Menos bronce en la historia
Está demostrado que a José de San Martín será difícil retirarle el bronce y todas las ornamentaciones y discursos grandilocuentes que se hicieron (y aún se hacen) de él a lo largo de la historia.
El sábado se cumplieron 245 años de su natalicio y la fecha pasó como si nada, con interés de efeméride para los medios de comunicación, con recordatorios de compromiso de algunos dirigentes políticos y no mucho más que eso, como igual sucede cada 17 de agosto con el aniversario de su muerte, aunque en esta fecha parece cobrar más importancia para todos simplemente porque es feriado.
San Martín parece estar condenado a un bronce eterno que él seguramente no hubiese querido. Hubiera sido más valioso mostrarlo como era en realidad: un hombre común, con defectos, a veces injusto, malhablado cuando se enojaba, pero con una valentía, una entrega y una visión de estadista como pocos políticos tuvieron en la historia.
El periodista Jorge Fernández Díaz fue uno de los que rompieron los moldes académicos y lo resucitó en el libro “La logia de Cádiz”. En este texto no solo humaniza al militar, sino que además relata todas las batallas y cruzadas que realizó con un atrapante guión al mejor estilo de las miniseries documentales (ningún alumno se aburriría con su historia) y muestra los valores y la disciplina que impuso y transmitió como lo que era: un tipo simple que entendía el verdadero sentido de la palabra “Patria” y el de la “justicia social” de la que ya se hablaba en esa época.
En tiempos de crisis y decadencia como los que se viven debería ser necesario redescubrir a aquel San Martín de carne y hueso y repasar sus pensamientos. Y que el bronce quede como bronce. Tanto metal no sirve más que para hacer placas y monumentos.
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