Merino: "Lo que vivimos fue una película de terror"

El cuñado del doble femicida Muñoz fue absuelto por encubrimiento.

POR GUILLERMO ELIA / policiales@lmneuquen.com.ar

Cuando el juez Eulogio Nazareno determinó la absolución, Onofre Merino y su familia festejaron el fin de una pesadilla que se extendió nueve meses, en los que estuvo sospechado y detenido porque para la fiscalía y la Policía había prestado ayuda a su cuñado, Lorenzo Muñoz, para que permaneciera prófugo tras asesinar a Karina y a Valentina Apablaza.

“Con mi familia nos emocionamos mucho y lloramos porque al fin se hizo justicia. Yo era consciente de que no había hecho nada ni había ayudado a Muñoz, por eso estaba tranquilo”, confió Onofre Merino en diálogo con LU5.

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Los apremios delante del fiscal

El doble femicidio ocurrió el 22 de febrero, y la noche del 2 de marzo la Policía irrumpió en la casa de Merino y lo detuvo, empleando métodos por fuera de la ley.

“Sabía que la policía andaba buscando a Muñoz y nos imaginamos que nos iban a allanar, pero nunca me esperé la detención. Llegaron ese día a las 21:30 y fue todo como una película de terror porque nos esposaron, nos sacaron a la calle, nos patearon, nos amenazaron con matar a la familia, violar a las hijas y prender fuego la casa. Si yo hubiese sabido algo se lo decía, pero no sabíamos nada de Muñoz”, detalló Merino.

La golpiza, que incluso denunció durante el juicio, dio origen a una causa que deberá impulsar la fiscalía por apremios ilegales.

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“Esto me lo decían policías encapuchados mientras el fiscal Videla, al que yo conocía, pasaba como si nada por al lado nuestro”, recordó el hombre, que padeció este maltrato junto a Daniel Merino, primo del femicida.

Merino dejó en claro su relación con Muñoz: “No éramos amigos pero tampoco enemigos. Nos juntábamos cuatro veces al año a comer asado, pero no era que nos visitábamos en las casas todos los fines de semana”.

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Respecto de la sangre y los cuchillos encontrados en su camioneta Hilux, que fue secuestrada y que el martes recuperará, el cuñado de Muñoz explicó: “Siempre que nos vamos para el puesto llevo cuchillo para carnear y comer un asado. La sangre que encontraron puede ser de un chivo, de mi hijo que hace un año sufrió una herida y lo cargué en la camioneta, o mía de unos meses porque me corté cuando se me explotó una botella”. De estos elementos, la fiscalía no presentó ninguno en juicio.

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--> No hubo ni una prueba, sólo fueron conjeturas

En su fallo, el juez Eulogio Nazareno explicó que “en un juicio cada uno trata de imponer su teoría. La fiscalía dijo que los perros marcaron armas, municiones y dinero, y no hay prueba científica que avale que todo eso, tampoco hay huellas, ni ADN, ni ninguna otra prueba”.

“Hubo 21 líneas de teléfono intervenidas, pero como no obtuvieron nada, pensaron que Muñoz había tirado el teléfono. Es decir, no había ninguna sospecha de comunicación de Muñoz con Merino ni con otros familiares, según surge del informe de la línea de teléfono de Muñoz que después del hecho no hizo ningún llamado”, aclaró el magistrado.

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“La única vinculación entre Merino y Muñoz es que eran cuñados. No se demostró relación de amistad entre ellos”, dijo el juez.

“La tesis de la fiscalía (el encubrimiento) no tiene sustento en pruebas, se basa en conjeturas, rastros y elementos que fueron encontrando en los rastrillajes y que no tienen relación con Merino. El encubrimiento no se encuentra acreditado, por lo que se debe absolver a Merino”, concluyó.

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