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La Mañana FBI

La insólita historia del diplomático de EE.UU. que espió para Cuba durante cuatro décadas

Manuel Rocha fue embajador de Washington en Argentina y en Bolivia. Lo arrestó el FBI en un sofisticado operativo.

Como en las viejas películas de la Guerra Fría, el FBI arrestó el fin de semana pasado a un diplomático de carrera estadounidense que espió para Cuba durante cuatro décadas, dos de ellas en puestos claves que le permitieron acceder a carpetas confidencial.

Manuel Rocha, de 73 años, se las ingenió todo ese tiempo para abastecer de información a los servicios cubanos, sin levantar sospechas en la contrainteligencia norteamericana.

El Departamento de Justicia estadounidense admitió que se trató de una de las infiltraciones de mayor alcance y más duraderas de un agente extranjero en el gobierno de ese país.

Diplomático de carrera

Es conocido en nuestro país porque sirvió como embajador de Estados Unidos en Buenos Aires entre 1997 y 1999. Luego ejerció el mismo cargo en la vecina Bolivia y en República Dominicana. También estuvo en la sección de Intereses de EE.UU. en La Habana.

Los documentos presentados en la causa judicial que se le inició en un tribunal federal de Miami, revelan que Rocha participó en “actividades clandestinas” en nombre de Cuba desde al menos 1981.

"Alegamos que durante más de 40 años, Víctor Manuel Rocha sirvió como agente del gobierno cubano y buscó y obtuvo puestos dentro del gobierno de los Estados Unidos que le proporcionarían acceso a información no pública y la capacidad de afectar la política exterior de los Estados Unidos", afirmó el fiscal general Merrick Garland.

Cuba siempre tuvo un servicio de Inteligencia muy sofisticado, que manejó a través de la Dirección General de Inteligencia (DI o G2), con “topos” en distintos lugares. Este es uno de los más llamativos por el tiempo que permaneció en la clandestinidad.

Rocha trabajó para el Departamento de Estado de 1981 a 2002 y sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca de 1994 a 1995. También fue asesor del Comandante del Comando Sur del ejército estadounidense desde aproximadamente 2006 hasta 2012.

Todos puestos que le permitían acceder a datos e información considerada confidencial por las autoridades estadounidenses.

Un agente del FBI, pieza clave

En el último tiempo, en virtud de las operaciones especiales de países rivales, Estados Unidos intensificó la represión penal de las actividades ilícitas de grupos de presión extranjeros en suelo estadounidense. Rocha cayó en uno de estos operativos.

Tras recibir pistas sobre la actividad de Rocha, un agente del FBI, según cuenta la cadena estadounidense CNN, inició el operativo en noviembre del año pasado.

El efectivo encubierto se hizo pasar por un agente de inteligencia cubana y contactó a Rocha en Miami, mediante mensaje por WhatsApp.

Su nombre falso era “Miguel”, y le dijo que quería hablar con él porque tenía un mensaje de “sus amigos en La Habana” sobre un “asunto delicado”.

Al principio Rocha se hizo el desentendido. Le respondió: “No lo entiendo, pero puede llamarme”. Una vez hecho el contacto, aceptó reunirse. Luego hubo varios encuentros más.

Un operativo lento y minucioso

Los documentos presentados en el tribunal de Miami explican que en esas reuniones el hombre del FBI pudo establecer un vínculo más estrecho con Rocha, quien fue brindando datos sobre la tarea clandestina que estaba realizando en Estados Unidos.

Cuando asistía a los encuentros, Rocha tomaba precauciones como le habían enseñado en el G2 cubano. Iba por un camino indirecto, más largo, parándose en distintos lugares para ver si lo seguían.

En una de las conversaciones, Rocha le explicó que la agencia de inteligencia cubana le había pedido que “llevara una vida normal”, y por lo tanto había “creado la leyenda –imagen hacia afuera- de una persona de derecha”.

Rocha estaba orgulloso de la tarea que había realizado, y no tuvo problemas en contarle algunos detalles, que fueron grabados por el agente del FBI. Por ejemplo, le dijo que logró infiltrarse “poco a poco” en el gobierno estadounidense.

"Sabía exactamente cómo hacerlo y obviamente la Dirección (la agencia de inteligencia de Cuba) me acompañó. Fue un proceso largo y no fue fácil”, apuntó..

En otro párrafo de los documentos exhibidos en el tribunal destacan que Rocha “defendía” a Cuba y cuestionaba a Estados Unidos. “Siempre me dije a mí mismo que lo único que puede poner en peligro todo lo que hemos hecho es la traición de alguien, alguien que puede haberme conocido, alguien que puede haber sabido algo en algún momento”, afirmó, de acuerdo a una grabación de la reunión citada en documentos judiciales.

En esa línea, el ex diplomático remarcó: “Mi preocupación número uno, mi prioridad número uno era prevenir cualquier acción por parte de Washington que pusiera en peligro la vida de los dirigentes o la propia revolución”.

Los textos citados por medios estadounidenses indican que Rocha también se jactó de los años de trabajo en favor del gobierno cubano, algo que “fortaleció la revolución”.

Rocha es colombiano, pero su familia se trasladó a Nueva York cuando era chico. Allí cursó estudios en las universidades de Yale, Harvard y Georgetown.

En 1978 se naturalizó estadounidense y comenzó su carrera diplomática en 1981.

No se sabe cuándo lo contactaron los servicios cubanos. Pero lo cierto es que ahora enfrenta una condena larga por espionaje.

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