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La Mañana

"Me da bronca seguir siendo condenado"

El ex subteniente Ignacio Canevaro, condenado por la muerte del soldado Omar Carrasco, ocurrida en el interior de un cuartel de Zapala en 1994, sostiene que seguirá luchando por demostrar su inocencia y que la opinión pública lo presentó como el "culpable" de los excesos de la dictadura.

Por PABLO MONTANARO

Escribió el libro "Atando clavos", en el que da su versión sobre el caso que conmocionó al país y provocó la derogación del servicio militar obligatorio.  
 
Neuquén > A casi dieciséis años del crimen del soldado Omar Carrasco, ocurrido en el Batallón Militar de Zapala, el ex subteniente Ignacio Canevaro, quien fuera condenado a quince años de cárcel por la muerte del joven oriundo de Cutral Co, sigue exclamando su inocencia. Ahora  a través de las páginas de “Atando clavos”, libro que presentó el viernes en el Colegio de Abogados de esta ciudad.
En una extensa conversación mantenida con La Mañana de Neuquén, Canevaro explicó que el libro, escrito durante sus años de prisión y concluido en el 2008, condensa “todo lo que viví y conozco sobre la muerte de Carrasco, contrario a lo que resultó ser la historia oficial del caso”. Según Canevaro es un testimonio que no busca convertirse en un alegato "en defensa de los que fuimos condenados (se refiere a los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar, quienes recuperaron su libertad en noviembre de 2000)”.
Quien en marzo de 1994 tenía a su cargo la batería “A” de soldados nuevos incorporados ese año al batallón de la ciudad de Zapala, sostuvo que fue acusado “maliciosamente por un grupo” y que aunque pagó su “supuesta deuda con la sociedad sigue luchando por demostrar que es inocente”.
 
¿Cuáles son los puntos que revela en el libro contrarios a lo que fue, según usted, la historia oficial del caso Carrasco?
Se aclaran muchas cosas porque estando en la situación de imputado y siendo acusado y atacado permanentemente por la opinión pública y por los medios que no tenían otra manera de actuar porque en realidad estaban tomando la información de una fuente equivocada que era la del Ejército. Los medios se nutrieron de lo que decía el Ejército, que con la piel de cordero disfrazó al lobo que era la Inteligencia militar, tiraban pescado podrido, los medios lo reproducían y lo potenciaban y, obviamente, la opinión pública reaccionaba. Pero la realidad era bastante distinta a la que mostraban.

¿Al sargento Mario Guardia lo mencionó como uno de los autores del asesinato?
Yo no acuso a Mario Guardia, lo único que se mostraba era la incongruencia y la flaqueza de esta historia oficial diciéndole a los jueces: qué pasaría si hay otra hipótesis que sea tan creíble como ésta a ver si la pueden desmentir. El día de la muerte de Carrasco, Guardia estaba cumpliendo un arresto de treinta días por pegarle una piña en el pecho a un soldado y ese día estuvo en el cuartel a pesar de que estaba cumpliendo una sanción. Hay un montón de "ese día" que llevan a que sea un sospechoso ideal.
 
Un soldado de apellido Huanque fue el último que vio con vida a Carrasco y dijo que estaba intentando huir del cuartel.
Cuento con lujos de detalles qué estuve haciendo durante esas horas. No puedo decir lo que le pasó a Carrasco respecto al golpe que recibió porque en realidad no lo sé. En un momento del interrogatorio el teniente coronel Gutiérrez me dijo puntualmente qué me parecía a mí la hipótesis -que como ya sabían y habían tomado declaración a los soldados- de que Carrasco había sido golpeado por tres soldados la noche anterior, que durante la madrugada él no se levanta a cumplir un servicio de imaginaria porque efectivamente se sentía mal y de hecho hay un testimonio de un soldado que lo confirma que lo va a levantar y que le dice que no  puede porque le duele la espalda. Entonces Gutiérrez dice no será que Carrasco ya estaba herido en forma interna desde la noche anterior y que al día siguiente se le agrava y por eso desaparece. Lo que sí, y no es una conjetura mía sino que es una investigación pericial refrendada por un perito oficial, el doctor Alberto Brailovsky, segundo jefe de la medicina legal de la Policía Federal, que no le cabe la menor duda de que Carrasco fue atendido clandestinamente en el sótano del Hospital Militar por personal civil y militar y que hubo un error de diagnóstico lo que derivó en su muerte. Sostiene que, más allá de quien le haya propinado el golpe, los que le provocaron la muerte fueron los que le negaron la atención especializada en un centro de mayor complejidad como puede ser el de Zapala que estaba a cinco minutos de ambulancia desde el batallón militar, donde lo podían haber curado perfectamente y de hecho fundamenta su peritación en que un neumotorax es perfectamente atendido y sobrevive sin ningún inconveniente.
 
