Mejor sistema imperfecto

Siempre se dice que es un sistema imperfecto, pero el mejor para que los pueblos del mundo vivan en armonía. Es imperfecto porque no siempre se logran los objetivos para el bienestar general y porque –no siempre- se logra entender los derechos y las obligaciones que impone. Pero, más allá de las críticas, la democracia como sistema de gobierno cobra mucha más importancia y adquiere mayor valor cuando se recuerda lo frágil que puede llegar a ser si entre todos no se la defiende, o la alegría que despierta ingresar a este mecanismo cuando durante varios años estuvo prohibido.

Precisamente ayer se cumplieron 35 años de que Felipe Sapag se hiciera cargo de la gobernación de Neuquén después de haber triunfado en las históricas elecciones de 1983, con el regreso de la democracia, tras siete años de dictadura militar. Horacio Forni, su compañero de fórmula, hizo lo propio en la Legislatura.

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Desde que Neuquén se convirtió en provincia, el que comenzó en 1983 fue el cuarto período constitucional.

Fue un empezar de cero. A recordar cómo era gobernar dentro de una estructura elegida por el pueblo, con una plataforma electoral como carta de presentación con una institución capaz de legislar a través de sus representantes.

Para quienes no vivieron aquella época, esto parece una obviedad. Pero vale la pena recordar la alegría de la gente que ganó las calles masivamente durante los comicios que se celebraron dos meses antes y de la emoción contagiosa que significó el hecho que asumiera un gobierno constitucional (en Neuquén fue el cuarto desde la provincialización) para valorar el significado de vivir en libertad.

Errores e injusticias tiene muchos, pero hasta el momento no se ha probado otro mejor sistema de convivencia. La democracia es así: linda e impefecta. A defenderla siempre.

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