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La Mañana Casa de Gobierno

Fantasmas y apariciones en el antiguo edificio de Casa de Gobierno

Puertas que se abren y se cierran, luces que se prenden y se apagan, sobras y otros fenómenos que mantuvieron en vilo a funcionarios y trabajadores.

“Yo soy el alma de tu padre, destinada por cierto tiempo a vagar de noche y aprisionada en fuego durante el día, hasta que sus llamas purifiquen las culpas que cometí en el mundo. ¡Oh! Si no me fuera vedado manifestar los secretos de la prisión que habito pudiera decirte cosas que la menor de ellas bastaría a despedazar tu corazón, helar tu sangre juvenil, tus ojos, inflamados como estrellas, saltar de sus órbitas, tus anudados cabellos, separarse, erizándose como las púas del colérico espín. Pero estos eternos misterios no son para los oídos humanos. Atiende, atiende, ¡Ay! Atiende. Si tuviste amor a tu tierno padre...”, le advierte el fantasma de su padre al Príncipe Hamlet en la obra teatral homónima del escritor inglés William Shakespeare.

La aparición del espectro, que suele vagar por el castillo en horas cercanas a la medianoche, es antecedida por un aire sutil y frío, cuyo efecto es agudo y penetrante, acompañado de inquietantes ruidos de ultratumba.

Son tan frecuentes como abundantes las historias de fantasmas ligadas a las antiguas construcciones, sean castillos medievales, caserones abandonados o dependencias estatales, que, en algún momento de su existencia, sirvieron a los fines de cárcel, hospital o centro de reclusión psiquiátrica.

El antiguo edificio de la Casa de Gobierno del Neuquén comenzó a construirse en el año 1909, siendo posteriormente, la primera edificación estatal construida con ladrillos en Neuquén. La iniciativa original se atribuye al por entonces Comisario Inspector Adalberto Staub, quién bosqueja el diseño inspirado en la estética de los castillos europeos, con muros de almenas rectilíneas.

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Staub imagina una edificación que sirva de sede a las futuras oficinas de la policía y empeña en la tarea personal policial a su cargo, además de los albañiles contratados para el inicio de las obras.

En el libro “Edificio de la Casa de Gobierno, Patrimonio Histórico de la Provincia del Neuquén”, la profesora Elsa Bezerra y el investigador especializado en historia de la policía Tomás Heger Wagner, cuentan que el comisario decidió la obra de ampliación para mejor ubicación de todas las oficinas, Cuerpo de Gendarmería, cuadras y galpones de acuerdo con el proyecto que se confeccionará a tal efecto. "Para dar mayor realce a la perspectiva de este edificio se está haciendo un jardín, próximo a terminarse el que vendrá a dar una nota grata al conjunto”, detalló.

La obra que se financió en parte con fondos de las ganancias obtenidas gracias a un festival organizado por otro ilustre vecino Don José Fava, se terminó de construir a fines de 1924 e incluía una torre con reloj en dirección a lo que hoy es la plaza Roca. Mucho antes de la inauguración la Jefatura de la Policía venía funcionando allí desde hacía varios años.

En 1929 es ocupada como Casa de Gobierno, cuyas anteriores dependencias funcionaban en el Chateaux Gris en la zona de lo que hoy es la Avenida Argentina y que por estar construida enteramente de madera (y pintada en gris de allí la denominación afrancesada) inspiraba en los primeros funcionarios el temor de un incendio inminente, agravado por la lejanía de provistas de agua y debido, además, a que aún no existía un cuerpo de bomberos.

En los años posteriores, muchos de sus funcionarios, empleados, ordenanzas, personal policial consignado para custodia y serenos fueron testigos indistintos de una serie de fenómenos paranormales inexplicables, que en algunos casos no llegaron más allá de la vivencia de situaciones inquietantes y en otros componen un anecdotario de la coexistencia con los fantasmas de quienes en vida desarrollaron entre sus paredes sus actividades.

