"Me recibí, me recibí", corea con alegría. Lautaro Bravo no esconde su felicidad, su emoción de haber terminado la secundaria, y aunque con eso aparece el desafío del futuro, junto a su mamá, Marcela Bravo, no quiere escatimar los festejos de poder haber transitado este proceso educativo con mucho apoyo y escucha de parte del Colegio San José Obrero.
Aunque llegar al secundario para muchos niños es casi un camino normal, para Lauti no fue nada fácil. Pasó por escuelas públicas, privadas, privadas de gestión pública, de Neuquén y de Cipolletti. Era avanzar hasta que ya la institución no sabía cómo seguir con él y entonces aparecía una nueva escuela con ganas de incluir entre sus estudiantes un niño con síndrome de down, pero a veces sin herramientas.
Con esos golpes que la vida le dio, Lautaro llegó a iniciar su secundario en el Colegio San José Obrero y allí se quedó hasta este año que logró recibirse y obtener el título de auxiliar técnico en carpintería.
"Nuestra familia es monoparental, estamos solos los dos, pero sí rodeados de familia y amigos. La escolaridad de Lautaro comenzó cuando tenía dos años, al principio no fue difícil, pero sí se tornó más duro cuando entramos a la escolarización formal en salita de 4 y 5 y después la primaria. De esto ya pasaron 18 años y ahí recién se estaba hablando de la inclusión educativa desde una teoría que aún no estaba en práctica. No fue un camino fácil, pero tampoco imposible", contó a LMNeuquén Marcela, con el sabor del triunfo entre sus labios.
Es que, aunque ella deja a la vista que tiene una fuerza arrolladora con la que acompañó el camino educativo de su hijo, necesito además de más manos colaborativas para poder llegar a que este 2022 su hijo pueda levantar su título de secundaria.
"Lauti siempre tuvo deseos de aprender y lo difícil fue encontrar el deseo de aquel docente de enseñar, pero en la manera que él aprendía. No nos imaginábamos cómo podía ser esta educación media con todos esos baches que habíamos tenido que sortear en la primaria. No recuerdo bien cómo fue que llegamos al San José Obrero, pero sí sé que acá encontramos personas no con una fórmula, sino predispuestas a crearla", describió Marcela, quien recordó que cuando llegaron al colegio se encontraron con Juan Espinoza, el director de la institución que falleció en 2019, al que consideró una persona totalmente abierta. "Él fue muy sincero en ese momento. Más allá de que yo considero que el San José aborda y aloja un montón de alumnos desde una diversidad inmensa, desde lo social, cultural y económico, la discapacidad era todo un desafío en ese momento, y hubo una inmensa predisposición de la escuela para ver de qué manera se lo podía acompañar a Lautaro, con todas las herramientas que después se fueron construyendo", describió.
La mamá de este joven con discapacidad destacó la labor continua del colegio para que Lautaro pueda adquirir todos los conocimientos al igual que sus compañeros y compañeras. Confesó que allí dejaron de lado el síndrome de down, que muchas veces es lo primero que se ve, para poder ver en toda la diversidad a los chicos más allá de sus condiciones.
Marcela insistió en remarcar que no hay recetas para dictar clases para un estudiante, todos son distintos, al igual que cada docente es distinto y la propia escuela es dinámica. "Haber podido descubrir de qué manera se puede ver al alumno más allá de la condición que tiene fue la llave para poder entender de qué manera aprende", consideró.
"Las escuelas normalizadoras se están dejando de lado a partir de las escuelas inclusivas. Esas eran las escuelas de antes, donde el que no se acomodaba a esa forma de enseñanza iba quedando un poquito afuera, la tendencia a la educación inclusiva es poder ver que cada estudiante puede aprender desde tintos lugares. Hay alumnos que aprenden de una sola manera, pero para eso tenés que ver qué le gusta, que no, todo lleva un tiempo, pero hay herramientas para detectar las particularidades", aseguró la mamá de Lautaro.
