Casi todo en este país no pasa el test de la grieta. Antes los malos eran los de la "base China" y ahora los del avión. Se da vuelta la geopolítica.
El avión del gobierno de los Estados Unidos que aterrizó primero en Ushuaia y luego en Neuquén no trajo bombas ni contratos firmados, pero sí algo quizás más potente: muchas sospechas y un gran debate precario entre dos sectores que no paran de matarse hace más de una década en las redes sociales.
Algo parecido a lo que ocurrió con la "base China" de Las Lajas, donde el antikirchnerismo tejió las teorías más conspirativas alrededor de militares y ocupaciones, con informes de toda índole. Acá, la película geopolítica parece haberse dado vuelta. Ahora los malos son otros y buenos, también han cambiado de lado.
La visita de representantes del Partido Demócrata y del Partido Republicano —algo que pareciera poco habitual incluso para la diplomacia norteamericana— encendió una polémica que se expandió como reguero de pólvora en redes sociales y en la política local.
El comunicado oficial de la Embajada de los Estados Unidos en Argentina habló de salud, de degradación de recursos naturales y lugares estratégicos para la minería. Un texto de dos párrafos, casi aséptico, pero con conceptos que quizás valieron la pena desarrollar un poco más. No hay ninguna foto, hasta ahora, dando vueltas de los legisladores estadounidenses. Eso al menos llama la atención.
Avión de los Estados Unidos: ¿Dos lecturas extremas?
Para el universo libertario que orbita alrededor de Javier Milei, no hay nada raro, sino más que festejos por lo sucedido. Estados Unidos es un socio estratégico, Vaca Muerta es un imán global y la Argentina necesita inversiones. Pero del otro lado, el peronismo neuquino, la izquierda y el progresismo, y voces como la diputada provincial Lorena Parrilli, plantean un escenario mucho más oscuro: una Patagonia en venta, recursos estratégicos bajo la tutela extranjera y un gobierno nacional dispuesto a ceder soberanía a cambio de dólares y alineamiento ideológico.
Entre esas dos lecturas extremas hay una zona gris, que ya nadie quiere discutir. Porque nadie discute que muchas de las operadoras que explotan Vaca Muerta son multinacionales, algunas estadounidenses. Es así como comenzó la industria de los no convencionales hace más de 13 años con el gobierno del MPN.
Tampoco es novedad que Washington observe con atención el mapa energético argentino. Con la AmCham (Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina), muchos empresarios y funcionarios (algunos actuales del gobierno provincial) establecieron relaciones y visitas con el país del norte, durante la presidencia de Mauricio Macri. Incluso el mismo gobierno de Neuquén. Pero ahí pocos (salvo la izquierda) decían demasiado.
Lo llamativo es el contexto, y, sobre todo, el hermetismo con el que se manejó el tema. ¿Con quiénes se reunieron esos diplomáticos? ¿Qué empresarios recorrieron la formación? ¿Hubo visitas técnicas, reuniones reservadas, agendas paralelas?
Cuesta creer —y aceptar— que el gobierno provincial no haya tenido información previa, ni siquiera extraoficial, sobre una delegación de este calibre pisando suelo neuquino. Si realmente no sabía nada, el problema es la descoordinación. Si sabía y se mantuvo en reserva, el problema es político. No conviene mostrarse demasiado. En ambos casos, el resultado es el mismo y es la desconfianza.
El comunicado de la Embajada menciona salud, recursos mineros y degradación ambiental. Palabras que, leídas rápido, parecen parte del manual. Pero leídas con atención, abren interrogantes. ¿Cooperación para proteger recursos o para gestionarlos? ¿Interés ambiental genuino o control estratégico de esos recursos?
Es cierto que hay un sesgo de pensar en teorías conspirativas, pero muchas hipótesis se refuerzan con lo que pasa en el mundo. Donald Trump plantea, sin rubor, quedarse con Groenlandia. Entonces, pensar en disputas por territorios y recursos ya no es ciencia ficción. Son temas que se estarán discutiendo. Pero es muy difícil asimilarlo, en un país como el nuestro donde todavía pensamos en "las obras" como las cloacas o inaugurando asfalto. El mundo está en otra cosa.
La provocación y las redes
Tal vez no sea para tanto. Tal vez se trate solo de una visita exploratoria, de rutina en el marco de las nuevas relaciones que marca el gobierno de Milei. Sin embargo, también puede ser una señal, un mensaje, incluso una provocación.
En estos tiempos cuesta hacer lecturas por toda la sobreinformación y los reportes que hay en las redes sociales. Se incendia la Patagonia y hay emergencia. Y tanto la energía, el agua y los minerales son los insumos de los que se va a nutrir el poder global.
La Patagonia aparece cada vez menos como periferia del mundo, sino como un lugar codiciado por las potencias. Neuquén, esta vez, no es un punto colgado en el mapa. Es parte de una discusión que parece mucho más grande.
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