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Elecciones 2023: la confrontación por las instituciones y el futuro de Vaca Muerta

Además del nuevo gobierno está en juego la conformación institucional del país. Vaca Muerta se desarrolló con fuerte intervención estatal. El futuro depende del resultado final.

En las elecciones 2023 por la Presidencia está en juego el sistema institucional del país, además de quiénes gobernarán hasta el 2027. A la contienda por la conducción del Estado, que le da sentido a todos los comicios presidenciales, se sumó esta vez una confrontación abierta sobre la utilidad de algunas instituciones del país.

El futuro de Vaca Muerta no es ajeno a las urnas. La intervención estatal y la macroeconomía fueron decisivas para el desempeño de la producción en la formación desde el inicio de la explotación. El futuro depende del resultado final de las presidenciales.

El proceso electoral tiene final abierto a días de las elecciones generales. En la diversidad de las encuestas y análisis preelectorales encuentran sustento hipótesis contradictorias, que dependen del interés de cada intérprete.

La irrupción de los libertarios en las PASO certificó el final de la polarización entre el kirchnerismo y el macrismo que ordenó a la política nacional desde hace más de una década, a la vez que puso en discusión el sistema institucional. Hasta ahora, las fuerzas políticas confrontaron modelos de administración de las instituciones, a las que todos ponían por encima de los Ejecutivos de turno.

Esta vez, las instituciones en sí mismas son motivo de discrepancias. Javier Milei consolidó su liderazgo en el campo libertario cuestionando a las instituciones ya no sólo a sus administradores. El país que viene no necesita moneda propia ni Banco Central, sostiene Milei, entre las consignas de su campaña. Ni el oficialista Sergio Massa ni la opositora Patricia Bullrich, cuyo eje proselitista gira en torno a la eliminación del kirchnerismo, creen que ese sea el camino.

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El debate presidencial tendrá como los tres protagonistas principales a Javier Milei, Sergio Massa y Patricia Bullrich.

El debate presidencial tendrá como los tres protagonistas principales a Javier Milei, Sergio Massa y Patricia Bullrich.

El objetivo de máxima del economista y su fuerza es eliminar al Estado. Para eso, necesitarían mucho tiempo, pero mientras tanto se plantean avanzar con el mayor achique posible lo más rápido que se pueda. Los efectos directos de una retracción violenta del Estado de la economía serían múltiples, entre ellos sería inevitable el tarifazo en todos los servicios puesto que los costos actuales están morigerados por subsidios públicos.

Este tipo de planteo es inédito durante una campaña de una fuerza con posibilidades de llegar al gobierno. Su exposición sin maquillaje lejos de generarle costos electores, potenció la performance de Milei en las urna. El libertario basó su campaña en la promesa de aplicar un plan neoliberal, con la economía librada al mercado sin ninguna participación del Estado.

Hace 30 años, Carlos Menem se abrazó un modelo neoliberal cuando llegó al gobierno, pero nunca mencionó que lo haría durante la campaña. "Si decía lo que iba a hacer no me votaba nadie", deslizó años después del triunfo que lo llevó a la Casa Rosada en 1989.

Menem ganó las elecciones al frente del peronismo contra el radicalismo representado por el cordobés Eduardo Angeloz, quien cargaba con el fracaso de Raúl Alfonsín, quien tambaleaba en la inestabilidad económica. Aun así Menem prefirió prometer salariazo y revolución productiva, imposibles con la convertibilidad, que necesitaba para ser viable una fuerte depreciación del peso, que tendría un impacto negativo en el poder adquisitivo de los salarios.

Milei reivindica la gestión menemista, a la vez que sumó a su equipo a varios ex funcionarios de los '90. La dolarización que propone es muy parecida en su forma a la convertibilidad del menemismo. Aquel plan diseñado por Domingo Cavallo a principios de los '90 implosionó en 2001, con el mismo Cavallo en Economía y el radical Fernando de la Rúa en la Presidencia.

La salida de la convertibilidad derivó en una crisis económica, política y social de proporciones incomparables con las conocidas. Tambaleó todo el sistema. Cayó el gobierno de De la Rúa. Se produjo una rebelión de ahorristas estafados. La inestabilidad política se expandió mucho más allá del final de la gestión de la Alianza, hasta la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia (2003), luego del interinato de Eduardo Duhalde, arrastrado al ocaso por el clima de la época.

Con el discurso neoliberal, Milei se impuso por corto margen a Juntos por el Cambio y Unión por la Patria en las PASO. El escenario pasó de la polarización de las últimas presidenciales a la disputa entre tres fuerzas, que se definirá el domingo. Para quedarse con la Presidencia en la primera vuelta, el ganador del domingo tendría que obtener más de 45% o bien más de 40% con más de diez puntos de ventaja sobre el segundo.

