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La Mañana Historias de vida

María Angélica Alberdi lleva en la sangre los fierros y el arte de hacer asado

Precursora del automovilismo femenino, este año participó del Concurso de Asadores en San Martín de los Andes y logró una mención especial.

Cuando el 3 de febrero, pasada la una de la tarde, sonó la campana dando comienzo a una nueva edición del Concurso de Asadores en San Martín de los Andes, María Angélica Alberdi sintió retroceder en el tiempo, más precisamente a su infancia en aquel campo bonaerense de Coronel Suárez, cuando con su madre hizo su primer asado con tan sólo 11 años. Recordó que ese día su padre trabajaba con la hacienda y las sorprendió la hora del almuerzo, por lo que decidieron prender fuego y hacer un costillar. “De afuera se veía bien doradito, pero cuando lo cortamos estaba medio crudo. Lo comimos igual”, comenta entre risas esta mujer de 66 años que desde 1968 vive en la ciudad cordillerana.

La Gorda -como le dicen desde chiquita- fue la única mujer que participó del tradicional certamen de asadores, provenientes de distintas localidades de la provincia, que tenían que asar corderos. El jurado le otorgó una de las tres menciones especiales.

“Me encanta hacer asado, es algo que llevo en la sangre”, confiesa la mujer que desde hace más de veinte años trabaja en el sector de ventas en FM de la Montaña.

Comenta que aprendió a hacer asado mirando a su padre, Arturo y a su abuelo Roberto cuando los hacían en el campo de Coronel Suárez. “Siempre los observaba cómo preparaban el fuego, cómo lo ponían en contra del viento, qué inclinación le daban”.

Ahora, cuando se reúne con amigas, nadie intenta sacarla de su lugar: la parrilla. "Prefiero la parrilla antes que hacer la ensalada. Es algo que no me gusta porque me paso con el aceite o con el vinagre, prefiero que la preparen los demás”.

Resalta que en San Martín de los Andes son muchas las mujeres asadoras “y las hay muy buenas”, agrega. “Eso de que los hombres son los únicos que pueden hacer asado es un mito. Quizás en las grandes ciudades no hay tantas mujeres que hacen asado, pero en el interior son muchas, en los campings vas a ver un montón de mujeres en la parrilla”, comenta.

Pero no sólo en la parrilla se destaca María Angélica sino también en los fierros, ya que ha sido una precursora del automovilismo femenino.

Con el mismo entusiasmo con el que describe cómo cocinar un matambre, una colita de cuadril o una bondiola de cerdo para que salga a punto “y que algo de sangre se vea”, María Angélica cuenta cómo fue la primera vez que se subió a un coche de carrera. “A mi padre lo acompañábamos en las carreras de Ford T, las de Turismo Mar y Sierras. Corría con el mismo auto que usábamos para ir al pueblo. Cuando llegamos a San Martín de los Andes en 1968, mi hermano Roberto se compró un Fiat 600 para competir en la Fórmula 850”.

Un día, a un mecánico de Cutral Co le falló el piloto para una carrera en San Martín de los Andes y Roberto le sugirió que llamara a la Gorda. Nunca había manejado un auto de carrera pero sí kartings en el campo, ya que su padre les había regalado los primeros Zanella que habían salido.

El 18 de enero de 1986 María Angélica corrió en la final del campeonato de la Fórmula 850 y así lo hizo durante cuatro años más. Luego vendría la Copa de Damas, una categoría compuesta exclusivamente por pilotos mujeres con autos Nissan Sentra 1.6 que se inició a mediados de los 90. Se consagró campeona en 1995 y cuando llegó a su ciudad, los Bomberos la pasearon en el autobomba. "Fue mi padre quien se encargó de organizar todo con los bomberos para la recepción", precisa. Y agradece que su padre la haya visto consagrarse en aquel campeonato. "Mi familia siempre fue un gran sostén", afirma.

También tuvo una destacada participación en algunas carreras del TC Neuquino y se animó al rally como piloto, acompañada de su sobrino Emilio. “Nunca había corrido con un acompañante, y llevar a alguien que te va dando ánimo e instrucciones resultó muy lindo, encima era mi sobrino", sostiene.

Con los autos sigue involucrada debido a que sus sobrinos Emilio, Mariano y Marcos corren rally. "Llevamos la pasión del automovilismo en la sangre, es como una adicción", asegura.

Dice que los hombres deben acostumbrarse a que una mujer les gane. "El orgullo machista no se los permite. Una vez que te ponés el casco, cerrás la puerta del auto y te ponés el cinturón de seguridad, ahí no hay género”, agrega esta mujer de puro coraje.

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Una victoria ante toda su familia

En el centro de la foto se puede ver a María Angélica Alberdi alzando una copa después de lograr el primer puesto en una carrera en General Roca en 1995. Se la ve exultante y emocionada ya que era la primera carrera que ganaba.

"Puedo decir que en General Roca yo era local porque por ellos empecé a correr. La Asociación Volantes de General Roca me convocó y quedé seleccionada", recuerda.

Y agrega: "Ese día estaba toda mi familia y también los ex compañeros de Chapelco donde trabajaba".

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