El escritor, guionista y director de cine chileno Luis Sepúlveda murió hoy a los 70 años como producto de las complicaciones del coronavirus. Estaba internado desde fines de febrero en el Hospital Universitario Central de Asturias, España, donde vivía desde hacía 23 años. Fue ingresado por una neumonía a un centro privado luego de su viaje a Portugal donde había participado de un festival literario. Allí el test de Covid-19 le dio positivo y fue trasladado al hospital siendo el primer caso diagnosticado en Asturias. Desde el hospital informaron que Sepúlveda estuvo la mayor parte de su internación conectado a un respirador en la Unidad de Cuidados Intensivos. Su estado de salud se fue deteriorando en las últimas semanas al no responder a los tratamientos ni a la medicación.
La editorial Tusquets, sello en el cual este escritor nacido en la ciudad chilena de Ovalle en 1949 publicaba, señaló que Sepúlveda “recorrió desde muy joven casi todos los territorios posibles de la geografía y las utopías, y de esa vida inquieta supo dar cuenta, como dotadísimo narrador de historias, en apasionantes relatos y novelas”.
Atraído por las historias de viajes, de piratas y bandidos, las leyendas, los personajes perdedores o luchadores contra el sistema político y económico, su obra literaria alcanzó gran notoriedad desde 1988 cuando Sepúlveda irrumpió con la publicación de “El viejo que leía novelas de amor”. Alguien escribió que el escritor tuvo mil vidas, todas cruzadas de un aire de leyenda y que por ello definió a su propia vida como “la biografía de un fugitivo”. Las historias de piratas y bandidos, las épicas revolucionarias y los relatos de exploradores estimulaban su imaginación. Esas narrativas inspiraron su obra y le otorgaron un sentido a su propia vida.
Entre sus novelas se destacan "Mundo del fin del mundo", "Nombre de torero", "Patagonia Express", "Historia de una gaviota y del gato que la enseñó a volar", " La rosa de Atacama" y "Fin de siglo". Además recibió importantes premios literarios como el de poesía Gabriela Mistral en 1976; el Rómulo Gallegos en 1978, el Premio Ovidio concedido en 1998 en Italia por "La última frontera".
Ese estilo de vida marcó su inspiración que volcó en libros que nadie debería dejar de leer porque su experiencia en la selva amazónica le generó la escritura de “El viejo que leía novelas de amor” en el que narra la historia de Antonio José Bolívar Proaño, un indígena shuar que decide enfrentarse a la vejez y pasar las solitarias noches amazónicas leyendo las novelas de amor que dos veces al año le lleva un dentista. Su viaje en un barco ballenero fue la base de “Mundo del fin del mundo” y su visita a Tierra del Fuego tras los pasos de Francisco Coloane lo llevó a escribir “Patagonia Express”. Afirmaba que "un escritor siempre está con sus fantasmas y, cuando comienza a escribir, estos, por supuesto, salen a la luz, para bien y para mal”.
Aferrado a los sueños revolucionario de los ’70, fue detenido durante el golpe de Estado del general Augusto Pinochet y debió exiliarse, pasó por Buenos Aires, Uruguay, Brasil, Paraguay y Perú y finalmente recaló en Ecuador donde conoció a los shuar, un pueblo indígena en plena selva amazónica y participó en la Revolución Sandinista en Nicaragua que derrocó al dictador Anastasio Somoza. Luego se trasladó a Hamburgo, Alemania donde se empezó a interesar por el ecologismo, se embarcó en una de las naves de Greenpeace para luchar contra la caza de ballenas. A mediados de los años ’90 se instaló en Asturias, España, junto a su mujer, la poeta Carmen Yáñez.
Admirador del ex presidente socialista Salvador Allende y en su obra también aparecen las heridas de ese pasado sangriento, las violaciones a los derechos humanos.
En los últimos años también dedicó su mirada al movimiento de mujeres y en uno de sus últimos artículos publicados, titulado “Mujeres de mi generación”, escribió “fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia. Porque las Mujeres de mi generación sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras”.
También no dejó de pasar su pensamiento sobre el estallido social en su país. “La paz del oasis chileno estalló porque las grandes mayorías empezaron a decir no a la precariedad y se lanzaron a la reconquista de los derechos perdidos. No hay rebelión más justa y democrática que la de estos días en Chile. Reclaman el derecho a estar presentes y a ser sujetos activos del desarrollo del país”.
Hace unos años, en una entrevista en un diario chileno, Sepúlveda afirmó que "si pudiera regresar a 1970, con la sagacidad y experiencia que he adquirido, algunas cosas las haría de manera diferente, sería menos dogmático y sectario, pero de lo fundamental de lo que intentamos, que fue transformar este país para bien, hacerlo más justo, más solidario, más digno, no hay lugar para arrepentirse de eso”.
En su cuenta de Twitter la escritora española Rosa Montero escribió: "Ha muerto el genial Luis Sepúlveda. Lucho, amigo y gran escritor, vencido por este mal bicho. Era tan vital y superlativo en todo que aún no me lo puedo creer. Todo mi amor a su mujer, la poeta Carmen Yañez, y a sus hijos. Leed Un viejo que leía novelas de amor, es maravilloso".
TAGS
- escritor
- Chile
- coronavirus


