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El ladrillero que no se rinde y enseña su trabajo ancestral

Benito "Gringo" Troncoso es uno de los últimos ladrilleros del paraje rural de Los Hornos que aún mantiene la tradición de cortar ladrillos.

Con la esperanza de abrirse camino en la vida y en el tiempo, en las primeras décadas del siglo pasado, un puñado de familias se animó a vivir y a emprender un desafío como lo fue arrancarle con las manos la riqueza a las tierras que parecían un desierto. Así fueron naciendo los primeros hornos de ladrillos que fueron levantados a fuerza de pulmón y con ganas de escribir una historia distinta a las privaciones y lejanías.

El arte del adobe empezó a florecer en el paraje rural de Los Hornos. Hombres y mujeres hundieron sus manos en el barro y fueron moldeando uno a uno los millones de ladrillos y ladrillones que han salido desde ese paraje hacia tantos destinos para darle vida a distintas obras. En cada unidad vendida se fue un pedazo de vida, de sacrificio y de largos sueños de los horneros. Significaron además el valor fundamental para construir un propio hogar, para poner un plato de comida a la mesa y para pagar el estudio de los hijos.

Esta es la historia del trabajo que atravesó la vida de Benito Troncoso. “El Gringo”, como es conocido por todos, mientras completaba sus estudios en la escuela primaria 135 de Mariano Moreno en las tardes se iba al paraje de Los Hornos a estibar ladrillones y a cortar sus primeras producciones.

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Supo forjar sus primeros años de trabajo junto al mítico Don Carlos Viviani, un emblema de la industria en el lugar. “El trabajo de ladrillero es mi orgullo y dignidad”, afirmó.

Supo forjar sus primeros años de trabajo junto al mítico Don Carlos Viviani, un emblema de la industria en el lugar. “El trabajo de ladrillero es mi orgullo y dignidad”, afirmó.

Hoy, con un poco más de medio siglo de vida sobre sus espaldas, aún se anima a cortar ladrillones y ganarse “el mango” con el sudor de su frente y el eterno sacrificio de sus manos. “Siempre tengo las manos llenas de barro pero también están llenas de orgullo y dignidad. Todo lo que hoy tengo se lo debo a este oficio que voy a hacer hasta que el cuerpo me aguante y las fuerzas me acompañen”, dijo con profunda satisfacción.

También reconoce que de este sacrificado oficio aprendió los mejores secretos del corte de ladrillos del legendario Carlos Viviani y con el tiempo de su hijo Carlitos. “De ellos aprendí todo. Fueron y son como mi familia. Siempre estuvieron en las buenas y en las malas conmigo. Muy agradecido estoy”, apuntó.

Benito Troncoso nació un 19 de abril de 1970 fruto de la pareja emprendedora compuesta por Cristino Troncoso y Seferina del Carmen Montecino. Sus hermanos son José, Florencio y Verónica.

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Salió a probar la vida

Benito apenas cumplió la mayoría de edad decidió “salir a probar la vida”. Como ya manejaba bien todo el tema y los secretos del trabajo ladrillero se fue a trabajar a hornos y empresas del rubro en Plottier, Allen, Vista Alegre y Picún Leufú. “Fueron unos 8 años que anduve por todos esos lugares. Trabajé en hornos tradicionales y en otros industrializados. Conocí mucha gente y gané amigos para toda la vida”.

Este ladrillero que en una parte del trayecto recorrido conoce a su compañera de vida (Silvia Castillo) y juntos trajeron a la vida a sus tres hijos: Keyla, Nicolás y Jeremías. Desde entonces su esposa lo acompaña en la actividad. “Es la que siempre se encargó de la administración del emprendimiento y además es la agente de ventas de nuestros ladrillones”. Agrega que “siempre ha sido un puntal necesario para encarar temporada a temporada este trabajo que es mi forma de vida”, contó Benito.

Hace varios años tiene su campamento propio en el paraje de Los Hornos (a 8 kilómetros de Mariano Moreno) donde en cada temporada produce miles de ladrillones. Su trabajo es totalmente artesanal y la mayoría de los movimientos de materiales los realiza en carretilla. Es su único jefe y su único empleado. Logra cortar 1400 ladrillones por jornada.

