El clima en Neuquén

icon
28° Temp
30% Hum
La Mañana Pehuén

El pehuén y los árboles mágicos de la Patagonia

Estudiosos dan cuenta que se trata de árboles que han sobrevivido hasta las glaciaciones.

El pehuén es el árbol emblemático del Neuquén, surgiendo desde sus hondas raíces en el escudo provincial, trasciende la majestuosidad del volcán Lanín y se eleva hacia el cielo buscando hermanarse con las estrellas.

Existen leyendas maravillosas, recopiladas el Dr. Gregorio Álvarez que mencionan al pehuén, como un árbol central en la vida de los pueblos originarios, dador de alimentos, vida y esperanzas. Del aura ancestral de estas leyendas, se desprenden conocimientos y saberes que posteriormente confirmaría la ciencia, tales como la capacidad de supervivencia de esta especie arbórea, su notable longevidad y el ciclo de reproducción y crecimiento que asegura un resguardo alimenticio, para las comunidades que se sustentan de sus beneficios.

Lucas Curipil, Licenciado en Servicio Social y Director del Departamento de Lenguas Originarias de la Facultad de Lengua de la Universidad del Comahue en diálogo con LMNeuquén comentó al respecto:

“Uno de los árboles más importantes en nuestra cultura es el pehuén o araucaria que es el nombre con el que se lo conoció posteriormente, por la memoria que tiene de estar entre nosotros tantos años y también por la grandeza y fortaleza que lo caracterizan. Se trata de árboles que han sobrevivido hasta las glaciaciones y que sirven incluso de refugio y de vivienda ocasional a las personas por ejemplo en las veranadas. La semilla del pehuén, es el piñón y constituye en sí mismo, un alimento de lo más completo.

Una vez escuché decir que los árboles para los mapuches son como una farmacia. Digamos que en principio los árboles son los que purifican el aire, ayudan a reducir las temperaturas cuando son muy elevadas. En nuestra cultura son muy respetados, dado que se utilizan en las ceremonias y son considerados como mencioné fuente de medicina y alimentos. Son también vivienda de los pájaros, de los pequeños mamíferos y reptiles y de muchos otros seres vivientes.

SBZMAR.jpg

Nosotros consideramos que todos los árboles son curativos, desde el mismo momento en que nos acercamos a ellos recibimos un beneficio inmediato para nuestro sistema respirador, de aire limpio y fresco. Está más que comprobado que ellos nos perciben de muchas maneras, que les hace bien que les hablemos.

De acuerdo a la sabiduría de nuestra cosmovisión, decimos que los árboles se protegen y cuidan entre ellos. No todas las especies son iguales y desde el punto de vista del equilibrio de la naturaleza, las especies foráneas hacen mucho daño como los pinos y los eucaliptus que producen desecación de los suelos”.

Eop1CJ-XYAczGQa.jpg

Los pehuenes son árboles que llegan a alcanzar los 50 metros de altura y pueden llegar a vivir mil años, según se ha constatado a través del conteo de los anillos del tronco de algunos ejemplares. Se erigen en el paisaje rocoso, surgiendo como pétreos centinelas de antiguos pueblos ancestrales, tales como los describió el escritor argentino Estanislao Zeballos en su libro de 1881 “Viaje al País de los Araucanos” y se sabe que han sobrevivido secuencialmente a glaciaciones e incendios devastadores.

El fruto del pehuén es el piñón que además de constituir una de las 5 características gastronómicas distintivas de la provincia, es fuente de proteínas y vitaminas y además aceites grasos beneficiosos para la salud como el omega 6 y 3 entre otros.

Recolección de Piñones.jpg

El Dr. Gregorio Álvarez en sus libros da cuenta de una leyenda en la que en principio el pueblo mapuche veneraba a estos árboles que constituían puntos de reunión y ruegos pero que no se alimentaban de sus frutos por considerarlos venenosos. Cierta tribu que estaba realizando sus ceremonias y pidiendo no desfallecer ante el crudo invierno que se avecinaba, recibió la visita de un sabio anciano, al que posteriormente reconocieron como Gneguechen (uno de los seres supremos de la espiritualidad mapuche) que les enseñó a hervir los piñones y a servirse de ese “mana cordillerano” como lo menciona poéticamente Osvaldo Arabarco en el himno provincial que musicalizó Marcelo Berbel.

“Del árbol, esperanza,

maná cordillerano

que madura en Nguilleu

el fruto más feliz”

Neuquen Trabun Mapu - Himno de la Provincia del Neuquén

Letra: Osvaldo Arabarco Música: Marcelo Berbel

En otro tema del mismo Marcelo Berbel, “Piñonero” popularizado a su vez por José Larralde, se relata la que es quizás, la más bella y completa historia del ciclo productivo del piñón del pehuén y de la relevancia central en la economía de las comunidades cordilleranas. La piña (piñonera) de la que salen los piñones la da cada dos años el árbol femenino, mucho más vistoso que el masculino.

“Piñón

Fruto de otoño

Mi instinto me llevó a vivir de ti

Volviendo con tu sueño de madera

Al mundo que quisiera para mí

Guárdame en el rescoldo de tus siglos

Yo sé que muerto allí

No he de morir”

Piñonero – Marcelo Berbel

“La palabra que utilizamos para referirnos a los árboles es 'Aliuén' y tienen una importancia trascendental en la vida de nuestro pueblo” agrega el Licenciado Lucas Curipil.

Son muchos los árboles, a los cuales los pueblos originarios consideran particularmente sagrados, tanto por ser intermediarios entre diversos planos de manifestación, como por ser también árboles de cuidado y respeto, como es el árbol de los brujos, que los calcus mapuches utilizan para ejercer influencias negativas en las personas y las comunidades.

El Canelo cuyo nombre científico es Drimys Winteri y en mapudungun “Foye” es el símbolo del encuentro entre el plano celestial de las estrellas y la “Mapu”, la madre tierra en la que interna sus raíces y obtiene su fuerza. “Bajo el canelo sólo se habla la verdad” sentencia la sabiduría ancestral y es mayormente la madera elegida para confeccionar el “kultrum” instrumento percutivo devocional que se utiliza en las ceremonias de rogativa. La ciencia ha confirmado en el canelo numerosas propiedades curativas que el pueblo mapuche conocía de tiempos inmemoriales.

Así también existen árboles y plantas que, utilizadas por los brujos ancestrales, como es el caso de la planta Latué (Latua Publiflora) conocida como el palo de los brujos o palo muerto, de bellísimas flores y terribles poderes. Las “machi” la utilizan para entrar en estado de trance, para contrarrestar el mal que los “calcus” () provocan y su utilización es desaconcejada ya que la dosis equivocada puede causas envenenamiento y muerte.

El poeta Milton Aguilar supo captar como ninguno, el sentimiento de los pueblos nativos que se consideraban una continuidad extensiva de la naturaleza de la formaban parte en equilibrio y armonía. En el recitado de “Quimey Neuquén”, un Romance cifrado en ritmo de Loncomeo, confirma su origen de semilla, hermano vegetal que surge en el paisaje, aunándose con el todo hasta surgir en el anhelo humano.

Aquí estoy en mi neuquén

Hombre-árbol semillando

Con la fuerza del pehuén

Y el dulzor de los manzanos

Me miró la cordillera

Con los ojos de sus lagos

Y galopan por mi sangre

Sus hechizos milenarios

Milton Aguilar

Los árboles parecen ser desde tiempos antiquísimos compañeros silenciosos de nuestro tránsito por el planeta y evocar lo que hemos aprendido sobre ellos resulta una tarea más que necesaria para estas épocas de locura y guerras.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas