Si algo representó la marca Topsy en la capital fue el sentimiento de neuquinidad, pero también de progreso, teniendo en cuenta que la cadena comercial que en los 90 compitió contra las grandes superficies que llegaron tanto de Buenos Aires como de otras partes del mundo. Era una emprendimiento NyC (nacido y criado en Neuquén) que había sido más que exitoso por la visión emprendedora que había tenido su propietario, Luis María Sahores.
Ese aprecio de los neuquinos se vio reflejado durante los violentos saqueos de 2001 que terminaron con la renuncia del presidente Fernando De la Rúa.
En Neuquén Capital, como en la gran mayoría de las ciudades argentinas, hordas descontentas y enfurecidas por la dramática situación económica y social del país arrasaron con comercios grandes y chicos saquearon todo lo que había a su paso, en medio del caos, la represión y el miedo.
Las imágenes de los reporteros y camarógrafos captaron los momentos de mayor tensión y anarquía. Gente de todas las edades tratando de llevarse lo que podían de cualquier local y comerciantes llorando desconsolados al ver que su capital, representado en algunos casos por un quiosco o una despensa de barrio, se estaba esfumando en cuestión de minutos.
La resistencia fue prácticamente nula frente a una marea humana que era lo más parecido a un ejército de hormigas marabunta. Se llevaban lo que había, no importaba qué: carne, paquetes de fideos, latas, bebidas, ropa, heladeras, freezers, balanzas comerciales. Si el dueño tenía dinero o si era un pobre emprendedor, daba lo mismo.
La cadena de supermercados Topsy-Bomba había sufrido el saqueo de 13 de los 16 locales que tenía en distintos barrios de la ciudad. Se mantenía a salvo el supermercado más grande, el de la Avenida Argentina y San Juan, aquel que en 1979 había dado inicio al exitoso emprendimiento comercial. Era el trofeo mayor.
Su propietario, Luis María Sahores, vio con sorpresa cómo un importante grupo de vecinos estaba dispuesto a impedir el saqueo, improvisando cordones humanos, armándose con cualquier elemento que tuvieran a mano.
Emocionado, Sahores les agradeció, pero les pidió que se cuidaran, que no se expusieran si las cosas pasaban a mayores. Las consecuencias podían ser más dramáticas todavía.
Esa resistencia vecinal fue la que impidió que los manifestantes que avanzaban dispuestos a todo se frenaran ante la postura claramente decidida de aquellas personas a defender ambos emprendimientos. ¿Pero por qué?
Se dijo en un momento que tanto el local de Topsy como también el de Capriolo se “salvaron” por un sentimiento de “neuquinidad”, debido a que los dos eran fruto del trabajo y el esfuerzo de “gente de acá” y no representaban los intereses de las grandes cadenas comerciales que en la década del 90 habían desembarcado en Neuquén.
Sin embargo, la defensa de los supermercados se gestó de manera espontánea y tuvo que ver con la proximidad de los improvisados justicieros, es decir, de gente que vivía cerca de los locales, que conocían su historia y también a sus dueños. Si ese sentimiento se hubiera replicado en los barrios, tal vez muchos pequeños comercios hubieran corrido la misma suerte.
Una gran cantidad de pequeños comercios de barrio (almacenes, carnicerías, mercerías y quioscos) fueron saqueados.
Conocida la renuncia de Fernando De la Rúa, en el atardecer del 20 de diciembre, un importante grupo de personas se reunió en el monumento a San Martín para festejar, mientras un par de altoparlantes reproducían las novedades que llegaban a través de las radios de Buenos Aires.
A esa altura, y después de dos jornadas de violencia, anarquía, represión y saqueos, la calma volvía de a poco a Neuquén. Llegaría una noche larga y cargada de angustia; y un nuevo amanecer mostraría una ciudad golpeada y desolada, todavía en carne viva.
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