Carlos Mugica, militancia y tragedia de un cura de época
Este sábado se cumplen 50 años de su asesinato al término de una misa, a manos de la Triple A. La opción por los pobres, en una Argentina que ya desangraba.
Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe fue su nombre completo, aunque pasó a la historia simplemente como el padre Carlos Mugica, el cura villero que cayó acribillado en la puerta de la parroquia San Francisco Solano, del barrio porteño de Villa Luro hace 50 años.
Su muerte se adjudica a la Triple A, de José López Rega, quien tenía en sus manos todos los resortes del poder del exangüe gobierno de Juan Perón y María Estela Martínez. Sin embargo, los verdaderos autores intelectuales del atentado nunca dejaron de despertar ciertas suspicacias según quién narrara la historia.
El referente del movimiento de curas tercermundistas, al cual adhirió el Movimiento Villero Peronista, marcó a fuego una época trágica que comenzaba a vislumbrarse como antesala al golpe del ‘76.
La turbulenta década de los setenta avivaba los fuegos de las disputas políticas e ideológicas, pero como telón de fondo subyacía un país marcado por la pobreza, la desocupación y el desconcierto. Como hoy.
Mugica cautivaba a sus seguidores por un carisma potente y su pensamiento tenía una fuerte gravitación militante bajo el manto de tolerancia de una fracción de la iglesia católica argentina a la que le costaba mantenerse a flote en aquella época.
Su trabajo político y su ascendencia peronista le sirvieron a la propaganda justicialista a la que, no obstante, exacerbó en sus modos personalistas y cierto dogmatismo que tanto seducía a los medios de comunicación de aquel entonces.
Mugica rompió todos los moldes, no solamente en su militancia social, sino en marcar un camino que luego inauguró una época polémica en la iglesia por aquella manda del Concilio Vaticano II de la opción preferencial por los pobres. El martirio de Mugica es hoy un faro para un movimiento de sacerdotes comprometidos con esa línea a la que el papa Francisco ampara con predilección, pero también por su potente accionar que dejó una honda huella marcada.
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