"Neuquén le da la bienvenida a todos sin prejuicios"

El ex ministro provincial, tataranieto de Enrique Carro e hijo de Quique Prezzoli, abrió su álbum familiar y compartió su visión de la ciudad.

El ex ministro provincial Juan Pablo Prezzoli abrió el álbum familiar para recordar la llegada a La Confluencia de su tatarabuelo Enrique Carro, su aporte en el desarrollo cívico y comercial de Neuquén, y el particular recorrido de él y sus familiares en una ciudad que siempre fue concebida como un hogar al cual regresar y permanecer, más allá de cualquier alejamiento temporario.

“Esto nace con mi tatarabuelo que es Enrique Carro, que era de Santa Colomba de Somoza, España, y que llega acá en 1893. O sea que mi bisabuelo, mi abuela y mi padre ya son nacidos y criados en Neuquén”, destacó Prezzoli. Tras manifestar que no están muy claros los motivos de la llegada de su tatarabuelo a La Confluencia, el ex funcionario provincial recordó que el hombre fue enviado desde Buenos Aires al Fuerte General Roca, antes de afincarse en la zona. Tuvieron que pasar seis años desde su arribo para que Carro pueda reencontrarse con su novia, Jesusa Criado, con quien mantuvo un vínculo epistolar hasta que finalmente viajó desde el distrito español de León para contraer matrimonio con él en General Roca, donde se encontraba el registro civil más cercano.

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Fue precisamente aquella localidad de la península ibérica en donde nació el amor entre ambos, la que motivó el nombre de “La Maragata de Neuquén”, el famoso almacén de ramos generales que don Enrique Carro inauguró a orillas del Río Neuquén. “Los maragatos son las personas que vienen de la zona de León, por eso lo llamaron así. A los dos o tres años lo trasladan a lo que hoy es Luis Beltrán e Ignacio Rivas, en el Barrio La Sirena, que en ese momento era un barrio de chacras; y finalmente en 1914 lo mudan a la esquina de Sarmiento y Láinez. ‘La Maragata de Neuquén’ fue un comercio muy grande para la época, tenía de todo: proveeduría, ferretería, talabartería y un servicio de herrería para reparar carruajes. Incluso tenía una especie de fonda donde la gente compartía algún encuentro gastronómico y social”, precisó Prezzoli, antes de destacar la rica trayectoria en instituciones locales de su tataraabuelo. “Fue miembro del Concejo Municipal en 1913 con Abel Cháneton, y después, desde 1921 a 1924, fue presidente de la Comisión Municipal, lo que vendría a ser una especie de intendente. También fundó el Club Pacífico en 1916 y fue miembro de la Asociación Española de Socorros Mutuos”, detalló el abogado.

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 “La Maragata de Neuquén”, el famoso almacén de ramos generales de don Enrique Carro.

“La Maragata de Neuquén”, el famoso almacén de ramos generales de don Enrique Carro.

La descendencia de Don Enrique Carrro continuó con Enrique Carro hijo, que “nació en 1899 a orillas del Río Neuquén porque en ese momento su padre estaba a cargo de la balsa”. Tras definir a su bisabuelo como “un hombre de campo” que centró su actividad en Palenque Nilleo, Prezzoli le dedicó unos párrafos a su querida abuela Blanca. Nacida en 1927, Blanca partió de este mundo hace dos años, dejando en la memoria de Juan Pablo varias anécdotas y relatos de su padre, como por ejemplo, el recuerdo de la incertidumbre y el miedo que desató la célebre fuga de la ex U9 en 1916, cuyo capítulo más álgido fue la matanza de ocho prófugos en Zainuco.

Ya casada con Wilfredo Carlos Prezzoli, un militar oriundo de Buenos Aires que conoció en uno de los bailes del Club Pacífico, Blanca dio a luz a Enrique Rubén “Quique” Prezzoli -el padre de Juan Pablo-, que además de hacerse querer y destacarse como el “odontólogo de las infancias”, buscó hacer un aporte desde lo político de la mano del Movimiento Popular Neuquino, partido por el cual llegó a ser concejal en 2005.

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“Mi papá nació en 1950, cinco años antes de que Neuquén dejara de ser territorio nacional. Para dimensionar el cambio vertiginoso que tuvo la ciudad, él me contaba que en Carlos H. Rodríguez y Jujuy, donde él vivía y que ahora es parte del centro, había un canal de riego porque era una zona de chacras; y la toma de agua era como el natatorio de ellos. Allí casi se ahoga cuando era chico”, contó Prezzoli.

