Tras la apertura del local en pleno centro, resurgieron los cuestionamientos de vecinos. Hubo un operativo de inspectores municipales, que midieron la intensidad del ruido.
Desde que se anunció la apertura de un boliche en pleno centro de Cipolletti, a mediados del año pasado, los vecinos del sector manifestaron ante las autoridades comunales su descontento por los ruidos molestos que podría generar y el descontrol que este tipo de emprendimientos suele provocar.
Según afirmaron, no estaban errados, porque la noche misma de la inauguración, el último viernes, el volumen de la música estaba tan alto que los vidrios de las viviendas aledañas vibraban, por lo que se les hizo imposible poder descansar.
Ese mismo efecto lo padecieron en las pruebas de sonido realizadas en los preparativos de apertura, lo que acentuó los reclamos. Incluso en esos ensayos en uno de los inmuebles apareció una pared agrietada, y se lo adjudican a la potencia de los equipos.
El local bailable se llama Broxstar y está en España 168. Pertenece al mismo dueño de KPLA, un bar ubicado a la vuelta por calle Roca, que también se transforma en boliche y del mismo modo es fuente de protestas por los desmanes que se han desatado en muchas oportunidades.
Uno de los vecinos más molestos es Carlos Franco, cuya casa está pared de por medio. El viernes por la noche al advertir que el sonido le impediría dormir llamó al municipio (147) para que inspectores midieran la intensidad de la música desde el interior de su casa, donde los vidrios vibraban por el alto sonido. Afirmó que cuando los custodios del comercio observaron que los empleados comunales llegaron con maletines, dedujeron de qué se trataba e inmediatamente el volumen bajó.
“Era sabido que esto iba a pasar. Esta es mi casa de toda la vida y no es justo que tengamos que sufrir, porque nadie hace nada por nosotros”, lamentó.
Franco, miembro de una tradicional familia de la región, aclaró que no tiene nada contra el dueño del boliche “que seguramente hizo una gran inversión y da trabajo”, pero enfatizó que ellos también tienen derecho a vivir tranquilos.
“Entendemos que el Código Urbano lo permite, y en eso se escudan. Pero también nosotros nos merecemos respeto. El municipio tiene potestad para sacar un decreto que directamente clausure el lugar, que eso es lo que queremos”, sostuvo Franco.
De acuerdo a la información que manejan, el municipio habilitó el boliche por 90 días, por lo que insistirán con el cierre.
Una grieta en la pared
Otro vecino del boliche aseguró que el alto sonido no solo le produce vibraciones en los vidrios, sino que hasta la pared que linda con el local nocturno apareció una rajadura desde el piso hasta el techo.
Resaltó que la falla se las exhibió a los inspectores municipales cuando el viernes fueron a medir la potencia del volumen a la casa de Franco. Sostuvo que los empleados comunales también hicieron registros fotográficos para agregar al expediente ya iniciado.
Lo grave, afirmó, es que el ruido lo tiene que soportar de miércoles a domingos, dado por la ubicación de su vivienda lo afectan Broxstar, KPLA y el local que está en la planta alta, lo que configura un complejo de boliches.
Enfatizó que por la fuerte música logra conciliar el sueño entrada la madrugada, pero que de todos modos “no se puede descansar”.
“El cerebro no descansa, porque el oído es un sentido que no podemos desactivar, como sucede con la vista”, explicó. En ese estado por la mañana debe salir a cumplir sus obligaciones laborales.
Para demostrar su padecimiento, grabó un audio desde su habitación, en el que se puede escuchar el nivel sonoro.
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