Estar en el momento preciso. Ni un minuto más, ni un minuto menos. Una serie de casualidades o causalidades que se encadenaron de manera asertiva para dar lugar a un final feliz.
Para el oficial Nicolás del Caro este jueves iba a ser un día más, más allá del corte que implica en la rutina los días de descansos. Sin embargo, un episodio al llegar a su casa convirtió ese franco en una jornada memorable.
El reloj marcaba las 21.30 cuando su pareja se bajó del auto para abrir el portón de su vivienda, ubicada sobre la calle Carmen de Patagones al 300, en el barrio Sapere. Un pedido de auxilio a los gritos la puso en alerta y enseguida volvió a acercarse a su marido para darle aviso.
"Enseguida di vuelta con el auto, eran tres o cuatro casas de distancia. Me bajo y vi a un vecino con un bebé a upa y al padre de la criatura que estaba a los gritos desesperado. Temblaba, gritaba. Salté la reja y un paredoncito porque estaban los dos tan nerviosos que no me podían abrir. El nene estaba cianótico, hiporeactivo, tenía dificultades para poder respirar, así que le pedí al hombre que lo sostenía que me lo diera", relató, en diálogo con LMNeuquén, el oficial de la policía de Neuquén que, en medio de la angustiante situación y del shock de los vecinos, se concentró para conservar la calma y desplegar el protocolo de acción que aprendió en la fuerza.
Luego de pedirle al padre de la criatura que llamara al 101 para solicitar un móvil policial y la intervención del Sistema Integrado de Emergencias Neuquén (SIEN), Nicolás acudió a una vecina que acababa de llegar ante la falta de reacción del papá que estaba completamente abrumado. "Saqué el mi teléfono del bolsillo, mientras tenía al bebé a upa y se lo dí para que llamara al comando. Estaban tan nerviosos que ninguno podía hablar, así que les pedí que pusieran el alta voz y hablé yo. Me identifiqué, les dije lo que pasaba y les pedí que activaran una ambulancia y un móvil", recordó.
A todo esto, ya le había empezado a practicar RCP (reanimación cardiopulmonar), por lo que la reacción del bebé no tardó en llegar. "Mientras hablaba con el comando le hacía RCP. Lo tenía apoyado en el antebrazo, boca abajo y en un momento el nene empezó a vomitar y a reaccionar. Ahí me centré en el bebé, dejé de hablar con el Centro 1 y la vecina cortó. Yo seguí asistiendo al bebé que, después de vomitar por segunda vez, empezó a tener una temperatura y coloración más normal", relató y agregó que en unos instantes llegaron en un patrullero el cabo Almeida y el sargento primero Cheuquenianco, que enseguida se pusieron a disposición para seguir asistiendo al niño y a su papá.
"Después llegó la ambulancia y controlaron que todo estuviera bien. El papá lloró un poco, se desahogó y se quedó con su hijo", añadió Nicolás, para luego contar qué fue lo que desató el terrible episodio.
"Yo no sabía lo que había pasado. El papá estaba tan nervioso que no me pudo decir qué fue lo que desencadenó la situación. Yo no sabía si tenía la vía aérea obstruida o si se había ahogado con agua", dijo, para luego comentar que el bebé de once meses se ahogó mientras su papá lo bañaba. El hombre lo había dejado en la bañadera un instante para ir ver a su otro hijo -de tres años- y cuando regresó encontró a la criatura en el agua, morada, sin reacción ni respiración. El hombre se había quedado solo con sus dos hijos, luego de que su pareja y madre de los pequeños se ausentara por unas horas de su hogar.
Nicolás contó que, mientras él salvaba al niño, una vecina se encargó de cuidar a su hermanito que se encontraba en el interior de la vivienda.
"A las 23 volví a acercarme para ver cómo estaba todo. Ya había llegado la mamá y el bebé estaba bien. Estaba tomando la teta. Todos estaban más tranquilos", manifestó y agregó que a esa misma hora personal de salud hizo un nuevo chequeo médico del niño a través de una videollamada.
"Me recibí hace un año y esta es la primera vez que actúo en una situación así", expresó el oficial de 27 años que recién cayó en la cuenta de que había salvado la vida de un bebé, cuando el niño era asistido en la ambulancia. "Un enfermero me dijo que le había salvado la vida y ahí me cayó la ficha de todo. Por ahí en el momento uno se centra en trabajar, hacer las cosas bien y tomar las mejores decisiones y no se da cuenta de la magnitud de lo que está haciendo. Y es distinto trabajar con una persona adulta que con un infante o un lactante, es mucho más estresante. Hay que tener mucho más cuidado y ser más delicado -con el cuello, la cabeza- al movilizarlo", postuló y remarcó que este tipo de intervenciones son "parte del trabajo de todos los días, de lo que hacemos todos como institución".
Por último, Nicolás hizo una reflexión acerca de la serie de coincidencias que se dieron para que él pudiera ayudar y salvar la vida del pequeño. "Yo justo estaba de franco, llegando a mi casa. Es el típico que uno está donde está en el momento que tiene que estar", concluyó.
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