Miles de brasileños volvieron ayer a las calles, convocados por sindicatos, organizaciones estudiantiles y movimientos sociales, para rechazar la gestión de la pandemia de coronavirus del presidente Jair Bolsonaro y reclamar su destitución, además de repudiar la corrupción y exigir una ayuda económica de emergencia y un plan de vacunación más sostenido.
Las manifestaciones, que se replicaron en 21 estados y más de 90 ciudades, tuvieron un aliciente inesperado por la decisión de anoche del Supremo Tribunal Federal, la máxima corte de Brasil, de abrir una investigación a Bolsonaro por el delito de prevaricato. Se lo acusa de haber estado al tanto de un caso de corrupción en la compra de vacunas Covaxin y no haberlo denunciado a las autoridades.
La de ayer fue la tercera jornada de manifestaciones de las últimas semanas contra el Gobierno, que viene enfrentando una presión creciente por una investigación parlamentaria sobre presuntas omisiones en su gestión de la pandemia, que ya dejó más de 500.000 muertos en Brasil. Las mayores movilizaciones fueron en Río de Janeiro, Recife, Brasilia y San Pablo, y se vieron pancartas que decían “Bolsonaro genocida”, “Impeachment ya” y “Sí a las vacunas”.
En los dos primeros meses de audiencias, la Comisión Parlamentaria de Investigación del Senado se centró en la demora para sellar acuerdos con las farmacéuticas para adquirir vacunas, mientras Bolsonaro impulsaba el uso de medicamentos ineficaces -como la hidroxicloroquina- y criticaba las medidas de distanciamiento social. Pero desde la semana pasada el testimonio de un funcionario del Ministerio de Salud cambió el foco de las investigaciones al declarar que en marzo sufrió una “presión atípica” para concretar una compra de tres millones de dosis de la vacuna india Covaxin que, a su entender, presentaba indicios de irregularidades, entre ellas un precio mucho mayor al pagado por Brasil por cualquier otro inmunizante.
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