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Etiquetado frontal: los octógonos negros y el impacto en los supermercados neuquinos

Desde el Ministerio de Salud de la provincia aseguran que la nueva ley encendió alarmas entre los neuquinos, pero aconsejaron no modificar la dieta y apelar a la moderación.

Quienes hayan visitado los supermercados en las últimas semanas pueden haber quedado impresionados no sólo por los altos precios de los artículos sino por la multiplicación de etiquetas con alertas que cada vez se encuentran con más frecuencia en los alimentos de consumo cotidiano. El cumplimiento de la ley de etiquetado frontal derribó algunos mitos sobre los productos supuestamente dietéticos, pero también encendió alarmas entre los consumidores de la región. Por eso, los especialistas aconsejan apuntar a la moderación pero sin demonizar ningún producto.

"Con esta ley aparecieron varias sorpresas. Ahora muchos se enteraron de que la gaseosa trae edulcorante además de azúcar y que un postrecito de chocolate tiene la misma azúcar que un yogurt", explicó Samuel García, nutricionista y referente de los Puntos Saludables del Ministerio de Salud de la provincia. Se refiere a la ley 27642 que trabaja sobre dos ejes: los famosos octógonos negros para alertar sobre excesos de componentes en los alimentos, pero también la necesidad de promover la educación alimentaria para que la población sepa elegir mejor qué productos lleva a la mesa.

"Los que promovemos la vida saludable estamos muy contentos porque es algo que se estaba pidiendo desde el año 2000 y ahora llegó para quedarse, y va a trascender cualquier gestión", se entusiasmó García y repasó como se fueron dando los avances en materia de normativas para que los consumidores puedan acceder a productos de calidad y estar informados sobre los productos que consumen.

"Antes ni siquiera era obligatorio informar la composición química de los alimentos, esa famosa tablita que aparece atrás y es difícil de leer", recordó. Sin embargo, a pesar de que comenzaron a exigirse estos etiquetados, la industria aprovechó las libertades del marco legal para hacer márketing en base a falsas ideas sobre alimentación saludable. "Se usa light, life, dietético o incluso el color verde y la gente piensa que puede comer sin medida porque son sanos, cuando no lo son", expresó.

Así, aclaró que muchos se sorprendieron al notar, por ejemplo, que las gaseosas traen azúcar y también edulcorante. ¿Por qué sucede? García lo explicó: "La industria fue generando un umbral de azúcar tan amplio que con sólo azúcar no llegaban a tener la dulzura que pedían los consumidores, y por eso se agregó edulcorante".

También pasó con el queso Port Salut, que muchos confunden con un queso saludable cuando se trata sólo del tipo de producción y que ahora, por la ley de etiquetado, se llenó de octógonos de alerta. A eso, García sumó otro dato: "Muchos papás o mamás les niegan un postrecito a los chicos, y tienen la misma azúcar que un yogurt, que sí les permiten comer".

Si bien ya hay muchos neuquinos que pasan por su consultorio alarmados por las etiquetas y que deciden consumir sólo productos caseros, el especialista recomendó no ser extremistas. "Es como pasa con las dietas, que van de un detox extremo a comerse todo, y no es así, la clave es buscar armonía", aconsejó.

Agregó que la ley no busca perjudicar a la industria alimenticia ni generar miedo en la población. Por el contrario, apunta a generar más educación alimentaria y que los clientes de los supermercados tengan información visible y accesible para optar por un alimento que quieran consumir. "A veces ven que la marca de al lado tiene un octógono menos y que es fácil hacer una opción más saludable", dijo.

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La cuenta es bastante simple. Mientras menos sellos se compren, más saludable se come. Además, mientras más caseros sean los platos, también se está construyendo una alimentación más saludable. Sin embargo, esto no significa que hay que eliminar los octógonos por completo, o que consumir azúcar es malo.

"El azúcar es alimento para nuestro cerebro, los deportistas necesitan consumir una gran cantidad de carbohidratos simples por su consumo calórico", ejemplificó García sobre algunos alimentos que se ganaron mala fama a lo largo de los años. "Lo que hacen los sellos es alertar cuando hay un exceso para que los ciudadanos los consuman con moderación", detalló.

Que una mermelada tiene azúcar no es una novedad. Incluso las propuestas caseras la tienen, pero una versión liviana trae 30% de azúcar y el porcentaje es el doble con la opción tradicional. Así, el consumidor puede tomar mejores decisiones u optar por la moderación cuando quiere darse algún gusto en particular.

García admitió que la alimentación es un proceso cultural que se construye socialmente y a largo plazo. Por eso, aseguró que será muy difícil cambiar las picadas futboleras que hoy se basan en las papas fritas de copetín, pero sí se pueden empezar a plantear nuevas opciones que, poco a poco, se vuelvan habituales como alternativas más saludables.

Las primeras normativas se aplicaron en Argentina para combatir las enfermedades agudas vinculadas a la mala alimentación, como gastroenteritis o diarreas. Con el tiempo, los alimentos ya no generaban esos riesgos pero empezaron a causar enfermedades crónicas, como la hipertensión, el sobrepeso o la diabetes y, para eso, esta ley de etiquetado busca generar más información visible que oriente a los consumidores.

"Hay muchas empresas que están modificando sus recetas para tener menos octógonos; la idea no es atacar a la industria sino motivarlos a hacer inversiones para que produzcan alimentos de mejor calidad", dijo el nutricionista y agregó que la reducción de sellos es una forma de publicidad positiva para las compañías.

Sin miedo ni alarmas pero con más información, los consumidores neuquinos podrán comenzar a hacer modificaciones paulatinas en sus dietas y en sus visitas al supermercado. Para eso, García ofreció una serie de consejos que apuntan a involucrar a toda la familia en la elección de cada producto, para que la educación alimentaria empiece por casa.

Cinco consejos para adaptarse al etiquetado frontal:

1. No asustarse. Cada vez van a aparecer más sellos negros en los envases, pero sólo se trata de prestar más atención a la hora de elegir cada alimento.

2. Respetar los propios hábitos de consumo. Si uno está acostumbrado a un alimento y encuentra que tiene demasiados sellos, puede mantenerlo en la dieta pero con más moderación.

3. Elegir lo casero y artesanal. Siempre que sea posible, se aconseja cocinar en casa o elegir las tiendas artesanales, con menos procesados.

4. No eliminar productos por completo. No es necesario llegar a consumir cero sellos negros, sólo hace falta ser más moderados.

5. Involucrar a los niños en las compras. Los chicos deben ir incorporando el hábito de leer los envases, conocer los ingredientes y saber cuáles son los efectos para su salud.

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