“A mi viejo lo defino como un activo militante de la ciudad. Él tenía la impronta de mi tatarabuelo, pero también amaba el campo y tenía valores propios de la ruralidad: era muy entrador y social. Tuvo bastante protagonismo en distintos ámbitos públicos, estudió en el Colegio Don Bosco y acompañó el tránsito de los Salecianos en Neuquén. Se fue a estudiar a Córdoba y se convirtió en uno de los primeros profesionales, hijo y nieto de neuquinos, que volvió a su tierra una vez recibido. En esa época los que se iban por lo general no volvían, pero mi papá amaba Neuquén y sus raíces. Para él nunca fue una opción no volver, lo mismo le pasó a mi mamá”, señaló en alusión a Cecilia Chidiak, quien estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y que decidió regresar cuando obtuvo su título.

“Además fue uno de los pocos y primeros dentistas de Neuquén- continuó diciendo sobre su padre-. Fue muy conocido por su calidez, él se autodenominaba como odontopediatra. Comenzó con un pequeño garage que estaba en la calle Salta. Su consultorio nunca tuvo puertas, todos veían lo que hacía, aún cuando se trasladó a un pequeño local en la calle Jujuy y luego a Fotheringham, entre San Martín y Juan B.Justo, donde arriba estaba mi casa”, puntalizó, para luego subrayar que “Quique” fue parte de los inicios del Círculo Odontológico de Neuquén. “Falleció muy joven con 57 años y si bien fue electo concejal en el 2005, lo que vivió con mucha pasión y vocación, no tuvo una actividad política fuerte. Si bien era afiliado al MPN desde el regreso de la democracia en el 83’ y tuvo cargos partidarios ad honorem, su vida era el consultorio”, contó el abogado de 35 años.

Con la impronta familiar

Los valores y la tradición familiar en la escena pública de Neuquén marcaron el camino de Juan Pablo, quien -al igual que sus padres- decidió regresar y construir su futuro en la ciudad, tras recibirse de abogado en la Universidad Católica de Buenos Aires y vivir un año en España. “Nunca pensé mi vida fuera de Neuquén, siempre estuve convencido de que iba a volver. Comparado con otros pueblos, Neuquén le da la bienvenida a todos sin mirar de dónde sos, ni por qué, para qué; no tiene prejuicios. Eso no es común en otras partes del mundo y nosotros lo practicamos con mucha naturalidad”, enfatizó Prezzoli. “En otros lugares del país, Neuquén despierta una especie de admiración y curiosidad porque saben que hay algo acá que se asocia al desarrollo económico y a la esperanza, a que acá se puede venir a salir adelante y eso creo que tiene que ver con la identidad. Además Neuquén es muy democrática y progresista, tiene una activa vida institucional y la ciudadanía es muy participativa”, resaltó.

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Juan Pablo Prezzoli, su pareja, Antonella Dolce; y su abuela Blanca

Juan Pablo Prezzoli, su pareja, Antonella Dolce; y su abuela Blanca "Beba"Carro, nieta de Enrique Carro.

Otra fuerte coincidencia de Juan Pablo con su padre y su tatarabuelo, fue su inclinación hacia la escena pública y estatal ya que desde temprana edad transitó ámbitos de la administración. “Trabajé en el Instituto de Seguridad Social de Neuquén, en el Banco Provincia del Neuquén y fui electo concejal desde el 2011 al 2015. Después estuve en la Subsecretaría de Gobierno y Justicia y finalmente en el ministerio de Gobierno hasta diciembre del año pasado”, enumeró. “Mi papá sintió y expresó su vocación pública de distintas maneras y eso lo fuimos heredando inconscientemente: lo escuchábamos, lo admirábamos, los veíamos hacer”, dijo incluyendo a sus hermanos Maria Tania y Juan Martín. “Para mí, ser hijo de mi viejo, es un honor”, dijo.

Tres puntos de inflexión en el desarrollo de la ciudad
A la hora de hablar de los acontecimientos que marcaron un antes y después en la ciudad, Prezzoli destacó “la decisión conjunta de la provincia y el municipio de apostar al desarrollo costero porque implicó rescatar las razones por las cuales nació Neuquén” y la creación de la Universidad Nacional del Comahue. Además mencionó la inundación de abril del 2014. “Si bien no fue positivo, nos marcó a todos desde el lado de la solidaridad y la resiliencia. La ciudad rápidamente se puso de pie con un esfuerzo compartido y, por otro lado, se puso al desnudo las desigualdades que existían. Fue un punto de inflexión en cuanto al sistema de saneamiento, prevención y diseño urbanístico”, reflexionó.

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