Y ese gran recibimiento que Marcela y Lautaro sintieron al llegar a esta institución educativa no fue más que una premisa dentro de las paredes del San José Obrero: "La inclusión es una convicción de la escuela". "Lo que se hizo con Lautaro es lo mismo que se hace con todos los chicos, primero un periodo de adaptación, de conocernos, no hay recetas para nadie, hasta que no nos empezamos a conocer con Lautaro no pudimos diagramar un esquema de trabajo. Cuando uno incluye, no incluye a un solo chico, sino a ese chico con sus características, a su familia, a la gente que trabaja con ese chico, sus acompañantes terapéuticas, incluye un montón de agentes que van a ser parte del trayecto, en este caso de Lautaro", precisó a LMN Claudio Gómez, vicedirector del Colegio San José Obrero.
Gómez contó que a esa escuela secundaria concurren otros chicos con discapacidad, pero también un montón de otros jóvenes con otras problemáticas. "Si uno quiere ser inclusivo hay que incluir a todos, es todo un camino que en estos años fuimos construyendo, incluso creo que hay que explotar más el concepto de inclusión, y ahí también incluimos a los docentes, porque dentro de este proceso inclusivo los docentes no tienen la fórmula para cada uno, entonces participan de esta construcción con sus días buenos y malos", indicó.
"Casi un 10% del estudiantado está bajo el concepto de inclusión, pero después tenés un montón de chicos con muchos problemas familiares, problemas para estudiar, hay chicos que están viviendo en hogares, judicializados, entonces la discapacidad tiene compañeros. Y los compañeros también viven la inclusión, todos los chicos son distintos, no solo los que tienen certificado de discapacidad", manifestó el docente.
Con respecto a la enseñanza que recibió Lautaro, Gómez comentó que la adaptación siempre fue muy conversada, pero que nunca tuvo como objetivo que este estudiante haga de menos. Tanto Lautaro como todos sus compañeros cuentan con las herramientas para saber hacer un mueble, cada uno con sus particularidades, quizás más grande o más chico, pero todos aprendieron lo mismo.
"Fueron muy interesantes estos años con Lautaro, él se va con su título ahora, y está recontento, su familia también, pero los docentes también aprendieron mucho. Me acuerdo de que en taller fue un desafío, y el maestro que lo acompañó hizo logros muy grandes y significativos, para Lautaro y para él. Porque la alegría de ver que un estudiante aprende, con discapacidad o sin discapacidad, esa alegría no se quita. Y las ganas del docente de encontrarle la vuelta y lograr el aprendizaje es emocionante, y esa también es una herencia que nos va a dejar Lautaro, así como él, van a venir otros, y nos va a dejar un bagaje de estrategias para los chicos", expresó emocionado el vicedirector.
Acompañante
Andrea Lizama, docente integradora quien acompañó la trayectoria educativa de Lautaro contó por ejemplo que para ayudar a visualizar todas la materias y sus profesores confeccionó un cronograma con los horarios y hasta fotos de los docentes que pegó en una pared del aula. "Pero después todos los estudiantes venían para ver qué materia tenían ese día y con qué profesor. Fuimos construyendo muchas cosas para todos los estudiantes", contó la docente entusiasmada con la experiencia que vivió.
Lizama contó que desde el principio tuvo una muy buena relación con sus compañeros, y aseguró que tienen muy buenos recuerdos entre ellos. También Eveling Berti, acompañante terapéutica destacó la labor de este estudiante quien aseguró que pudo hacer muchos muebles, igual e incluso más que sus compañeros.
"Lo primero que me aparece con este recibimiento es el orgullo de madre. No te se decir si otra mamá cuando su hijo va a recibir su título hace todo un recorrido hasta el jardín. Pero en nuestro caso todo fue una construcción, son todas piecitas que contribuyeron a que hoy Lautaro tenga su título. Como mamá también siento que me recibo, que se me termina una etapa junto con Lauti. No puedo sentir más que orgullo de haber logrado esta apertura. Si nuestro tránsito colaboró a esta deconstrucción de la normalización educativa para pasar a esta escuela abierta que abraza y aloja a todos sus alumnos bienvenido sea, estoy satisfecha", concluyó la mamá de Lautaro.
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