Elecciones legislativas: por qué triunfó el oficialismo en Argentina y Neuquén
La ola libertaria confirmó el poder del voto emocional. La Neuquinidad resistió el vendaval nacional y consolidó su identidad.
La incertidumbre que pesaba sobre el clima político en la Argentina finalmente se disipó el pasado domingo, con una sorpresiva victoria de Javier Milei en casi todo el país. El resultado más llamativo se dio en la provincia de Buenos Aires donde, poco antes, el peronismo había ganado por catorce puntos. Esa ventaja se evaporó, a contramano de lo que incluso el más optimista de los asesores presidenciales hubiera previsto.
Elecciones legislativas: el voto miedo y el fantasma del 95
En 1995, Carlos Menem enfrentó su reelección presidencial con fuerte desgaste político. Sin embargo, la mejor estrategia no fue el célebre “Menem lo hizo” que posteriormente utilizó en el 99, sino el “voto miedo”: Gran parte del electorado, endeudado en dólares, temía que una derrota del riojano pusiera en riesgo la convertibilidad. Esa percepción terminó garantizándole una victoria contundente.
Algo similar ocurrió en las elecciones recientes. Tras meses de turbulencias macroeconómicas, fuga de divisas y parálisis productiva, se instaló un clima de incertidumbre que revivió aquel reflejo defensivo. En ese contexto, la promesa de “salvación” vino esta vez desde las “fuerzas del cielo”: un respaldo político y financiero al gobierno que no provino de un Dios Cristiano, Judío ni de ninguna otra religión, sino del Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quien, explícitamente condicionó gran parte de ese apoyo a la victoria de su “pollo capitalista”, Javier Milei.
Otro factor decisivo fue la transformación generacional del electorado. Por primera vez en la historia argentina, el 49% del padrón es menor de 39 años. Este dato reconfigura por completo la lógica de la política tradicional: los partidos históricos pierden peso simbólico frente a nuevas formas de comunicación y pertenencia. Hoy un reel o un tuit puede tener más impacto electoral que una doctrina partidaria. La UCR, el PJ o el MPN del ya no interpelan con las banderas del siglo XX a un votante que se informa, conecta, decide y milita desde el algoritmo.
El peronismo, aunque aún vivo, ya no pesa como antes. A la falta de liderazgos claros se suma el desgaste de su propio pasado reciente: la crisis inflacionaria, los excesos de poder y las internas y mezquindades interminables. No hay figuras hoy capaces de ofrecer una síntesis superadora. La identidad peronista sobrevive más como nostalgia y resistencia que como proyecto.
La Neuquinidad frente a la ola nacional
En Neuquén, la Neuquinidad de Rolando Figueroa logró un segundo puesto que, en el contexto de la nacionalización del voto, puede considerarse una excelente performance. Con casi un tercio de los votos, la lista de Rolando Figueroa quedó a solo 5,5 puntos de los libertarios, y a 16 puntos por encima de Fuerza Patria. Esa diferencia consolida una polarización local entre dos oficialismos: el nacional y el provincial.
El casi 30% de los votos que llevaron a Julieta Corroza al Senado y a Karina Maureira a Diputados pueden leerse en parte como un plebiscito de gestión. Respeto de su antecesor, Omar Gutierrez, Figueroa exhibe orden fiscal, más obras públicas y un discurso de eficiencia que conecta con un electorado cansado de la confrontación nacional. Pero detrás de ese porcentaje también hay una maquinaria política que fusiona las estructuras territoriales del viejo MPN con el nuevo sello de la Neuquinidad. Es, en definitiva, un oficialismo reinventado: con alianzas partidarias y simbología provincial, pero con mano gerencial.
Empieza la carrera hacia 2027
Con la victoria en la mano, tanto el oficialismo nacional como el provincial entran en una nueva etapa en la que dependen de sí mismos. Deberán tejer alianzas efectivas, pero también coherentes ante un electorado cada vez más crítico y demandante.
En el plano nacional, el desafío es claro: eliminar la inflación y reactivar la economía real. En el provincial, el compromiso pasa por mejorar la educación, la salud, el turismo y la infraestructura, al tiempo que se garantiza el desarrollo sustentable de Vaca Muerta, el verdadero motor de la economía neuquina.
Quizás en 2027 la ciudadanía no vote por miedo, sino por esperanza. Para que eso ocurra, los líderes deberán ofrecer primero resultados concretos tras sus primeros cuatro años de gestión y, luego, una visión de futuro que vuelva a ilusionar.
En Neuquén, quedará por verse si tras la victoria de La Libertad Avanza, Nadia Márquez y Pablo Cervi tendrán la vocación de consolidar y liderar una alternativa de centro-derecha capaz de disputar la gobernación a Rolando Figueroa, o si se reeditará algún tipo de acuerdo político, como el de 2023, cuando Márquez acompañó a Figueroa dentro del frente Neuquinizate.
Las elecciones legislativas y la campaña sucia
Tras una campaña muy “picante” en las calles y en las redes sociales, no puede dejar de mencionarse que las estrategias basadas en la difamación, los ataques personales o el vandalismo han demostrado -por fortuna- esta vez, no tener efecto en Neuquén.
En un electorado cada vez más informado y sensible a la manipulación, este tipo de prácticas no solo fracasan, sino que pueden volverse en contra de quienes las impulsan. Lejos de restar votos al adversario, terminan restando credibilidad a quienes se sospecha de haberlas ejecutado en la sombra.
Y aunque esas estrategias penosas llegaran a funcionar en el futuro, corresponde recordar la advertencia de John F. Kennedy, quien dijo que “La mentira puede ganar una elección, pero nunca construye un gobierno”.
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