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El drama en los comedores comunitarios: “Son muchos los chicos que se van a dormir sin comer”

Responsables de comedores comunitarios expresaron su preocupación por la alta demanda de familias que se acercan todos los días en busca de comida.

“Lo que nosotras estamos viendo es durísimo”, confesó Alejandra que desde hace cuatro años es la responsable de un comedor comunitario en el barrio Ruca Antú de esta ciudad. Esta mujer es testigo de la compleja situación que atraviesan las familias de ese sector de la Meseta que llegan hasta el comedor ubicado en la calle Conquistadores del Desierto en busca de cubrir sus necesidades alimentarias. Un panorama que se repite en otros comedores comunitarios de la provincia que en este último tiempo vieron aumentada la demanda de personas que llegan a pedir una ayuda alimentaria.

La mujer lamenta que sólo pueden abrir el comedor dos veces por semana “porque la mercadería que recibimos no nos alcanza para funcionar todos los días”. “Es mucha la necesidad que hay y sobre todo lo vemos en los chicos que esperan que abramos porque no comen”, comentó la mujer a LMNeuquén. Por eso junto a otras mujeres que colaboran en el comedor decidieron no sólo asistir a las familias al mediodía sino también por las noches. “Hay muchos chicos que se van a dormir sin comer”, aseguró. Agregó que en muchos casos la comida que ellas les ofrecen “es la única comida del día” con la que cuentan.

El comedor Ruca Antú funciona los lunes y jueves y asisten a unas 30 familias por día. “Vienen con el tupper y le entregamos la vianda con comida y pan casero”, precisó. Alejandra advirtió que en este último tiempo dejaron de recibir la mercadería necesaria para llevar adelante la asistencia por lo tanto deben recurrir a donaciones de particulares para poder dar respuesta a la alta demanda. “Estamos recibiendo alimentos como fideos, arroz, polenta a través de la organización Libres del Sur, y hay personas que nos donan carne, pollo, frutas, verduras. Muchas veces nosotras mismas salimos a comprar para ir variando la comida. El gobierno no nos entrega nada, y desde abril nos cortaron el pan”, describió.

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Contó que los días que abren llegan familias de los barrios Ruca Antú, El Trébol y Parque Industrial, y también lo hacen los chicos solos. “Los chicos vienen fuera del horario del comedor o los días que no abrimos, te tocan la puerta y te preguntan: ‘Tía, ¿tenés algo para darme para comer?’ La verdad que te pone la piel de gallina”, precisó la mujer que se dedica al comedor “el 99 por ciento de mi vida”. “La situación de los chicos es lo que más nos duele. Hay chicos mal nutridos, con obesidad por mal nutrición, con bajo peso, enfermos porque tienen las defensas bajas por no alimentarse bien”, describió mientras preparaba los tallarines que en un rato comenzarán a retirar las familias.

En el barrio Confluencia, Silvia lleva adelante hace nueve años el comedor y merendero Luz de Esperanza al que acuden todos los días unas 30 familias. “Les servimos la merienda a unos 35 chicos”, contó Silvia mientras preparaba pan casero. “Los viernes les tratamos de dar algo más a los chicos para que puedan tener algo más en la casa, porque sabemos que no tienen, y así pueden comer el fin de semana. Le damos leche, pan, manzanas, fideos y arroz”, contó la mujer que el jueves estaba contenta porque una persona le había donado yogures.

"Lo que estamos viendo ahora es que hay más necesidad", sostuvo la mujer que contó que "todos los días pasa gente que se ofrece a barrerme la vereda por un pedacito de pan. Esto antes no ocurría y es muy triste en una provincia con tanta riqueza". Por otra parte, señaló que al comedor llegan personas provenientes de otras provincias que llegaron a Neuquén en busca de trabajo. "Es gente, algunos casos familias, que no consiguen trabajo, duermen en la calle o en la terminal y se vienen caminando hasta acá para pedir comida", señaló.

