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La Mañana pacto de mayo

El pacto de mayo con los gobernadores es por la gobernabilidad, no por la ideología

Javier Milei consiguió la adhesión de 18 mandatarios provinciales al Pacto de Mayo. El grupo está atravesado por pertenencias partidarias diversas.

El Pacto de Mayo aceleró el reordenamiento de la dirigencia en el nuevo tablero del poder. A la vez, obligó al gobierno nacional a hacer concesiones presupuestarias en la negociación para reunir el mayor apoyo posible a la convocatoria de Javier Milei a los referentes de la política, la justicia, el empresariado y el sindicalismo.

El gobierno fracasó en la reunión de aliados para darle volumen político al llamado inicial del presidente, para el 25 de Mayo. Después dio un giro en la estrategia con una activa negociación con los gobernadores para que esta vez fueran parte del hecho político con origen en Tucumán.

Rolando Figueroa integra la mayoría que aceptó firmar el pacto. Son 18 mandatarios los suscriptores y seis los que rechazaron ser parte. Entre los patagónicos, el pampeano Sergio Ziliotto y el fueguino Gustavo Melella no firmará.

La mayoría de los mandatarios provinciales del denominado Norte Grande también se alinearon con la convocatoria, con dos excepciones: el formoseño Gildo Insfrán y el riojano Ricardo Quintela. En la zona cerealera, los gobernadores de Córdoba, Martín Llaryora, y de Santa Fe, Martín Pullaro, se sumaron. El bonaerense Axel Kicillof, lideró la negativa al pacto.

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El modelo de negociación para la segunda llamada imitó al que concluyó con la aprobación de la Ley Bases y el paquete fiscal, también en el segundo intento del gobierno. La fórmula le redituó apoyo transversal del volumen que necesitaba.

En el caso de las leyes porque son instrumentos para la gestión y en la reunión de Tucumán el presidente tendrá en los gobernadores presentes una base de aliados de tamaño contundente atravesada por pertenencias partidarias diversas.

Con Guillermo Francos como negociador, el gobierno atendió intereses comunes a los gobernadores del Norte y la Patagonia, con respuesta a exigencias vinculadas con los intereses de las economías de cada región. Construyó una alianza con una cantidad de gobernadores blindada a los choques ideológicos. No desatada de las derivaciones de una negociación permanente.

Los intereses de los gobernadores son nítidos, como los de los empresarios que dominan las entidades con más poder de loby, todas representadas en la firma del Pacto. La respuesta de la Justicia al llamado del presidente fue la opuesta. La Corte no participó.

En el Congreso, sorprendió el portazo del bloque de Diputados de Hacemos Coalición Federal, que preside Miguel Pichetto.

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El rionegrino defendió la decisión recordando que el bloque aportó para que salieran las leyes del gobierno. Además, aseguró que mantendrá esa postura con los proyectos que vienen. La ausencia de Pichetto hay que leerla en su contexto: el bloque que conduce tiene un ala de origen progresista, con la que prefiere diferenciarse en los debates por los puntos.

El radicalismo aportó al Pacto su representación legislativa, además de los mandatarios provinciales del partido, al igual que el Pro. Mauricio Macri se sumó al apoyo a Milei luego de unos días de incertidumbre sobre su presencia en carácter de ex presidente. Las negociaciones del gobierno con el Pro y la UCR no son ajenas a los intereses de los armados electorales que confluían en Cambiemos o Juntos por el Cambio. Llegaron a buen puerto en la arena legislativa y en la sustentación del Pacto.

La ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel atribuida a un problema de salud y comunicada a horas del acto hizo ruido en la previa del encuentro.

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