudioso en su profesión de ingeniero, pero también fue escritor y periodista. Siempre recordaba con orgullo sus primeros pasos por el legendario diario La Opinión, de Jacobo Timerman, aunque no le gustaba desempolvar demasiado las aventuras periodísticas que alguna vez emprendió con la creación de un diario local que apenas duró unos años. Buenas y malas, como sucede en la vida.

Esta madrugada se murió en Buenos Aires, aquejado por una enfermedad que lo venía jodiendo desde hace un tiempo, a los 71 años.

Para la mayoría, se fue de este mundo como el diputado o el ingeniero Luis Sapag, o como el hijo mayor de Don Felipe.

Para mí, se retiró de la vida como testigo privilegiado de la historia reciente. Como un custodio de sus raíces y su pasado.

LEÉ MÁS

En las redes, los políticos neuquinos expresaron su dolor por la muerte de Sapag

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas


Lo Más Leído