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El hombre de los VHS: la historia del mayor coleccionistas de películas de Argentina

Iván Barreiro reune más de 9.000 películas en este formato y 11 videocaseteras.

"¿Qué es un Video Club papá?", pregunta Nico y el padre lleno de nostalgia le explica que es algo que ya no existe más y que en sus tiempos cuando querías ver una película que no daban ni en el cine, ni en la televisión, ibas a un lugar a “alquilarlas”.

Nico consulta cómo era eso de alquilar y por qué tenía que ir hasta un lugar para hacerlo si lo podía hacer desde el celular. Al papá esta pregunta lo hace sentir su abuelo y decide rendirse concluyendo el diálogo: “Es que cuando nosotros éramos chicos no teníamos celular, ni posibilidad de ver las películas que queríamos cuando quisiéramos, por eso íbamos a alquilarlas al videoclub”.

El papá de Nico, que ronda los 40, fue niño en los '80 y no se siente fuera de época. Refuerza la explicación a su hijo con la anécdota de que antes de devolver las películas tenías que “rebobinarlas” porque si no te cobraban una multa y cuando llegaba algún estreno había que anotarse en una lista de espera que llevaba en un cuaderno el dueño del lugar. Estas debían devolverse antes de las 18 porque sino te cobraban otro recargo.

Para las nuevas generaciones de nativos digitales, que navegan por las “redes” a su antojo y dominan el arte de encontrar películas en la versión de la mayor definición posible y descargarlas legales o “pirateadas”, el sistema de videoclubes y los VHS les parece un completo e incomprensible disparate.

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EL VHS revolucionó el cine en los '80.

EL VHS revolucionó el cine en los '80.

El VHS es un formato de grabación y reproducción casero de video llamado así por sus siglas en inglés Video Home Sistem (en castellano Sistema Casero de Video). Fue un invento de principios de los años '70, aunque no se lanzó al mercado sino hasta 1976, convirtiéndose en furor al llegar a la Argentina en los '80. Se trataba de una estructura plástica de casi de 18cm por algo más 10cm que resguardaba en su interior una cinta magnética de ½ pulgada y que se reproducían en la televisión mediante una videocasetera, preciado objeto de lujo y consumo, que los hogares de clase media fueron adquiriendo de forma progresiva dando origen a la era de los videoclubs.

La evolución de los formatos, que fue del casette al CD y al Blue Ray, y el avance de la televisión por cable al streaming llevaron a los videoclubs a su desaparición.

Los “videocasetes” como se las conoce popularmente se transformaron en objetos de culto y coleccionismo. Uno de los mayores coleccionistas de VHS de Argentina es Iván Barreiro, propietario de una empresa de construcciones metálicas y que a sus 45 años logró reunir más de 9.000 películas.

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“Mi pasión, mi amor por los VHS, nació hace muchos años, creo que cuando tenía 20 e iba al videoclub de mi barrio en Parque de los Patricios. Con el tiempo me di cuenta que estaban desapareciendo, me ganó la nostalgia y comencé a coleccionarlos. Empecé yendo a los videoclubes con mi padre desde los 12 años y a los 20 con mi hijo, nos pasábamos horas viendo los títulos en las estanterías. Hay coleccionistas de todo tipo de formatos, pero mi opinión, el VHS es el mejor de todos por estética y durabilidad. Yo tengo títulos que ya cumplieron 40 años y se siguen viendo impecables. El mundo del coleccionismo es muy hermoso, todos los días te haces de nuevos amigos que tienen tu misma pasión. A muchos no los conozco ni siquiera personalmente, pero nos contactamos casi todos los días por las redes sociales para hablar de títulos de películas que nos gustan y que son difíciles de conseguir, no los nombro porque son muchos y porque es como que ese inmenso mundo paralelo”, contó a LMNeuquén.

Iván atesora una de las pocas copias que quedan de una de las primeras películas de Adrián Suar. “La película 'Charly, Días de Sangre' de 1990 dirigida por Carlos Galettini y en la que actúa siendo muy jovencito Adrián Suar contiene al parecer algunas escenas de cama, de las que el actor se sintió arrepentido, y cuenta la leyenda que mando a comprar todas las copias que existían en los videoclubes, para hacerlas desaparecer. Afortunadamente algunos pocos coleccionistas tenemos los escasos VHS que se pudieron salvar", agregó Barreiro.

"Además, tengo muchos otros títulos que son verdaderas joyas como: “El Inquisidor- El Fuego del Pecado” (1975), “El Video de la Muerte” y “La Puerta del Infierno (1980), todos clásicos de cine de Terror. Ser coleccionista es algo que te lleva tiempo, pero me las arreglo porque no puedo dejar de trabajar, ni puedo dejar de coleccionar. Gracias a Dios a mí me va muy bien tanto con el trabajo, como con el coleccionismo y ambas cosas las considero muy necesarias en mi vida", destacó.

Barreiro contó que el mundo del coleccionismo de VHS es muy grande, existen coleccionistas en muchos otros países y cada día se suman más. "Tenemos un grupo en Facebook llamado "VHS ARGENTINA COLECCIONISTA " en el que intercambiamos información, mostramos nuestras colecciones y se convirtió en un lugar en el que la gente disfruta viendo desde las tapas de las películas hasta información muy específica y que no está en cualquier parte”, añadió.

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Iván recorre el país cuando su actividad comercial se lo permite y salva VHS con sus cajas originales de depósitos, galpones y hasta de basurales cuando le avisan a tiempo.

“Muchos ex dueños de video y otros particulares me han contactado para ofrecerme sus VHS y allí salgo a rescatarlos, he recorrido casi todo el país La Pampa, Córdoba, Misiones. Para mí, es un hobby muy lindo, una pasión que uno siente y cuando ve un VHS y te resistís a que alguien lo tire a la basura o lo destruya porque o te lo guardas o bien se lo podés obsequiar a otro coleccionista. Cuando consigo películas de títulos que no son de mi agrado, se los regalo a quienes recién empiezan en esta pasión, de hecho, esta semana ya he regalado varios”, dijo.

La colección de Iván también la integran 11 videocaseteras que funcionan y en la que disfruta viendo toda su colección. Aunque no ya no tiene que salir corriendo al videoclub a devolverlas, las rebobina prolijamente porque sabe que sus hijos, que comparten su afición, también les gusta verlas desde el principio, con el cuidado y respeto con que se trata a un objeto de culto sobreviviente de los ochenta.

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