El sector azul del MPN que creó y conduce Jorge Sapag desde 2007 se transformó en una máquina de construcción de poder, que abarca todos los planos del ámbito político provincial.
Las últimas elecciones del domingo, donde esta línea interna se impuso en cinco de seis seccionales que definían a sus autoridades, son sólo la fotografía de una película que muestra que adentro y fuera del partido de gobierno no hay rivales en condiciones de disputar espacios.
Si bien el MPN ha perdido caudal electoral en las últimas elecciones a gobernador, lo cierto es que de la mano del oficialismo emepenista se revalidó la conducción de la provincia y se recuperaron las ciudades más importantes: Neuquén capital es el caso más claro, pero también sirven como ejemplo Zapala o San Martín de los Andes. Además, las intendencias que el MPN había ganado con el sector Violeta, como San Patricio del Chañar o Chos Malal, se tiñeron de azul.
Lejos y en el tiempo quedó esa interna con los azules y blancos petroleros, tras el resonante triunfo de Guillermo Pereyra en las recordadas PASO de 2013. Y más atrás todavía, la pelea con la línea Blanca de Jorge Sobisch, quien compitió por la gobernación y que presidió en su momento el MPN.
Hoy, los que no están en el oficialismo patalean desde lo discursivo pero después buscan acordar para no quedar fuera de los armados electorales. Este año, los petroleros habían quitado a sus representantes de la Junta y la Convención pero después, cuando restaba poco para el armado de listas de renovación de autoridades, quisieron incorporar algunos nombres con el objetivo de arribar a un consenso. Eso no ocurrió, compitieron en sólo cuatro seccionales y se quedaron con la conducción de una: Añelo.
Si la mirada apunta al escenario 2023, a Rolando Figueroa le pasa algo parecido. No quiere competir en una interna a gobernador y pretende que el oficialismo le levante la mano. Pero nada hace pensar que en noviembre, cuando se realicen las internas, este sector presente a otro candidato que no sea Marcos Koopmann.
En este contexto, los azules también le marcan la cancha a la oposición al MPN, que carece de liderazgos fuertes y que, si no logra algún tipo de unidad, difícilmente pueda disputar el poder a un proyecto político que se fue reinventando a lo largo de casi seis décadas.
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