El clima en Neuquén

icon
12° Temp
40% Hum
La Mañana Comercio

Museo escondido: el abuelo que llenó de historia su comercio 

Hace 39 años que tiene su local y atesora una parte de la historia de la ciudad. Tiene patentes de Neuquén antiguas y una colección de autos que cautiva.

Entrás a la casa de repuestos MAM y las computadoras con pantallas de plasma desentonan, parecen de otra época. A mano izquierda, una vitrina con cartas escritas a mano, ceniceros de película y portarretratos con fotos en blanco y negro. El barbijo apacigua el olfato, pero todo parecería indicar que el olor a encierro inunda el salón. De frente a la puerta de ingreso y detrás de un mostrador que atraviesa todo el comercio, está Miguel Ángel Magnalardo (75), que hace casi 40 años ocupa el mismo lugar. A su espalda, como una forma de medallas, cuelgan patentes neuquinas que van desde la década del 30 al 70. A mano derecha del salón, detrás de un par de cajas y en el ventanal que da a la calle Planas, una colección de un centenar de autos pequeños que atrae a las tres generaciones de clientes que van a comprarle repuestos para los vehículos Renault o Peugeot.

Por un momento, MAM se convirtió en la casa de alguna abuela que atesora en los objetivos materiales lo que a veces la memoria no puede retener. Aunque todo se vuelve rutina cuando un hombre con un ambo azul marino y tapaboca ingresa al comercio a comprar un repuesto particular para su auto del siglo pasado. Pero hay un problema: no sabe bien cuál necesita.

Te puede interesar...

Miguel Ángel busca entre decenas de catálogos el auto del cliente. Cambia las páginas hasta que llega a la imagen del sistema de calefacción del vehículo. El cliente señala cuál es la pieza que está buscando y Miguel Ángel grita un número. El repuesto aparece y asegura: “Qué pena que no sigan sacando estos catálogos para los autos nuevos. Ahora es todo por computadora que me cuesta un poco, pero me voy amigando”.

Miguel Angel Magnalardo (9).jpg

Este 11 de marzo el comercio cumplirá 40 años. Es el mismo día que el cumpleaños de su esposa de oro, que en 1982 tuvieron un “festejo distinto”. Miguel Ángel desde los 11 años se dedica a vender repuestos y durante los primeros años de la década del 80 comenzó con esta idea de abrir un comercio. Esperó, coincidió y el cumpleaños de ella se festejó a lo grande con “un hijo como este”.

Al cabo de dos semanas de haber inaugurado, Miguel Ángel caminó por la calle Roca y pasó por una boutique que ya no existe. En el mostrador de madera tenía una patente de la Provincia de Neuquén de 1967. “Che, ¿no la podés vender?”, le preguntó a la encargada de la tienda. Dinero de por medio y hasta ese momento él no lo sabía, pero ese sería el primer elemento de un museo que, después de 39 años, atesora la historia de su familia y de toda una ciudad.

Miguel Angel Magnalardo (6).jpg

El museo con orgullo

Si Miguel Ángel tuviera la edad de su nieto, diría que el museo “pintó”. Con la primera patente colgada, los distintos clientes fueron halagandola y él fue alimentando esa pared con algunos recuerdos más. Nada estuvo organizado, pero cuando se quiso dar cuenta estaba rodeado de la historia de Neuquén.

Las patentes que llegaron fueron unas de Plaza Huincul otras de Plottier, pero a él le gustan las de la capital. “Yo no nací acá, pero me siento recontra neuquino”, repitió más de una vez, dejando atrás su nacimiento en Bahía Blanca y su paso por General Roca.

Durante la década del 90 y la primera del 2000, las paredes del comercio se fueron tapando, los repuestos empezaron a quedar más atrás, y los hijos de Miguel Ángel hicieron su aporte. La colección de autos que su padre le había regalado y estaban en perfectas condiciones, fue a estacionarse en la vidriera.

Ordenados por colores, modelos y tamaño, hay desde un Ford T hasta un Lamborghini. Si bien hubo también contribución de los clientes, en la actualidad hay más de 100 réplicas.

Miguel Angel Magnalardo (2).jpg

La familia se fue agrandando y muchos objetos tomaron un valor significativo para Miguel Ángel. Los espacios se achicaban y trajo una vitrina para poder mostrar y a la vez cuidar sus reliquias. Ahí, en esos estantes de vidrio que están a la izquierda del salón, guarda sus propias memorias y alguna donación. Tiene mucho valor porque atesora los regalos de su familiares, como un pequeño post azul, que con una lapicera y un trazo medio desprolijo dice: “Te amo abuelo”.

El otro día un cliente llegó y me dijo que tenía algo para mí”, recordó entre risas y debió advertirle que si era para el museo no tenía que ser muy grande. “Por suerte era algo pequeño y está ahí”, dijo y señaló a la vitrina, sin especificar si era el encendedor, un llavero o alguna de las cartas que había.

MAM Video 1.mp4

La historia frente a la tecnología

Solía tener una virtud: conocer los códigos de todos y cada una de las 20 mil piezas que vendía en su comercio. Trabajar con papel y lapicera, le dio una memoria que permitía saber los cincos, seis y hasta doce dígitos de los productos. Hoy la computadora suplió ese trabajo manual, pero en su cabeza continúan esos números intactos.

“Los productos nuevos me cuesta más”, se atajó y apuntó que los dos empleados que tienen son más rápidos para los nuevos productos. Desde su computadora maneja los ingresos y egresos que tiene, carga las facturas y habla con proveedores.

Si bien asegura que le cuesta, la sabe manejar aunque ya no está para aprender esas cosas. “Para eso tengo dos chicos que me acompañan y saben de esto”, dijo.

MAM Video 2.mp4

Los clientes de tres generaciones

Una de las claves para que este museo se siga alimentando día a día es que el público no se renueva sino que tiene familia. Hace algunas semanas, un hombre de 30 años lo agarró desprevenido a Miguel Ángel: “Es la primera vez que vengo a comprar algo, pero cuando era chico acompañaba a mi viejo acá y me quedaba mirando los autitos que los seguís teniendo”.

El dueño del comercio lo cuenta con emoción y asegura que por eso nunca va a sacar los autitos porque ya tomaron identidad propia. Miguel Ángel confía en que la atención siempre es lo más importante a la hora de tener un comercio, más allá del precio, y dijo su fórmula: “Vos tenés que sentir que realizaste la primera venta, cuando ese cliente te vuelve a comprar y a confiar en vos. La primera siempre es de prueba, ahora cuando entra la segunda vez a tu local es que te está eligiendo”.

Miguel Angel Magnalardo (10).jpg

Miguel Ángel ostenta que ya van dos generación que están volviendo a su local a comprar y cree que la tercera está en camino. “No sé si voy a llegar”, aseguró, tras mencionar a la muerte como una cercana posibilidad. Ahora se siente bien, el trabajo le da vitalidad y sus objetos orgullo. Armó un comercio, una familia y un museo comunitario, en el que él aportó el lugar y algunos elementos, y sus clientes hicieron el resto.

La verdad que no sé que va a pasar con todo esto cuando me muera. Es posible que lo vendan y se llenen de plata, pero seguro que va a valer más, así que esperemos algunos años más”, desdramatizó entre risas y siguió atendiendo a sus clientes: “Ellos, acá, tienen prioridad”.

Lo más leído

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

3.1645569620253% Me interesa
85.443037974684% Me gusta
5.0632911392405% Me da igual
1.8987341772152% Me aburre
4.4303797468354% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario