La inflación siguió descontrolada en marzo. Las consultoras que llevan sus propias mediciones independientes de la del INDEC anticipan que durante el tercer mes del año los precios subieron igual o más que durante el anterior. Es decir, la inflación anualizada seguirá expandiéndose.
Recién se cumplió una cuarta parte del año y ya quedó en ridículo el anuncio de fines del 2022 del ministro de Economía, Sergio Massa, según el cual la inflación del año electoral sería del 60 por ciento. Las proyecciones de los economistas independientes exceden por mucho al ciento por ciento de aumento del Índice de Precios al Consumidor a fin de año.
Entonces, no sería una sorpresa -por más que sea trágico- si en lo que va del año más personas se cayeron en la pobreza respecto a la multitud que ya estaba en esa situación a fines de 2022, cuando se cerró el relevamiento para el último informe sobre la incidencia de la pobreza y la indigencia en la población que difundió el INDEC el jueves. Entonces, cuatro de cada diez argentinos era pobre.
La velocidad con la que avanza la inflación es imposible de seguir para los ingresos de grandes sectores de la población. Entre estos, entonces, las personas que están más cerca de los límites de la pobreza y la indigencia están condenadas a caerse al escalón inferior al que pisan en la actualidad. Es matemática, no hay ideología ni simpatías o antipatías políticas detrás de la sentencia.
Los ingresos van por la escalera y los precios por el ascensor. Incluso para los asalariados que mejores acuerdos lograron con sus patronales, entre los que se cuentan los estatales neuquinos. Ningún sector asalariado logró una paritaria que le garantice empatarle a la inflación con los porcentajes de incremento. No obstante, los estatales neuquinos le empatan con sus ingresos a la inflación después de estar perdiendo.
El aumento compensa la inflación constatada. Es decir, los aumentos de los precios se pagan con el sueldo de una inflación que ya golpeó a los salarios. Si los aumentos inflacionarios son moderados la fórmula de los estatales neuquinos es más efectiva. De nuevo: no hay ningún sector de la economía nacional con una paritaria que le garantice empatar con la inflación como la de los estatales de Neuquén. Y así y todo no alcanza cuando el alza del IPC no para nunca.
El presidente Alberto Fernández hizo campaña prometiendo la recuperación del consumo popular. Ganó las elecciones y asumió el gobierno en una situación crítica del país. Durante la gestión de Mauricio Macri se achicó el PBI y disminuyó la actividad, a la vez que se agrandó el endeudamiento con el golpe de gracia de un crédito multimillonario, como extraordinario, del FMI que condicionaría lo que vendría.
A menos de cuatro meses de asumir, Fernández cerró todo para enfrentar la pandemia de COVID-19. Volvió a caer la economía, pero un año después la actividad se recuperó, el PBI volvió a crecer hasta superar los niveles previos a la pandemia, al igual que la actividad. No obstante, la distribución del crecimiento fue regresiva y la gente que se había empobrecido no se recuperó, mientras la que estaba cerca de la línea se cayó al escalón inferior. Fernández pagará caro en la urnas su fracaso en la recomposición de la base de sustentación de su triunfo en 2019.
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