La mayoría de los encuestadores y analistas creen que habrá balotaje, aunque hay algún sondeo que alienta a los libertarios con la chance de cerrar la contienda el domingo. Entre los pronosticadores de un balotaje, son más los que ven a Milei con Massa en esa instancia que los que ven a Bullrich. El libertario está en casi todas las estimaciones entre los dos primeros de las elecciones del 22 de octubre.

El desempeño electoral de Milei genera explicaciones de todo tipo. Para algunos, hay un avance de las ideas de derecha en la sociedad, para otros sus votos se explican más por la bronca contra las dos fuerzas que ya gobernaron que por la permeabilidad de sus propuestas. Entre los últimos se enrola el consultor económico Emanuel Álvarez Agis.

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"Si gobernás como el orto, gana Milei. Tengo una explicación básica", expresó descarnadamente en una entrevista radial. "Con la inflación en 12% mensual tenés a una persona que no se le entiende bien (Bullrich), otra que la llevó al 12 y la tercera con una motosierra, si me tomé dos cervezas me voy con el de la motosierra", graficó Álvarez Agis antes de sentenciar que "no hay que acusar al votante de Milei ni decirle que puede ser peor, porque dirá '¿peor que esto? No'. Y puede ser peor, pero hay que ser doctor en economía para evaluarlo".

Vaca Muerta y las elecciones

La incertidumbre sobre la definición electoral le pone suspenso al futuro inmediato de la explotación de Vaca Muerta. Si bien todos los candidatos tienen planes para sacarle el jugo al potencial de la formación shale neuquina, el sentido de la macroeconomía es determinante para los planes de negocio que le dan sentido a la actividad de las petroleras.

En las elecciones, por ejemplo, se definirá si YPF sigue bajo el ala estatal, desde donde cumplió un rol clave en el desarrollo de la explotación de Vaca Muerta como en la determinación de los precios de los combustibles en las estaciones. Un gobierno de Milei se desprendería de la conducción de la petrolera estatal, si se cumplen las promesas del candidato. A la vez, las petroleras que exportan hidrocarburos de Vaca Muerta tendrían total libertad para disponer de las divisas que producen con Milei, y también con Bullrich.

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Las incógnitas para el sector empezarán a despejarse cuando se defina la contienda presidencial. El cambio de presidente se concretará mientras la producción de gas y petróleo no convencional está en crecimiento, con excedentes para la exportación cada vez más grandes.

Una de las clave para incrementar la producción es la ampliación del sistema de transporte de los hidrocarburos, que está en pleno desarrollo con una importante participación de la inversión pública en el marco de una planificación pensada para completar el abastecimiento nacional y ampliar las exportaciones.

El avance de la extracción en el subsuelo neuquino tiene entre sus metas generar los volúmenes de gas necesarios para entrar al competitivo mercado global de GNL. Es decisiva la participación de YPF en este proyecto, ya que es la responsable de la construcción de una planta de licuefacción para poder transportar el gas de sus yacimientos neuquinos en barco a los destinos globales. La infraestructura demandará diez años de trabajos hasta entrar en funcionamiento, mientras tanto se convertirá el fluido a GNL en plantas montadas en barcos que se alquilan.

Nada de lo que está planificado en la explotación de Vaca Muerta es inmune a la macroeconomía ni al rol del Estado en la actividad. El puntapié inicial de la explotación lo dio YPF tras ser reestatizada, cuando activó la producción en Loma Campana en sociedad con Chevron, durante el segundo gobierno de Cristina Fernández.

Luego, durante la gestión de Mauricio Macri se gestó la explotación del mayor yacimiento no convencional de gas, Fortín de Piedra, a cargo de Tecpetrol. La petrolera del Grupo Techint decidió avanzar en ese bloque atraído por los subsidios al precio del gas que ofreció el ministro Juan José Aranguren.

En el gobierno de Alberto Fernández el Estado construyó un gasoducto con fondos públicos y en tiempo récord, con lo cual amplió la capacidad de transporte permitiendo que las petroleras aceleren la extracción, que estaba frenada porque no tenía vías para evacuarla.

Sin la intervención del Estado no existiría Vaca Muerta como se la conoce, con unos 40 yacimientos en distintas fases de producción. Gracias a esto, Neuquén aporta el 55% del petróleo y el 70% del gas producidos en el país. Lo que viene es incierto. Hay que esperar la manifestación del soberano para empezar a despejar las dudas.

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