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Mosaiquismo: Nilda y el secreto de hacer arte con azulejos

Nilda Zamudio tiene un taller en Plottier donde enseña el ABC de esta disciplina cada vez más en auge. Las técnicas y materiales ofrecen posibilidades infinitas para la imaginación.

Como en dos carriles, los dos oficios de Nilda Zamudio avanzaban a la par. A su trabajo diario como técnica en Administración de Empresas le sumaba una pasión por el mosaiquismo, que hoy se convirtió en su principal actividad a través de un taller con más de 35 alumnas de distintos puntos del Alto Valle.

Nilda siempre fue amante de las expresiones artísticas. Le gustaba usar las manos para todo, incluso cuando el arte del mosaico aún era rareza. Probó varias disciplinas en su niñez, como la pintura sobre tela, las acuarelas y la cerámica. Pero fue un taller de mosaiquismo lo que la motivó a convertir su hobby en una actividad rentable a largo plazo.

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A través de un taller intensivo, la mujer de 50 años aprovechó los descansos de su trabajo para cursar la carrera una vez por mes. Hace cuatro años, se convirtió en profesora de esta actividad y montó un taller para inculcar la misma pasión en sus alumnas.

Estudiar en Liberarte, su taller, es una experiencia distinta. En un salón con ventanales que dan al jardín de su chacra de Plottier, Nilda invita a las estudiantes a sumergirse entre azulejos, piedras y espejos para animarse a crear en un proceso que se extiende por semanas o meses.

“Los trabajos llevan mucho tiempo, por eso es recomendable para tratar la ansiedad”, detalló la profesora. Una pieza sencilla puede demorar cuatro clases, incluso cuando los encuentros duran tres horas. “Hacer un banco para el patio, por ejemplo, puede llevar más de dos meses”, afirma.

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Para muchas de sus estudiantes, las tres horas de taller son un encuentro con el silencio. Pasan horas ensimismadas en las piezas y se dejan llevar por su propia artesanía. Elegir un dibujo, plasmarlo sobre el objeto y comenzar a decorarlo con trocitos de azulejo les insume toda su atención, por lo que el tiempo comienza a volar en la chacra de Plottier.

Las opciones del mosaiquismo parecen no agotarse nunca. Algunas se inclinan por objetos prácticos para decorar algún ambiente de su casa, mientras que otras prefieren hacer murales más artísticos para darle vida a una pared. “Yo tengo un gusto más artístico, con figuras abstractas, pero dentro del taller acepto las ideas de todas”, explicó la artesana.

Los materiales también empujan un viaje creativo. “Además del azulejo, que es la base, se pueden incluir piedras que encontramos en el río, alambres, espejos, botones; muchas veces encontramos un elemento y a partir de ahí empezamos a crear”, dijo Nilda y agregó: “Aunque hagan elementos básicos como un portamangueras, yo trato de que incluyan algún elemento poco convencional que sea acorde con el diseño”.

Si bien el mosaiquismo creció con rapidez en los últimos años, lo cierto es que se trata de una actividad aún incipiente. Por eso, y ante la falta de disponibilidad de materiales para crear, Nilda se dedica a seleccionar elementos y distribuirlos entre sus alumnas.

En el taller, usan herramientas especiales para cortar los azulejos. Hay piezas que se cementan y otras que se pegan con siliconas. Todas se pastinan para darles un acabado prolijo y evitar que se despeguen. “Hay estilos más rústicos, pero yo insisto mucho con la prolijidad y las terminaciones, pero las dos opciones están bien, es sólo cuestión de gustos”, dijo Nilda.

Iniciarse en esta práctica implica abrir la puerta de un universo de opciones, con antiguas técnicas que se combinan para crear nuevas maneras de crear. Al tradicional estilo venenciano, con las famosas venecitas que hoy decoran las piscinas, se suman estilos que usan el mármol como materia prima, y otros más innovadores que se mezcla con la vitrofusión.

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Por sus alcances terapéuticos, muchas alumnas se inclinaron hacia esta disciplina en un contexto de pandemia. Nilda se adaptó a los nuevos hábitos a través de talleres online. “Yo les daba los materiales y nos conectábamos por dos horas a través de una plataforma, tuve que reducir las clases porque sé que todos tienen muchas conexiones por día y están cansados de las videollamadas”, relató.

“La gran mayoría de mis alumnas son mujeres, a veces doy seminarios intensivos y se anotan hombres, pero son muy pocos. Me gusta que se sumen ellos porque aportan una mirada diferente”, dijo Nilda y agregó que tiene muchas alumnas que son docentes jubiladas que buscan un pasatiempo para suplir su rutina laboral, pero también recibe a profesionales más jóvenes que buscan reducir el estrés a través del mosaico. “Vienen alumnas hasta de Fernández Oro”, aclaró.

Desde que reabrió su espacio para las clases presenciales, tuvo que limitar la cantidad de estudiantes para respetar los protocolos, por lo que muchas alumnas quedaron en lista de espera. “Hay algunas que comenzaron conmigo cuando empecé el taller, hace cuatro años, y todavía siguen porque me dicen que este espacio es su cable a tierra”, explicó.

Ahora, Nilda se propone expandir sus habilidades más allá de su taller, y sueña con la posibilidad decorar el centro de Plottier con maceteros llenos de mosaicos, o hacer murales para entidades benéficas. Su objetivo final es ampliar el alcance de su expresión artística por fuera de su chacra e incentivar a más personas a interesarse por la disciplina, que ya creó una verdadera comunidad de la región.

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Orgullosa, la profesora explica que algunas de sus estudiantes ya lograron hacer piezas más profesionales que pusieron a la venta. "No hay nadie que pueda vivir de eso, pero pueden generar una fuente adicional de ingresos gracias a este hobby que, además, les funciona como un cable a tierra”, detalló.

Un mandala, una flor o un diseño abstracto insumen muchas horas de dedicación. Desde pensar el dibujo hasta pegar el último trocito de azulejo, las alumnas llenan sus horas con una actividad que las conecta con su propio centro. Sin más preocupaciones que seguir un diseño armónico, se sumergen en la creatividad del mosaico para crear piezas únicas, que cambian la cara de cualquier ambiente.

Antes desconocido, el mosaiquismo fue ganando tantos adeptos que la carrera de profesorado ya está como una opción fija en Neuquén. Y Nilda asegura que cada vez se ven más expresiones de esta técnica en distintos puntos de la ciudad, gracias a la aparición de nuevos fanáticos de la disciplina, que explotan nuevas formas creativas a través de los azulejos.

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