¿Quiénes encubrieron la muerte?
El encubrimiento es gigantesco, partiendo desde los médicos civiles y militares del Hospital Militar, que menciono en mi libro y que también fueron mencionados en la pericia que efectuó Brailovsky y que están en la causa Carrasco II, que prescribe justamente porque estaba señalando como culpables a otros que la sentencia no señaló. También encubrieron el ex presidente Carlos Menem, el ministro de Defensa (Oscar Camilión), el Jefe del Ejército Martín Balza...
 
¿Qué le provoca el nombre de Balza?
Es la imagen de la impunidad.  Esto no fue producto de un error, no es que se equivocaron conmigo. No me cabe la menor duda de que tanto Menem, como Balza, como el Tribunal Oral Federal de entonces, la Cámara de Casación, la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados, el Consejo de la Magistratura, el Juzgado de Zapala y la Inteligencia militar y todo el Ejército y quienes tuvieron participación en la investigación o en la determinación de los culpables saben que Suárez, Salazar y Canevaro son inocentes.
Lo que hicieron fue tratar de evitar que se investigue para que no se descubra la verdadera historia que pasó.
 
¿Qué supone?
Había un contexto donde se estaba dando el contrabando de armas, la explosión en la fábrica militar de Río Tercero, la caída de un helicóptero del Ejército en el Campo Argentino de Polo, entre otras cosas más. Yo mismo entregué un cañón que no fue al grupo de artillería sino que apareció en Croacia. Después Balza dijo que en realidad fue engañado. Es un inútil como jefe y es un delincuente.
 
Le parece que la sociedad argentina vio en usted el reflejo de los crímenes de los militares cometidos durante los años de dictadura.
Es cierto. Un medio me caricaturizó vestido de militar y con la imagen de Heinrich Himmler (jefe de las SS y de la Gestapo) tocándome el hombro. Me señalaron como el prototipo de los militares que tenía el país. Fue una de las primeras manifestaciones que se pudieron hacer en contra de ese Ejército Argentino que había cometido excesos durante los años de la dictadura y lo dirigieron hacia mi persona. Yo era el culpable de los excesos de la dictadura, era el culpable de los excesos en el servicio militar obligatorio cuando sólo tenía dos años de recibido. No ha habido un solo testigo que haya dicho que me vieron pegarle a un soldado. Porque decirle “boludo” a un soldado no significa ser un asesino.
 
Aunque usted insista con su inocencia, siempre va a llevar el rótulo de ser el asesino de Carrasco.
Eso me da un gran sentimiento de impotencia y frustración, pero en definitiva se puede vivir con eso.  Da bronca saber que esto va a quedar así porque conviene que así quede, y que no se va a saber la verdad porque no se quiere escuchar la verdad. El libro es mi intento para que los que quieran saber algo más sobre este caso y  puedan acceder a información de primera calidad apoyada en base documental, pericial y testimonial. En el libro no hay una sola pizca de ficción. Nadie se va a animar a desmentir ni una palabra de la que está en el libro. Acá lo que conviene es no mover el avispero porque si no puede traer consecuencias no deseadas que son justamente las que se trataron de ocultar con el encubrimiento.
 
