Amar y defender lo que se tiene hasta arriesgar la vida, eso es amor. Amor del bueno. Amor por la tierra y por su patrimonio natural. Así lo entendieron 13 heroicos vecinos de la zona de Caviahue que el último lunes con escasos medios a disposición, pero con sobrado coraje y valentía en las alturas de la cordillera le dieron pelea a brazo partido a las llamas que estaban atravesando la frontera por el despiadado incendio que se había desatado en la región de la Araucanía, en el vecino país de Chile.
El incendio se desató en la región de la Araucanía en el vecino país de Chile y este lunes cruzó los límites fronterizos y afectó áreas cercanas a los parajes de Cajón de los Barros y Las Lecheras, a unos 15 kilómetros de Caviahue.
El objetivo fue salvar un bosque de araucarias milenarias. Soportando temperaturas extremas, las densas humaredas y la falta de equipos y medios apropiados después de cinco horas de intenso trabajo lograron ponerle un freno al avance del fuego. Fue una pelea desigual pero terminaron ganando primeramente por aplicar un trabajo en equipo pero por sobre todo defender una riqueza que es de todos los neuquinos, nuestros bosques.
Adrián Torres fue uno de los valientes “bomberos por una noche” que atravesaron la montaña y dieron el primer paso para frenar las llamas. “La verdad es que fuimos con lo puesto y llevamos lo que encontramos en los puestos. Palas precarias, algunas con los mangos muy cortos. Llevamos baldes para acarrear tierra y arena. La indumentaria que llevamos fue ropa común de abrigo y zapatos. El compañero Germán Rayguan andaba de alpargatas. Así nomás y volvió casi a pata luego de todas las horas de trabajo y soportar la tierra caliente. No teníamos anteojos, antiparras ni barbijos. Lo único que teníamos claro era que teníamos que apagar el fuego”, dijo Torres con sorprendente naturalidad en contacto con LMNeuquén luego de regresar de la alta montaña y con la satisfacción del deber ancestral cumplido.
La difícil tarea de atacar el fuego
Adrián Torres vive en Caviahue, pero es integrante de la comunidad mapuche Millaín Currical de Cajón Chico. Aún con la adrenalina a flor de piel por la odisea cumplida con sus 12 compañeros, relató paso a paso cómo llegó el incendio a tierras argentinas.
“Las Lecheras es un paraje que es territorio de la comunidad Millaín Currical que colinda con la comunidad mapuche Huayquillán en la cual se produjo el incendio en Chile y como estamos en la frontera, cruzó para la Argentina, llegó al paraje que tiene como vegetación lengas, araucarias, ñires, quilas, coirón y la sequía reinante fue lo que hizo que cruce tan rápido para este lado”. Agregó que “la noche del lunes fui a la zona con mi amigo Julio Morales. Cuando llegamos ya había personal de la municipalidad de Caviahue, Loncopué y de El Huecú evacuando a las familias con sus cosas. Luego nos dirigimos al puesto del agente sanitario Carlos Millaín que es como un punto de encuentro que hay en toda esa zona. Ya era medianoche”.
Torres contó que en esos momentos el viento era muy intenso y que cerca de la 1 de la madrugada los vecinos de Las Lecheras se reunieron en ese puesto y decidieron juntar todos los piños de animales en un solo corral. Las familias se refugiaron en el mismo lugar. “A la 1 de la mañana viendo que el fuego seguía avanzando pensamos que no valía la pena estar mirando y no hacer nada. Éramos todos mayores y jóvenes así que decidimos ir a ver que podíamos hacer”, relató.
Siguió diciendo que “Yo tomé la parte de organización del grupo, éramos 13, los enumeré uno por uno, les conté que tenía algo de experiencia en el manejo de grupos e iniciamos el viaje. Llegamos a un determinado lugar en 2 camionetas y empezamos a caminar. En el grupo había un baqueano así que encontró el camino y seguimos”. Agregó que en todo momento les advirtió que debían andar y manejarse todos juntos, que nadie se separara. Y ahí dijimos “lo vamos a intentar, si vemos que se complica, nos volvemos. Si vemos que podemos aplacar el fuego, no le aflojemos”.
Torres contó que más tarde llegaron al primer foco del incendio que era un “colgado” de ñires secos que ardía en su plenitud. “Llegamos justo, lo aplacamos con tierra, llevamos pala, picador y balde, a pura tierra lo apagamos. Terminamos de controlar eso y avanzamos donde estaba el foco de incendio más grande y ahí sentimos bastante adrenalina porque el viento estaba muy fuerte, las llamas volaban, las brasas, las cenizas, la visión era muy reducida por momentos y el humo era muy fuerte y no nos dejaba respirar bien”.
El alivio de cortar el fuego
Esta vez el fuego no pudo contra la férrea voluntad de estos heroicos vecinos que no cejaron en ningún momento en su objetivo de detener las llamas. Al respecto Torres explicó que en determinado momento de la desigual lucha debieron buscar una salida del frente del fuego para “tomar aire limpio” y recuperar fuerzas. “Junto a mis compañeros buscamos una salida para encontrar un lugar donde no pegara el viento porque lo teníamos en contra entonces el humo lo teníamos de frente”.
Finalmente pudieron encontrar el lugar del otro lado. No había fuego ni humo, sólo mucho viento pero sin cenizas. “Nos recuperamos y volvimos a atacar el fuego, lo atacamos hasta que logramos aplacarlo completamente, lo apagamos. Eran las 5 de la mañana y ya el fuego estaba controlado. Hubo veces que se volvió a prender pero lo apagábamos y así estuvimos hasta las 7 de la mañana”. Es así que con las primeras luces del día martes el grupo tomó la decisión de bajar y retornar al puesto de Carlos Millaín. “Cuando decidimos bajar todavía había lugares que estaban calientes y con el viento fuerte se podrían volver a prender y regresamos con ese temor. Al llegar al punto de encuentro nos esperaron con café y tortas fritas, ya que habíamos estado en la alta montaña por más de seis horas sin comer. Fue una tremenda lucha”, contó Torres.
En ese lugar lo puso en conocimiento al lonko Juan Amador Millaín, de la comunidad Millaín Currical, de cómo estaba la situación del incendio en las alturas y que habían logrado controlarlo. Luego llegó personal de manejo del fuego de Loncopué y más brigadistas que subieron a hacer lo que se conoce como la “guardia de cenizas” y evitar así un rebrote del incendio. Torres indicó que la lluvia caída fue un aliciente más para aplacar el incendio que hasta ayer continuaba en tierras chilenas pero que tenía pocas chances de volver a nuestro país porque en el lugar del foco principal se atraviesa un extenso natural que actúa como un “cortafuegos”.
Por último Adrián Torres, nombró y destacó a cada uno de sus heroicos compañeros: “Julio Morales Adolfo Dinamarca, Tino y Héctor Rayguan, José y Rubén Cifuentes, Mario Vargas, Germán, Patricio, Daniel y Damián Rayguan, estos últimos de Cajón de los Barros. Somos cinco de la comunidad Millaín Currical y los restantes de la comunidad Huayquillán trabajamos en conjunto todos”, finalizó. En un rincón como testimonio de esa lucha descansaban las botas y las alpargatas que usaron los brigadistas en tremenda hazaña.
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