Más de 500 familias viven en zonas de enorme riesgo

Construyeron sus casas en cañadones o bajo líneas de alta tensión.

Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
En la ciudad hay más de 500 familias que viven sobre una bomba de tiempo. Tienen sus casas en cañadones poco firmes o bajo líneas de alta tensión, lo que implica un riesgo de vida. El Municipio relocalizó a unas diez y está analizando el resto de los casos. Estiman que la mayoría podrá quedarse donde está si se consiguen fondos para obras de seguridad.

14 años es el tiempo que llevan en peligro decenas de familias de Huertas Comunitarias y Monte Sinaí.

La Unidad de Regularización de Asentamientos, que se creó en el 2014, está trabajando con 46 tomas de la ciudad, 26 sobre terrenos municipales y otras 20 en tierras provinciales. Allí viven alrededor de 7500 familias, o sea unos 30 mil neuquinos, prácticamente una ciudad completa.

De esas familias, más de 500 tienen sus casas en zonas de riesgo, no aptas para vivir. La mayoría están sobre cañadones o al borde de una ladera. Son terrenos endebles, que pueden desmoronarse con la acción del viento y la lluvia. Algunos llevan más de 10 años en esa situación.

En un primer momento, el plan oficial para este medio millar de familias era reubicarlas. Sin embargo, eso implica que pierdan lo que construyeron con mucho esfuerzo y genera resistencia. Ante esa situación, la Unidad de Regularización resolvió buscar obras para acondicionar los terrenos y sólo hacer las mudanzas en los casos más extremos.

Lilian Zambrano es la subsecretaria municipal de Tierras y coordina el trabajo en la Unidad. Contó que, hasta ahora, sólo trasladaron a diez familias en Toma Norte 2 y zonas cercanas "siempre dentro del mismo barrio; inventamos una manzana o un lugar donde podíamos medir un terreno y que se establezcan".

Agregó que, de las familias que quedan en zonas peligrosas, la mayoría podrá regularizar su lote sin mudarse. "Hay muchísimas que están en lugares de riesgo, pero con ellos nos vemos en la obligación de hacer obras, por eso la regularización es tan cara: hacemos muros de contención, zanjas, canales, lo que sea para no tener que moverlos", explicó.

Dijo que el trabajo social en las tomas les marcó la importancia "de no afectar el lugar que ellos consideran como propio, donde han construido incluso con material". Esto obligó a los arquitectos a ser creativos y planear obras que den seguridad a terrenos inestables.

Zambrano aclaró que esas inversiones son caras, más de lo que cuesta una reubicación, pero confían hacerlas con fondos propios, al menos en las 26 tomas "municipales". No obstante, como refuerzo, "tenemos esperanzas de recibir ayuda de Nación, que ya la estamos gestionando, en principio para Toma Norte y Rincón del Valle", añadió.

Las soluciones para estas 500 familias están por ahora en papel, sin fecha para las obras. La funcionaria explicó que se avanza a medida que se puede y la meta es llegar a todos lo antes posible. El plazo dependerá de los tiempos burocráticos, que se cuentan en años.

FRASE
"Hasta ahora no nos han planteado una negativa a reubicarlos, porque es tan evidente el riesgo que agradecen tener un lote en tierra firme".
Lilian Zambrano Subsecretaria municipal de Tierras


Barda
Rocas de hasta 50 toneladas

Uno de los principales peligros a los que están expuestas muchas familias son los derrumbes, aunque es el menos evidente. Antonio Boskovic, uno de los arquitectos a cargo de la regularización de las tomas, explicó que los que se instalan sobre el cordón de las bardas suelen ignorar el riesgo que corren. Añadió que "algunos arriba tienen piedras que pesan de 20 a 50 toneladas, como dos camiones llenos, y no saben que se pueden caer".

Contó que también hay familias que entienden el peligro pero la necesidad es más fuerte, como los que viven bajo líneas de alta tensión. Agregó que lo mismo sucede en la toma Paimún, donde hay casas pegadas al muro de la planta cloacal y el nivel de exposición a las bacterias es insalubre.

"Todos están en riesgo y es difícil medir qué es más grave", remarcó.

Vivir en peligro o perder la casa, una decisión dolorosa

NEUQUÉN
Regina lleva cinco años viviendo en el cordón de la barda, en el sector Loteo Social de Toma Norte 2. Con su marido gastaron todo lo que pudieron ahorrar para levantar una casa de material. Hace un año, cuando sólo faltaba el techo, les dijeron que los tienen que reubicar porque corren peligro. El nuevo terreno está listo, pero no tienen plata para hacer una vivienda nueva y no quieren abandonar lo que tanto les costó.

"No sabía que era peligroso, con la lluvia grande no pasó nada, pero según ellos sí", explicó. Vive allí con sus dos hijos en una casilla de madera. El nuevo terreno está cruzando la calle, pero le parece una distancia enorme.

"Tirar todo y volver a construir es difícil, porque lo hicimos con esfuerzo propio y ahora nos corren, nos dan un terreno con papeles que es muy bueno, pero no reconocen el esfuerzo que tuvimos para hacer una casa", explicó.

Añadió que el invierno inminente complica aún más la mudanza. Deben levantar otra casilla de madera desde cero, volver a hacer instalaciones precarias y empezar a comprar ladrillos de nuevo.

Regina se anotó en el Registro Único Provincial de Viviendas hace años. Nunca la llamaron. Lo que gana su marido es menos de lo que sale un alquiler. En su misma situación están sus cuatro vecinos.

Todos miran sus terrenos tan deseados del otro lado de la calle y no se deciden. Con la casa casi lista a sus espaldas, Regina resume su dilema en una frase: "Estaba todo construido, sólo quedaba el techo; si hubiera sabido que esto iba a ser algo de riesgo, no iba a gastar la plata que ahora me hace falta para reubicarme".

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