Nadie le cree que es inocente
Represento la inocencia, la historia oficial se encargó de pintarme como culpable. No creo que alguien sepa los nombres y apellidos de quienes ocasionaron la muerte de Carrasco. Más allá de esto, acá hay dos temas. El primero, quién le pegó, y el segundo, quién le provocó la muerte. Más allá de que el que le pegó no le haya provocado la muerte, y que tampoco fui yo ni los soldados que fueron condenados. Ahora hay un aporte de que los que le provocaron la muerte fueron los que lo mantuvieron clandestinamente y con error de diagnóstico. Es un secuestro seguido de tortura, porque lo chuparon en plena democracia, lo atendieron medicamente en forma errónea. Es decir que lo torturaron porque, en definitiva, no le dejaron tener la atención médica que debía tener cualquier cristiano en un hospital como se hace con cualquier persona que está herida. Carrasco es otro desaparecido de la democracia.
 
Una vez que salió en libertad, se contactó con sus ex camaradas.
Lamentablemente nadie se me acercó, es como si tuviera lepra. Traté de ver a quien en ese momento revestía como Jefe de Inteligencia, el general Miná, designado por Balza, quien fue sacado del Estado Mayor y lo mandó al cuartel de Zapala junto con unos cincuenta oficiales y suboficiales de Inteligencia para intervenir en el caso Carrasco. Lo contacté pero no quiere hablar del tema porque las cosas deben quedar como están.
 
¿Y qué supone?
Tiene relación con un contexto de irregularidad. Hubo numerosas pistas que dan para pensar, reuniones de diputados con abogados defensores que impulsaban juicio político al juez federal de Zapala, Rubén Caro, donde decían “te entregamos a Caro pero a Balza no lo toques”. Cuestiones que estuvieron a punto de darse pero que no se dieron por presiones políticas que no pude apreciar.
 
¿Alguna vez pensó contactarse con los familiares de Carrasco?
No tengo nada para decirles, nada que los pueda tranquilizar porque los preocuparía pues les diría que no duerman tranquilos porque los asesinos de su hijo están en libertad.

Escenario
Las sombras de un caso

La muerte del soldado Omar Carrasco, en el interior de un cuartel militar, desencadenó el fin del servicio militar obligatorio lo que provocó un cambio histórico en el país.
El hecho puso en evidencia la falacia de los conceptos y de los métodos esgrimidos por los militares para que los conscriptos “se conviertan en hombres”. Ese brutal suceso puso al descubierto la existencia de prácticas violentas e injustificadas dentro de las fuerzas armadas.
A pesar que el caso Carrasco finalmente se resolvió con la aplicación de las condenas al subteniente Ignacio Canevaro y a los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar, la Justicia nunca pudo avanzar sobre quienes encubrieron el asesinato del joven  que tres días antes había ingresado para cumplir con lo que se consideraba un deber cívico.
Como en aquellos oscuros y aciagos tiempos en que los padres acudían a las comisarías o dependencias militares para saber sobre el paradero de sus hijos que habían desaparecido, los padres de Omar Carrasco también fueron engañados. "Su hijo desertó", le aseguraron las autoridades del cuartel. Pero no les convenció. Un mes duró la mentira, el cadáver del joven apareció dentro del cuartel, en una zona alejada de las edificaciones, víctima de una terrible golpiza. Incluso, los médicos intervinientes, señalaron que había sido asesinado el mismo día de su desaparición.
La causa por el encubrimiento del caso Carrasco tuvo un trámite dificultoso. En 2003 fue elevada a juicio con once imputados pero jamás se realizaron las audiencias públicas, trabadas por un sinfín de recursos judiciales que favorecieron a los acusados.
Luego, la aplicación de una ley que acortaba los plazos de prescripciones votada en diciembre de 2004, fue dictado el sobreseimiento de los imputados.
Y en 2005 siete militares procesados que quedaban involucrados en la causa fueron sobreseídos por el Tribunal Oral Federal de Neuquén.
A pesar del tiempo siguen latentes demasiados interrogantes, sombras acerca de por qué la investigación judicial del encubrimiento, que involucraba a altos jefes militares, nunca pudo avanzar como la del asesinato del soldado.

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