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El Gonzo vuelve a rodar: la epopeya de Omar González y el transporte que unió a Neuquén

Un adelanto en YouTube del documental de la legendaria empresa de colectivo revive su historia y el legado que nació en los 70 para cruzar la ciudad.

"Lo tomé desde primer grado, en el 78, hasta que egresé del secundario en el 91. Conocía a todos los choferes”. El testimonio, cargado de esa nostalgia que solo tienen los recuerdos de la infancia, pertenece a uno de los miles de personas de Neuquén que crecieron al ritmo de una línea roja y blanca. Para la ciudad, el 103 no era un número más: era el emblema de Gonzomar.

¿Quién no se tomó alguna vez el Gonzomar? Ya sea para ir al colegio, cumplir con un trámite en el centro o visitar a un amor en algún barrio lejano, el "Gonzo" no era solo un transporte; era un testigo social sobre ruedas.

Para los neuquinos "nacidos y criados", o aquellos por adopción, con ganas de revivir un montón de anécdotas en ese trasporte urbano, ya se puede apreciar en YouTube el primer teaser de la legendaria empresa que marcó a fuego a varias generaciones.

Si bien existieron otras empresas de trasporte, ninguna caló tan hondo como la de Omar González. El nombre de la compañía nació de un juego de palabras con su apellido, pero para la gente siempre fue, simplemente, "El Gonzo".

GONZOMAR DUEÑO

Un legado que busca su película

El recuerdo de Omar González permanece intacto. Quienes lo conocieron lo describen como un hombre humilde, un apasionado de la cocina y la pesca que trataba a sus empleados como pares. Hoy, su hija Cecilia, se encuentra reconstruyendo esta epopeya urbana a través de un documental producido junto a Energía Austral Films. La idea nació del aluvión de anécdotas que los vecinos le hacían llegar sobre su padre.

En Gonzomar, una empresa neuquina, título que llevará la producción, se pueden apreciar diferentes testimonios de familiares de Omar, a quien consideraron como un visionario. Es que todo comenzó a mediados de los 70. Omar llegó a Neuquén junto a su hermano Rubén, mecánico de oficio, y compró un colectivo usado en Bahía Blanca. Empezó a hacer recorridos por la ciudad cuando ni siquiera estaban marcados los recorridos.

Gonzomar Colectivo- Cecilia Gonzalez (1)

Antes del desembarco de las líneas urbanas, el transporte era una odisea. Solo estaban los colectivos de Alto Valle que venían de Cipolletti o la empresa Río Negro que te llevaba hasta los Cuarteles.

“Antes de los ‘cole’ urbanos lo único que había eran los colectivos de Alto Valle que salían de Cipolletti. Tomaban la ruta y bajaban en la calle Bahía Blanca para luego tomar Mitre hasta Laínez. Llegaba hasta Belgrano y de ahí atravesaba la Avenida Argentina hasta llegar a Tucumán, en donde bajaba hasta la ruta y regresar a Cipo”, contó Héctor Sanz, quien fue uno de los choferes de la empresa.

“Después estaba la empresa Río Negro que te llevaba a los Cuarteles del Ejército, en la zona de lo que hoy es Jumbo”, agregó.

Los frontales y un hito para la empresa

Atravesando la década del ’80 se encontraban otras líneas urbanas como El Ñandú, Lanín y Cono Sur, pero cada una estaba atada a su barrio. El Gonzomar dominaba rutas estratégicas: de Parque Industrial a Sapere, y de Alta Barda hasta el Balneario Municipal.

En el teaser de 1,37 minutos también se puede apreciar lo que significo la llegada de los prineros coches frontales 0KM., algo que marcó un hito para la empresa nequina. Hasta entonces, la ciudad se movía en los "Cachetones", los inolvidables Mercedes 1114 de trompa redonda.

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En el adelanto del documental, mediante varios testimonios de la gente, se describe una época de un Neuquén más humano: había un trato familiar. Si un pasajero habitual no estaba en la parada, el chofer lo buscaba con la mirada. A veces venían corriendo porque no llegaba a la aparada y se los esperaba. Tampoco era raro que alguien se quedara parado junto al chofer conversando todo el viaje, o que algún vecino le alcanzara un café caliente por la ventanilla en las mañanas de invierno.

Sobre el final de la producción se puede ver una reciente reunión con la mayoría de los choferes que fueron parte de la empresa. Cecilia González, fue quien se encargó hace varios años de reunir a esa familia que fue Gonzomar.

Al final, la historia de una ciudad no solo se escribe en los libros, sino también en los boletos cortados, en las vueltas por la Avenida Argentina y en el rugido de un motor 103 que, en la memoria colectiva, nunca terminó de pasar.

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