A través del arte y procesos industriales, el emprendimiento busca convertir lo descartable en piezas resistentes que llevan la identidad del paisaje neuquino.
Hay materiales que durante años pasan desapercibidos. Están en la calle, en los comercios, en una mudanza o esperando ser descartados. El cartón suele quedar guardado en un rincón una vez que cumple su función, pero para Carolina y Lucía ese mismo material esconde otra posibilidad: convertirse en un objeto de diseño.
Detrás de Kartonhera hay dos historias que, con el tiempo, terminaron encontrándose. Carolina desde el arte visual, la comunicación y la gestión cultural; Lucía desde el diseño industrial y los procesos de fabricación. Dos miradas diferentes que se complementaron para crear un emprendimiento que busca darle otra identidad a un material cotidiano.
Dos caminos que se unieron
Carolina y Lucía Kleine Samson son hermanas, nacieron y crecieron en Neuquén, aunque sus recorridos profesionales las llevaron primero a Buenos Aires y luego a distintos lugares. A los 18 años ambas se fueron a estudiar, pero cada una construyó una experiencia diferente.
Carolina comenzó la carrera de Comunicación Social y con el tiempo su formación se amplió hacia otras áreas. “Hice un poco de antropología y también diseño”, explicó. A partir de ahí desarrolló una trayectoria vinculada al arte visual, lo digital y la gestión cultural. Durante más de diez años trabajó en el mundo artístico y participó de distintas experiencias fuera del país.
Ese recorrido estuvo marcado por etapas de residencia, viajes y proyectos. Pasó por lugares como Dubái, Kuwait, Milán, Miami, Austin, Cádiz entre otros destinos en un período que ella misma describe como un “nomadismo muy extenso". “Era como de repente estar en Cuba, después irte a Austin, Texas, después volver. En un momento dije: me voy a la Patagonia, me vuelvo a enraizar”, relató.
Y así fue. Hace algunos años volvió a la región junto a su pareja y comenzó a pensar nuevos proyectos desde Neuquén, una ciudad que veía en crecimiento y con posibilidades para desarrollar propuestas relacionadas al diseño, el arte y la innovación.
Lucía, por su parte, se formó en diseño industrial en la Universidad de Buenos Aires y construyó su experiencia desde la fabricación de objetos y mobiliario. “Trabajé en empresas que fabricaban mobiliario, así que ahí gané experiencia en cómo es fabricar y todos los procesos de materiales como madera, chapa o soldaduras”, contó.
Ese recorrido le permitió conocer de cerca cómo una idea pasa de un plano a un objeto concreto. Después de volver a Neuquén comenzó a trabajar en distintos proyectos relacionados al diseño y la creación de productos, hasta que apareció la posibilidad de unir esos conocimientos con la mirada artística de Carolina.
Una idea que llegó desde Dubái
La semilla de Kartonhera apareció varios años antes de que el proyecto comenzara. En uno de sus viajes a Dubái, Carolina vio un mueble realizado completamente en cartón dentro de un espacio de arte contemporáneo y algo le llamó la atención: en una ciudad asociada con la modernidad y el lujo, un material tan simple podía ocupar un lugar protagonista.
“Me llamó mucho la atención porque el cartón siempre está visto como algo medio de desecho, algo funcional para trasladar cosas o cubrir, pero no tiene tanta presencia desde el diseño”, contó Carolina.
Esa imagen quedó dando vueltas durante años hasta que encontró el momento de transformarla en un proyecto junto a su hermana. Lucía, además, ya venía explorando la posibilidad de trabajar con cartón, por lo que la idea terminó encontrando un punto en común entre ambas.
Del papel al primer prototipo
Antes de avanzar con el proyecto, debían responder a la pregunta más importante: ¿Cómo hacer que un material asociado al descarte pueda convertirse en un objeto resistente, estético y pensado para durar?
La respuesta estuvo en el propio material. Para las hermanas, el cartón tiene una característica particular: de manera individual puede parecer débil, pero cuando muchas capas se unen, su resistencia cambia por completo.
Con esa idea comenzaron a desarrollar los primeros bocetos. Lo que primero fue un dibujo en una hoja de papel empezó a tomar forma hasta convertirse en el primer prototipo de Kartonhera: un banquito.
El proceso combina tecnología y trabajo artesanal. Primero realizan los planos con las medidas exactas y luego las piezas son cortadas con máquinas CNC. Después comienza el armado manual, donde cada una de las partes se une hasta formar la estructura final.
La prueba más importante llegó cuando tuvieron el objeto terminado: comprobar que podía sostener peso y funcionar como un mueble real. “Te sentás y no se rompe. Incluso podes saltar arriba y no pasa nada”, dijeron sorprendidas por el resultado.
El paisaje neuquino como parte del diseño
Más allá del material, Kartonhera busca que cada pieza tenga una historia detrás. Para Carolina y Lucía, el diseño no es solo la forma del objeto, sino también aquello que lo inspira. Y para ellas, esa inspiración está en el lugar donde nacieron y al cual eligieron volver: Neuquén.
“Los diseños que estamos armando ahora están inspirados en lo que es el río y la barda”, explicaron. Una de las piezas que proyectan desarrollar toma como referencia la erosión de la barda neuquina, con formas más orgánicas que buscan alejarse de las estructuras tradicionales del mobiliario.
La intención es que los objetos no sean solamente funcionales, sino que también transmitan una parte del territorio. Que quien vea una pieza pueda encontrar algo de ese paisaje que forma parte de la identidad de la provincia.
Incluso algunos elementos propios del entorno aparecen incorporados dentro del concepto. Una de las ideas que están trabajando es sumar piedras como parte del diseño, no como un simple detalle decorativo, sino como un componente funcional del producto, sobre todo en un lugar donde el viento es protagonista de todas las estaciones.
Ese vínculo con Neuquén también aparece en el nombre de sus primeras piezas. El primer banquito fue bautizado como “Atlántico 18”, una referencia al lugar donde las hermanas nacieron y crecieron, en el barrio Rincón de Emilio.
Más allá del cartón
Aunque Kartonhera todavía está dando sus primeros pasos, la respuesta que recibieron después de mostrar sus primeras piezas fue una señal positiva para Carolina y Lucía. A través de las redes sociales comenzaron a compartir el proyecto y descubrieron que había interés por parte del público. “Publicamos algunas fotos y hubo una buena recepción”, contaron.
Para ellas, una de las claves está en que el proyecto dialoga con una tendencia que busca nuevas formas de crear objetos: materiales reutilizados, procesos más conscientes y diseños que puedan adaptarse a distintos espacios. En ese sentido, la versatilidad del cartón es, justamente, uno de los puntos que más destacan.
La idea a futuro es seguir ampliando la propuesta y crear una familia de productos. Además del banquito inicial, están trabajando en nuevos diseños como mesas y otras piezas de mobiliario que incorporen diferentes materiales como vidrio, madera o chapa.
Actualmente trabajan con cartón nuevo para desarrollar los primeros prototipos, pero uno de los objetivos es avanzar hacia la utilización de cartón reciclado. Ese camino también abre nuevas posibilidades estéticas. Las diferencias de color, textura o desgaste de los cartones usados podrían convertirse en parte del diseño, como una especie de huella del material.
Con una mezcla de arte, técnica y una fuerte conexión con Neuquén, las hermanas buscan demostrar que los objetos también pueden contar historias. Y que, a veces, lo que parece estar al final de su recorrido puede convertirse en el inicio de algo nuevo.
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