La biblioteca Juan Bautista Alberdi es una de las instituciones más antiguas de la ciudad de Neuquén. Aunque muchos creen que se trata de un espacio estatal, lo cierto es que la Alberdi es una ONG que ya suma más de 94 años de historia y que se sostiene gracias al empuje de sus voluntarios, quienes hacen malabares para afrontar la difícil situación económica para garantizar el acceso de la comunidad a los saberes atesorados en sus 75 mil volúmenes.
Por la sede de Avenida Argentina y República de Italia pasan diariamente "gran cantidad de personas en búsqueda de material para satisfacer sus deseos de lectura de las más diversas ramas de la literatura, como así también un importante número de alumnos de nivel primario, medio y superior que tienen en nuestra casa un lugar adecuado para sus tareas utilizando no solamente nuestros libros sino también los útiles cibernéticos que obran a su disposición, a lo que debe agregarse el sinnúmero de concurrentes a los diversos talleres que son puestos a disposición de la gente, no solamente de esta ciudad de Neuquén, sino de la región toda del Alto Valle". Sin embargo, los ingresos que reciben no alcanzan para sostener los gastos de la actividad.
"La Biblioteca recibió una donación de la provincia por la cual tenemos ese edificio maravilloso que es una insignia de Neuquén. Ese edificio es muy caro de mantener a la vez", dijo Héctor Sanguiliano, quien aclaró que la comisión debe pagar más de 200 mil pesos mensuales sólo en la factura de luz, por lo que muchas veces el sostenimiento de las actividades se hace cuesta arriba.
La Alberdi es una institución sin ánimos de lucro, la Comisión Directiva trabaja ad honorem por la voluntad de hacer un aporte a la cultura de la ciudad. Aunque el espacio se nutre de varias fuentes de ingresos, los gastos corrientes son cada vez más altos y, por eso, piden ayuda a la comunidad de Neuquén para poder sostenerse a flote.
Según explicaron desde la biblioteca, las fuentes de ingresos son variadas. Por un lado, reciben la renta del alquiler de su antiguo edificio, de Avenida Argentina y Alberdi, que está alquilado por el Estado provincial para el funcionamiento de un centro cultural público. A eso se suma la concesión del café literario, que es parte del edificio actual, pero que es un negocio privado. Además, reciben ingresos mensuales por la cuota social, la donación de una empresa y subsidios estatales.
El referente de la ONG aclaró que la Municipalidad hace un aporte ínfimo que lleva años sin ser actualizado. La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) sólo paga un aporte anual para la compra de nuevos ejemplares en cada edición de la Feria del Libro de Buenos Aires. Cuentan también con un subsidio del IJAN que está vigente hasta octubre. "Por una cuestión contable, se va a suspender y tenemos la incertidumbre hasta la llegada del nuevo gobierno, de saber si nos van a sostener o no", agregó.
"No obviaremos mencionar que días atrás sufrimos un robo, que nos ha puesto en la tarea de replantear y reforzar la seguridad del edificio, en especial con su total enrejado perimetral, con el importante costo que ello conlleva, a la vez de la reposición de lo sustraído y el arreglo de las roturas. Por último queremos resaltar que nuestra casa no está exenta ni ajena a las vicisitudes económicas, con lo estimamos darle a la comunidad un cuadro objetivo de la delicada situación por la que atravesamos", aclararon a través de un comunicado.
"En este contexto, los voluntarios de la biblioteca Alberdi piden a los socios que se pongan al día con el pago de las cuotas, que les permiten acceder al préstamo de libros. "Con el alto costo que tienen ahora, es una gran servicio para los lectores", dijo y agregó que, además, el público en general de la región puede acceder a la sala de lectura de 9 a 21 para hacer uso de las instalaciones", señalaron.
Ante la compleja situación nacional y el alto costo que tiene el funcionamiento del emblemático edificio, las autoridades de la biblioteca piden que las principales empresas de la ciudad hagan un aporte a la cultura local para sostener el resguardo y el préstamo de los libros, que no pierden vigencia incluso ante el avance de la cultura digital.
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