Cristian González Aceña desestimó una propuesta que superaba en más de 18 veces el valor original de su tierra para proteger su producción agroecológica.
El agricultor Cristian González Aceña rechazó una oferta de 700 mil euros por el terreno en España donde montó su proyecto agroecológico La Huerta de Abril, una cifra que superaba en más de 18 veces la inversión inicial de la tierra.
“Me han ofrecido 700 mil euros y les he dicho que no. Me lo quería comprar un amigo para hacer eventos”, confirmó durante un recorrido de trabajo grabado por el creador de contenido Goly, quien publicó la entrevista en su canal de YouTube.
La negativa no respondió solo al objetivo comercial de sostener la distribución de sus hortalizas a restaurantes galardonados con estrellas Michelin, sino también al valor emotivo del emprendimiento.
“Lo que hago es para dejar un legado a mi familia y a la humanidad. Me gustaría que mis hijas cogieran el relevo… es necesario que haya gente manteniendo colecciones de semillas”, manifestó González Aceña sobre el espacio cuya descripción oficial define como “una Huerta pensada para que el mundo sea un lugar mejor” y dedicada a sus hijas Abril y Vega, a su compañera Sara y al resto de su familia.
Ubicado a 1.300 metros de altitud en la localidad de Bustarviejo, en la Sierra del Guadarrama, el emprendimiento requirió un desembolso inicial de 38 mil euros para la adquisición de una hectárea.
A ese monto se sumaron 18 mil euros en vallas, 20 mil euros para preparar una pérgola de venta directa, 7 mil euros para un aljibe y entre 4 mil y 5 mil euros invertidos en semillas y plantas durante el último año.
“Te tiene que gustar”: el trabajo en la huerta no es para cualquiera
La finca cuenta con un equipo de siete personas que cultiva 80 variedades de verduras sin utilizar agroquímicos. “Te tiene que gustar estar al aire libre y con las plantas, sino estás jodido porque es un trabajo físico”, explicó Cristian sobre la exigencia diaria.
La recolección se realiza al amanecer con la temperatura mínima del día porque, si se recoge con calor, la verdura se echa a perder. En invierno, el inicio de las tareas a veces suele demorarse debido a que los alimentos se congelan sobre el terreno.
El catálogo de producción abarca frutillas, tomates, zanahorias, lechugas, cebollas y zapallos, y la comercialización se distribuye entre la venta directa y el suministro a la gastronomía de elite.
Sobre la recepción del público, el agricultor destacó: “Hay clientes que vienen por primera vez y prueban, por ejemplo, un tomate, y te dicen que es el mejor tomate que comieron en su vida”.
La llegada a la alta cocina y la relación con la estrella Michelin
La alianza con la alta cocina incluyó, por caso, la provisión al restaurante Pabu de Madrid, logro que el productor vivió con singular entusiasmo.
“Nunca había visto los premios Michelin hasta que empezamos a trabajar con ‘Pabu’ que para mí era muy importante que le dieran la estrella. Y ahí estaba como si fuera la final de la Champions. Cuando se la dieron lo celebré como un Mundial, te lo juro”, aseguró.
“Es un orgullo y una suerte. Hay un reconocimiento a nuestro trabajo, que el producto que hacemos está valorado”, destacó.
Los cuidados que conlleva el trabajo diario en la huerta
La sanidad de los cultivos en La Huerta de Abril se sostiene mediante el aprovechamiento de la biodiversidad vegetal como barrera defensiva: cuanto mayor variedad, menor chance de que una plaga le arruine toda la cosecha.
La finca cuenta con plantas que atraen insectos para mantener los productos a salvo de manera natural, sumado a otros factores ambientales que benefician la ausencia de plagas.
Además, el esquema de riego se abastece mediante un pozo de agua subterránea que alimenta dos piletas de almacenamiento situadas en el predio. La piscina principal posee una capacidad de 110 mil litros y alberga peces en su interior para el mantenimiento del ecosistema hídrico, mientras que una segunda pileta de 2.500 litros se utiliza exclusivamente para la elaboración de los abonos orgánicos que preparan.
“Si tocás el agua, que viene de un pozo, sale congelada”, indicó el dueño respecto al recurso hídrico del lugar.
El incremento gradual en el rendimiento de la finca se debe a la incorporación constante de materia orgánica en el suelo en momentos estratégicos del año.
“La finca cada vez produce más y de más calidad que cuando empezamos. Y ese trabajo ha sido gracias a añadirle diferentes tipos de materia orgánica en diferentes momentos del año”, afirmó el fundador al explicar una de las claves operativas del proyecto.
Los momentos críticos que atravesó la huerta
La estabilidad económica del proyecto enfrentó situaciones límite a raíz de dos granizadas severas que pusieron en riesgo su continuidad. “Tuvimos que vender futuros para la siguiente campaña, experiencias en la finca y cestas para no perder la finca. La gente respondió muy bien, pero tuvimos un momento crítico”, recordó Cristian sobre la emergencia.
Frente a las pérdidas registradas, se lanzó la campaña de financiación colectiva denominada "Asegura una cosecha infinita", mediante la cual se vendieron de forma anticipada cestas de productos, cosechas futuras y experiencias en la finca para garantizar el funcionamiento del lugar.
La zona de Bustarviejo, nombre que significa antigua dehesa de bueyes, cuenta con una tradición agrícola y ganadera vinculada a la Cañada Real Segoviana desde el año 1000.
Para 1930, la localidad y el vecino municipio de Valdemanco registraban volúmenes anuales de producción de 2 millones de kilos de papas, peras y manzanas, 500 mil kilos de judías y más de 250 mil kilos de fresones, según informa el sitio web oficial de la huerta.
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