Elena, una efectiva policial asignada a las guardias nocturnas del edificio, que prefirió que su verdadera identidad no trascendiera, comentó a LM Neuquén que muchas personas quieran atribuir las cosas inexplicables que ocurren acá a la casualidad, la antigüedad de las construcciones o a las ráfagas de viento. "No quiere decir que no existan otras versiones de quienes somos frecuentes testigos", dijo.

Puertas que se abren con un vaivén medio caprichoso, crujidos fuertes cuando las oficinas están vacías, escritorios de los que se caen cosas pesadas que el viento no podría mover y sombras que se desaparecen en los marcos de las puertas y presencias, que las ves sólo cuando las adivinas de costado y que ni bien giras la cabeza ya no están más, son alguna de las cosas que se vivían en el antiguo edificio de la Casa de Gobierno.

"Yo le tengo más cuidado a los vivos porque sé que “los otros” no pueden hacerme nada", agregó Elena. En una de las tantas refacciones edilicias, los albañiles dieron, en forma accidental, con el hallazgo de algunas piezas de indudable valor arqueológico urbano, entre las que se encontraba una botella del año 1939 conteniendo un mensaje para la posteridad: “Para que, en tiempos futuros, cuando de nosotros ya no queden “rastros”, sea esta un motivo, para el que lo encuentre, que le ha de servir para evocar estos tiempos tan difíciles en todo orden y más aún para nosotros los empleados de policía, en que parte de tener que desempeñar una tarea tan ingrata por muchas causas, estamos obligados a pasar lo mejor de nuestra vida, en estos parajes, que quiera Dios, que al tiempo de encontrar este papel sea mucho mejor”.

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Escrita por un artista de vocación dedicado al dibujo, la fotografía, la poesía y además aficionado a la lectura de las obras de Shakespeare, Humberto Ligaluppi resguardó un mensaje póstumo en el corazón de los jardines del edificio.

Enrique, uno de los vecinos y comerciantes de las casas lindantes del edificio de la Gobernación, comentó los encargados de un taller de reparación de automotores de la provincia, que funcionaba ahí también, eran testigos de estos hechos cuando se quedaban hasta tarde a compartir un asadito y a jugar un truco sobre la calle Belgrano.

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"Te estoy hablando de autos viejos Peugeot 504, Renault 12, Ford Falcón a los que se les encendían los limpiaparabrisas sin que la llave estuviera en contacto, se les encendían las luces. Se apagaban de repente las luces del taller, se caían las llaves de los tableros o volaban a metros las herramientas más pesadas que te podés imaginar. Los de siempre ya estaban acostumbrados y se reían, pero a los nuevos les daba ganas de rajarse”, detalló.

La historia de las casa y edificios encantados es de antigua data, podemos rastrearla en la mitología y el teatro griego y romano, en las obras clásicas de la literatura, en el teatro de Shakespeare. También en la novela de escritor irlandés Oscar Wilde, quién se atrevió a combinar el género de terror con el humor satírico en su “Fantasma de Canterville” cuando los compradores de una casa embrujada terminan convirtiendo en parte de la familia a los fantasmas de la vieja mansión.

Los edificios de una ciudad tienen su historia arquitectónica pero además una crónica respaldada en los relatos de quienes los habitaron y convivieron en ellos y, aunque la naturaleza de los mismos sea de lo más insólita, conforman el patrimonio cultural de las tradiciones orales de nuestros pueblos.

En el año 2009, Legislatura neuquina declaró como “Patrimonio Histórico de la Provincia” al edificio de la Casa de Gobierno. Estipulando que el inmueble donde hoy funciona la Casa de Gobierno -ubicado entre las calles La Rioja, Julio Roca, Manuel Belgrano y Santiago del Estero – sea incorporado “como bien cultural integrante del patrimonio histórico de la provincia” y además estableciendo que “el poder Ejecutivo provincial, a través del organismo correspondiente, adoptará las medidas necesarias a fin de garantizar la preservación del referido edificio”.

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