Los días jueves, antes de servir la merienda a los chicos, Silvia brinda un taller de manualidades. "Hacen su manualidad pero la realidad es que vienen por la merienda", agregó la mujer que comentó que la mercadería les llega por el Banco de Alimentos y también reciben donaciones de personas solidarias. "En realidad hemos podido mantener este comedor con lo que la gente nos dona", precisó. Sin embargo, advirtió que en este último tiempo están llegando menos donaciones a causa de la difícil situación económica que atraviesa el país.

Además de abrir las puertas del comedor y merendero, Silvia les abre su corazón a los chicos que llegan hasta la casa ubicada en Tronador y Pomona. "Algunos chicos se sientan y me cuentan sus problemas, me ven sola y me dicen 'Tía, necesita hablar una cosita con usted'. También están quienes me piden si tengo leche o pañales para su hermanito", explicó.

Afirmó que “muchos chicos salen del colegio y vienen a buscar la comida al mediodía para llevársela a su casa y después a la tarde vienen por la merienda”. Comentó que hay casos de familias con chicos que se encuentran en situación de calle y asisten al comedor. “Es muy triste cuando vienen los chicos a la merienda y después se llevan lo que sobra para dárselo a sus hermanitos”, concluyó Silvia.

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En el merendero Luz de Esperanza ubicado en el barrio Confluencia, Silvia les ofrece a los chicos un taller de manualidades antes de darles la merienda.

En el merendero Luz de Esperanza ubicado en el barrio Confluencia, Silvia les ofrece a los chicos un taller de manualidades antes de darles la merienda. "En realidad, los chicos vienen al taller por la merienda", aseguró la mujer que hace nueve años está al frente de este espacio de asistencia.

“Los chicos te cuentan lo que sufren a diario”

Alejandra del comedor del barrio Ruca Antú contó que la idea de abrir este espacio de asistencia a las familias surgió hace unos años “por necesidad” pero con el transcurso del tiempo “me empezó a gustar estar con las familias y sobre todo con los chicos, y poder ayudarlos pero también poder compartir su situación que son más complejas que las de uno”. “Empecé a ver otras realidades y eso te lleva a encariñarte con las familias y los chicos te empiezan a contar lo que atraviesan a diario”, sostuvo.

“No tenemos título pero después de tantos años con este trabajo en el comedor estamos capacitadas para contener a las familias en situaciones complejas, podemos decir que en muchos casos nos convertimos en mamás, tías, psicólogas. Tenés que tener un muy buen espíritu para hacer esto”, describió la mujer que tiene cuatro hijos de 8, 12, 13 y 15 años. “Tratamos de contener mucho a las familias que están pasando por una situación tan difícil con la idea de que en algún momento puedan salir”, señaló.

“Vienen a buscar la comida antes de ir a la escuela”

“Hay que invertir presupuestos en la alimentación de nuestros niños y niñas. Nosotros vemos que de la pandemia para acá no bajó la cantidad de personas que van a los comedores”, dijo Gladys Aballay, referente de Libres del Sur, durante el lanzamiento del Índice Barrial de Situación Nutricional (IBSN) que llevará adelante el Instituto de Investigación Social Económica y Política Ciudadana (Isepci) que ofrecerá indicadores del crecimiento de los niños en sectores vulnerables de la ciudad.

El estudio permitirá la detección de malnutrición en niños, niñas y adolescentes de 0 a 18 años residentes en barrios vulnerables. Además de la situación nutricional, se hará una encuesta sobre calendario de vacunas y grados de escolaridad.

Los datos serán recabados en comedores, merenderos, centros comunitarios, escuelitas de fútbol, iglesias, entre otros.

Aballay comentó que en los comedores comunitarios del movimiento Libres del Sur “tuvimos que adelantar la entrega de comida al mediodía para que el chico que va a la escuela pueda comer antes de su ingreso a la escuela”. Por otra parte, indicó que en las escuelas del oeste “los chicos le preguntan a las seños si pueden repetir la merienda o si se pueden llevar el pan para llevarselo a sus hermanitos. Es una realidad que los chicos no tienen para comer”.

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