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Condenado a desaparecer

El trabajo de los horneros siempre ha estado emparentado con la dedicación y la ofrenda para el crecimiento del lugar a través del aporte de material o echando una mano para forjar algún emprendimiento. A lo largo de la historia la mayoría de los ladrilleros donaron materiales para algunas infraestructuras tanto del paraje como en Mariano Moreno. Sin embargo con el paso del tiempo y la escasa o nula presencia de los espacios de gobierno la actividad está prácticamente condenada a desaparecer. Así lo siente y lo dice Benito. “Cuando yo arranqué con esta actividad aquí en Los Hornos había más de 40 ladrilleros. Y hoy no llegamos a 10 los que aún apostamos a esto”. Agrega que “es una lástima que sea así pero ya nadie quiere hacer esto. A las nuevas generaciones no les atrae la actividad y así con este ritmo en un par de años esto va a desaparecer porque no habrá quienes lo continúen”.

Según Troncoso otro de los factores que ha impactado de forma negativa en la actividad es el poco apoyo que reciben del estado “Hoy es toda una lucha conseguir los insumos para desarrollar la actividad, si bien contamos con una buena arcilla el problema es lo demás como el aserrín, la leña y la carbonilla”. A pesar de estas carencias en cada temporada se las ingenia para conseguir todo y arrancar de nuevo. “Si hay que morir, lo haré de pie y trabajando. Este oficio es mi pasión”, remarcó.

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Esta semana cumplió 53 años y los festejó cortando ladrillos para no perder la costumbre. Además recibió la visita del grupo “Mayores Activos” de Mariano  Moreno. Sus integrantes vivieron la experiencia de “moldear” los adobes. Un encuentro generacional increíble.

Esta semana cumplió 53 años y los festejó cortando ladrillos para no perder la costumbre. Además recibió la visita del grupo “Mayores Activos” de Mariano Moreno. Sus integrantes vivieron la experiencia de “moldear” los adobes. Un encuentro generacional increíble.

La visita de los mayores activos

“El Gringo” es conocido en el pueblo por su amabilidad y generosidad. Siempre dispuesto a ayudar a los demás. En este camino y un día después de su cumpleaños recibió en su “horno” a las integrantes del grupo “Mayores Activos” de Mariano Moreno. Fue un encuentro generacional increíble. Benito hizo un alto en sus habituales tareas y les contó y les mostró a todas las adultas mayores como se hace el trabajo que lo viene acompañando desde hace 40 años. Cada una de las mujeres se sintió atraída por la actividad y a su turno fueron tomando el centro de la escena y hundieron sus manos en el barro y le fueron dando forma a los adobes en el molde y luego los depositaron en la cancha de secado. Tras terminar la faena tuvieron la oportunidad de escribir su nombre en cada adobe y en unos días cuando se “queme el horno” recibirán el fruto de su trabajo, ya en forma de ladrillón, para guardarlo de recuerdo de un día inolvidable. Muchas de las visitantes era la primera vez que estaban en un horno de ladrillos y más aún en el proceso de elaboración. “Es un trabajo muy sacrificado pero veo que Benito le pone mucha pasión y valoro mucho su tarea porque no es para cualquiera. Hay que poner muchas horas de esfuerzo para cortar tantos ladrillones”, contó doña Nina Fuentealba (de 84 años). En tanto doña Luisa Campos señaló que “me gustó mucho aprender a hacer los adobes que después se transforman en ladrillones. Felicito a Benito y a todos los horneros que todavía le ponen mucho empeño y ganas para continuar esta labor tan antigua”.

De esta manera “el Gringo” se transformó en maestro por un día y enseñó los secretos de este trabajo ancestral que por tantos años desplegaron en este lugar pioneros ladrilleros como: Carlos Viviani, Juan Mazzina, Juan Zúñiga, Santiago Zanandreis, Ramón Rojido, Guillermo Siena, Manuel Hernández, Manuel Sandoval y Carlos Candia entre otros.

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“Las manos en el barro fueron el secreto esencial para darle vida y futuro a mi familia. El trabajo ladrillero es mi orgullo y mi dignidad”, expresó el ladrillero.

“Las manos en el barro fueron el secreto esencial para darle vida y futuro a mi familia. El trabajo ladrillero es mi orgullo y mi dignidad”, expresó el ladrillero.

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