Neuquén y Río Negro iban a ser una sola provincia

Un ingeniero impulsó el proyecto desde Bahía Blanca en 1943.

Mario Cippitelli

cippitellim@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Neuquén y Río Negro podrían haber sido una sola provincia, una gran región política con partes de La Pampa y Buenos Aires, si hubiera prosperado el proyecto de un hombre que en 1943 se imaginó una Patagonia distinta, casi independiente del poder centralista de Buenos Aires.

Por aquellos años, todos los estados sureños eran territorio nacional y estaban postergados, con múltiples necesidades y olvidados en un rincón del mapa, sobreviviendo con incipientes desarrollos regionales que no alcanzaban para despegar y generar la riqueza necesaria para un crecimiento sustentable y, mucho menos, equitativo.

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Fue en 1943 cuando un ingeniero bahiense llamado Domingo Pronsato hizo público un artículo dando a conocer la idea de aprovechar todos esos territorios y crear una nueva provincia que tuviera salida a los dos océanos. El proyecto de unión incluía la construcción del ferrocarril trasandino, con el aval de autoridades chilenas para la creación de esta nueva región geopolítica.

Pronsato sostenía que tanto en Río Negro como Neuquén había suficientes riquezas naturales para desarrollarlas y que, en calidad de territorio, como estaban en ese momento ambos estados, era imposible que alguien las hiciera. Como parte de su proyecto, también pretendía anexar a esa región una parte de La Pampa (también territorio nacional) y el sur de la provincia de Buenos Aires, donde la ciudad de Bahía Blanca, se convertiría en la capital de ese estado que tendría dimensiones increíbles: casi 300 mil kilómetros cuadrados.

Las ideas independentistas de la ciudad que se había levantado alrededor del puerto bonaerense no eran nuevas. Precisamente el artículo que escribió Pronsato fue publicado en el diario La Nueva Provincia, nombre no casual que alude a otro proyecto similar pero no tan amplio como el que proponía el ingeniero. En Bahía la sociedad estaba más que entusiasmada por convertirse en la capital de un territorio nuevo, rico y con capacidad de desarrollo. De hecho, en varias oportunidades se habían juntado firmas para peticionar a las autoridades nacionales, aunque sin mayores resultados, frente al centralismo de Buenos Aires.

Pronsato se tomó el trabajo de esbozar su propio mapa para exponer frente a círculos políticos y sociales, dando cuenta por dónde pasarían los límites del nuevo territorio y las riquezas que se podían explotar en cada una de las regiones. A la vez, el dibujo marcaba el paso del ferrocarril trasandino que nacía en Bahía Blanca, llegaba a Zapala y se proyectaría a través de la cordillera hasta Chile. Esta vía de comunicación, beneficiaría a ambos países y además pondría paños fríos a los siempre presentes fantasmas de conflicto territorial que amenazaban a ambas naciones.

Pronsato recorrió ciudades y se entrevistó con dirigentes políticos en busca de apoyo para llevar a cabo este proyecto. Dio conferencias explicando los beneficios económicos que tendría esta nueva y vasta provincia y logró numerosas adhesiones para concretarlo.

La provincialización de La Pampa en 1952, de Río Negro y de Neuquén, ambas en 1955, luego de un reclamo de vecinos que viajaron a Buenos Aires para solicitárselo al presidente Juan Domingo Perón, significó la definitiva frustración del proyecto capitalizador de Bahía Blanca a mediados de la década 1950.

Detrás de la “independencia” de la región estaban los intereses políticos de Bahía Blanca, que quería separarse del poder centralista.

El siglo XIX y los límites difusos de la Patagonia

Mucho antes de que el ingeniero Domingo Pronsato diseñara una nueva provincia para proyectar una región rica y fuerte, Neuquén y Río Negro integraban una sola zona con el resto de lo que ahora son los distritos patagónicos.

El 2 de febrero de 1878, el presidente Julio Argentino Roca nombró al coronel Álvaro Barros gobernador de la Patagonia, jurisdicción que había sido creada por la Ley 954 un año antes.

Según el historiador rionegrino Jorge Raúl Entraigas, “creaba una extensa gobernación cuyos límites no estaban ni siquiera más o menos delimitados ya que lo único que se sabía era que se extendía desde el océano por el este, hasta la cordillera por el oeste y desde los ríos Negro y Neuquén por el norte hasta el Cabo de Hornos por el sur”.

Sin embargo, esa unión de regiones duró apenas seis años. El 16 de octubre de 1884 se aprobó una nueva ley que subdividió la región en cinco territorios nacionales. Cada uno de estos distritos recién lograría convertirse en provincia a partir de la década del 50.

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