Natalicio de Don Felipe: "Fui su chofer y su gran amigo"
Yo lo conocí a Don Felipe cuando se inauguró la sala de primeros auxilios del barrio El Progreso. Yo era lustrabotas y ese día fui a trabajar. Como todo chico, por salir en televisión seguí la estanciera de Canal 7 y empecé a saludar. En eso alguien me pone la mano en el hombro; era el gobernador Don Felipe. En un momento me pregunta cómo me llamaba, le contesto y me dice que me quede con él ahí. Y yo me quedé al lado de él, quietito. Ese día salí en la televisión. Cuando terminó el acto él me dio una tarjetita que la firmó, me la dio y me dijo: "Mañana te espero en la gobernación a las 8 de la mañana". Esa noche no pude dormir.
Al otro día temprano llegué a la gobernación y le dije al policía que estaba en la puerta que me estaba esperando el gobernador. "Te está esperando", me dijo el policía. Llegué al despacho, que era un lugar grande y estaba lleno de gente y en un momento sale él y me dice que lo espere. "Teneme un poquito de paciencia", me dijo. Y llamó al mozo y me hizo servir un desayuno. Al rato vino y se sentó conmigo.
Ahí creo yo que nació nuestra gran amistad. Me preguntó todo sobre mi vida, sobre mis padres, mis hermanos, de dónde era. Yo le conté que venía de Quillén, que mi padre era una gran persona, pero que era alcohólico y que salí a trabajar desde muy temprano, gracias a Dios. Y ahí me dijo "vení a verme cuando quieras, día por medio o todos los días; vas a tomar algo y me vas a lustrar los zapatos". Y también me dijo que me iba a llevar un chofer. Entonces le respondo: "¿Para qué, si yo lustro zapatos en una confitería que estaba en el centro, cerca de la gobernación? Pero me insistió y me llevó el chofer en un Rambler verde, pero no a la confitería sino a Casa Ferracioli. Y ahí me recibió Don Ferracioli. "¿Hace que a usted es amigo de Don Felipe?", me preguntó. Yo no sabía qué pasaba. Y me dijo: "ahí tiene todas esas bicicletas. Elijase una que se la regala el gobernador". Yo no lo podía creer. Esa bicicleta la tuve muchos años.
Tiempo después fui su chofer particular, su compañero y su amigo porque yo no lo veía como gobernador sino como mi amigo. Él charlaba conmigo las cosas más profundas.... era una persona tan simple, tan humilde... Yo llegaba temprano a su casa y estaban las chicas que trabajaban con Chela, Mauricia y Lidia. Yo tenía una llave. Cada vez que entraba le preguntaba a las chicas si él se había levantado. Le preparaba el mate y lo esperaba en el jardín. Charlábamos largas horas.
Lo conocí de una manera tan simple... Era una persona que sufría por su gente. A veces lo sacaba a pasear los domingos por distintos lugares de Neuquén para ver cómo estaba la gente. Le gustaba ir a la Plaza de las Banderas. Se ponía las manos atrás en la espalda y miraba. Hacía todo un paneo de la ciudad de Neuquén. Ahí también charlábamos y tomábamos mate.
Tuve la suerte de cuidarlo durante sus últimos cinco años. Un día me dice "Julio, amigo, estoy enfermo y quiero que me acompañes en esta última cruzada. Fueron cinco hermosos años que pasé con mi amigo.
Lo que más aprendí al lado de Don Felipe fue a ser político. Pero no político de la política, sino político de la vida, a hacer el bien, a ayudar al que lo necesitaba, sin pedir nada a cambio.
Así como le llevé a tantas partes, también lo llevé en su último viaje al cementerio.
(Entrevista realizada por la Agrupación “Orígenes” del MPN)
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