Qué decir de Jorge Luis Borges que ya no se haya dicho. Bueno, sí, siempre se puede contar o referenciar algo más. Los números redondos son una buena excusa y, en este caso, si la publicación de su primer libro cumple 100 años, esa excusa es perfecta para meternos, al menos un rato, en parte de la obra y el pensamiento de uno de los escritores más grandes que dio la literatura de habla hispana.
El libro, de poemas, se llama Fervor de Buenos Aires y allí ya se percibe la fascinación que esta ciudad le generaba. “Las calles de Buenos Aires ya son mi entraña”, escribió en el inicio del primer poema. Recorrerá “La Recoleta”, en “Sur” describirá “el olor del jazmín y la madreselva, el silencio del pájaro dormido”. Dedicará el poema “la Plaza San Martín” a Macedonio Fernández, “Arrabal” a Guillermo De Torre e “Inscripción sepulcral” a su bisabuelo.
¿Qué significó este primer libro para Borges? en el prólogo de la reedición de 1969, aseguró “no haberlo escrito” y lo explicó: “He mitigado sus excesos barrocos, he limado asperezas, he tachado sensiblerías y vaguedades y, en el decurso de esta labor a veces grata y otros veces incómoda, he sentido que aquel muchacho que en 1923 lo escribió ya era esencialmente el señor que ahora se resigna o corrige. Somos el mismo; los dos descreemos del fracaso y del éxito, de las escuelas literarias y de sus dogmas; los dos somos de Schopehauer, de Stevenson y de Whitman. Para mí, Fervor de Buenos Aires prefigura todo lo que haría después”.
Lo que hizo después, entre otras cosas, fue “Ficciones”, seguramente su obra más emblemática.
¿Cómo meterse en la literatura de este enorme escritor?, quizá a través de “El Informe de Brodie”, un libro de once cuentos, donde aparecen casi todas sus obsesiones, las cosas que le preocupaban y que dejan pensando a cualquier lector que se introduzca de lleno en sus textos.
Borges fue, además, sus reflexiones y su agudo manejo de la ironía. Como aquella vez que siendo ya un prestigioso escritor, después de una charla en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, una alumna se le acercó, de manera tímida pero buscando llamar su atención y le dijo: “Borges yo escribo”. A lo que él contestó: “Yo también”.
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