El clima en Neuquén

icon
Temp
61% Hum
La Mañana fiesta gaucha

Fiesta gaucha sin alcohol: Galvarino Tapia, el organizador que dejó la escuela para cuidar animales

Tiene 59 años, nuevo hijos y vive con su familia en el paraje La Salada luego de un largo derrotero campero. "Fui sólo 15 días a la escuela", dijo el hombre.

La gente del campo profundo del norte neuquino es simple, sencilla y de gran corazón. En su ADN ya vienen incorporadas todas estas cualidades que se agigantan con el paso del tiempo. Son gente de trabajo y saben muy bien cuando la suerte juega en contra y la desgracia a favor.

Sin embargo siempre encuentran una “luz de esperanza” y allá van a empezar de nuevo cada vez. A ellos no les importa cuántas veces se caen sino cuantas veces se levantan. Uno de los mejores exponentes de esa gente de campo es don Galvarino Tapia que con apenas 59 años ha vivido tantas cosas que bien podrían duplicar su edad. Galvarino es uno de los organizadores de la Fiesta Gaucha sin alcohol.

En ese extenso y difícil recorrido por las tierras norteñas hace casi 20 años el destino lo trajo al paraje La Salada y allí se afincó para siempre junto a su familia. Dejó la vida de criancero que abrazó por “obligación” desde niño y se comenzó a dedicar a arrancarle los mejores frutos a los suelos del lugar.

GALVARINO TAPIA EN SU PUESTO DEL CAMPO (2).jpg
Galvarino Tapia en su puesto de campo en el paraje La Salada en el Norte neuquino.

Galvarino Tapia en su puesto de campo en el paraje La Salada en el Norte neuquino.

Se hizo chacarero y desde ese mismo lugar siempre siguió de cerca la vida y las costumbres de campo. En ese sentido se convirtió en uno de los principales puntales de la Fiesta de la Primavera Gauchesca que se realiza apenas a unos 3 kilómetros de su casa en el paraje vecino de Arroyo Blanco.

Allí “echa una mano” en todo lo que puede pero sus principales esfuerzos se lo dedica al “choique mecánico” que es utilizado en la destreza campera en la que los campesinos demuestran sus habilidades con el lazo. Esta es su historia.

“Fui solo 15 días a la escuela”

La vida no ha sido justa ni fácil para Galvarino. Se hizo casi a los golpes pero siempre le encontró la vuelta para seguir hacia adelante. Nunca abandonó. Llegó a la vida un 10 de septiembre de 1964 en el paraje Los Molles cerca de Tricao Malal. Es uno de los cinco hijos que tuvo la pareja de esforzados crianceros compuesto por Ana Rosa Lara y Benito del Tránsito Tapia, sus queridos padres.

GALVARINO TAPIA EN SU PUESTO DEL CAMPO (1).jpg

“Estuve en la escuela de Los Molles, fui 15 días, no fui más porque en esos años nuestros padres tenían animales, los sacaban para cuidarlos. Otras muchas veces los emprestaban (sic) a los vecinos para que les ayudáramos y bueno, no pudimos estudiar”, contó con algo de resignación don Galvarino.

Más adelante, con sensaciones entre la tristeza y una alegría de agradecimiento contó que no alcanzó ni siquiera pisar el salón del segundo grado de la primaria.

“Prácticamente todo lo que aprendí, lo aprendí por personas mayores. Carlos Emilio Ferraría, un maestro que había en una escuela en Los Molles me enseñaba con clases particulares, al igual que unas chicas de apellido Luna que eran maestras en el lugar. Estoy muy agradecido de todos ellos”, añadió con emoción.

Trabajo y sacrificio

Es así que Galvarino y sus hermanos pasaron de niños a grandes “abrazados” a los trabajos de campo. La vida los trajo primero a Chos Malal y después anduvieron recorriendo Chacaico, Tilhue y Butalón Sur entre otros parajes.

“Estuvimos mucho tiempo trabajando así apatronado hasta que juntamos la plata y compramos nuestros propios animales y empezamos a trabajar por cuenta propia”.

Todo iba sobre rieles hasta que su padre cayó enfermo y fue derivado a Neuquén capital. Allí estuvo 7 meses cuidando a su progenitor hasta que se le apagó la vida. Un golpe durísimo para todos. A esta desgracia se le sumó la impotencia de perder todos los animales que tanto les había costado conseguir.

GALVARINO TAPIA EN LA BOLEADA DEL CHOIQUE (4).JPG
Galvarno Díaz tiene 59 años y su vida estuvo signada de sacrificios. Cuando era chico dejó la escuela para dedicarse ala cría de animales en ele Norte neuquino.

Galvarno Díaz tiene 59 años y su vida estuvo signada de sacrificios. Cuando era chico dejó la escuela para dedicarse ala cría de animales en ele Norte neuquino.

“Me fui a cuidar a mi padre y cuando volví encontré 70 animales de los 300 que habíamos dejado en el paraje La Cordobesa. Con todo el dolor vendimos esos animales y le hicimos una casa a mi mamá que había quedado sola con dos hermanos”, recordó.

Con el tiempo fallece su madre y don Galvarino decide emigrar a Auquinco y allí compra una chacra y comienza de nuevo a “armarse” de chivas y vacas. Así comenzó a forjar un capital propio, el cual son sus hijos los que lo manejan hoy.

“Me fui a cuidar a mi padre y cuando volví encontré 70 animales de los 300 que habíamos dejado en el paraje La Cordobesa. Con todo el dolor vendimos esos animales y le hicimos una casa a mi mamá que había quedado sola con dos hermanos” “Me fui a cuidar a mi padre y cuando volví encontré 70 animales de los 300 que habíamos dejado en el paraje La Cordobesa. Con todo el dolor vendimos esos animales y le hicimos una casa a mi mamá que había quedado sola con dos hermanos”

“Ahora vivo con mi familia en el paraje La Salada y me dedico a las tareas rurales en mi chacra. Allí cultiva maíz, papas, zapallos y otras verduras para consumo propio y ocasionales ventas. En cuanto a los herederos, la vida lo premió con 9 hijos. Cinco varones y 4 mujeres: José; Cristian Andrés; Ariel del Tránsito; José Adrián; David Antonio; Carina del Carmen; Agustina; Elisa Antonella y Patricia.

Su colaboración en la “Primavera Gauchesca”

En la primavera de cada año el paraje Arroyo Blanco, a 15 kilómetros de Chos Malal, se pone las mejores galas para recibir a toda la “paisanada” del norte neuquino que llega con sus mejores atuendos gauchos y sus mejores caballos para participar de las distintas destrezas criollas.

Una de ellas es la conocida como la “boleada del choique” y allí es donde don Galvarino aporta su conocimiento y experiencia en la organización y el desarrollo de la prueba.

“Hace tres años que estoy colaborando con la fiesta. El delegado municipal Gerónimo Tillería me dio el espacio y la oportunidad para ayudar en el predio, porque ir solo a mirar no me gusta. Es lindo divertirse así también. Una cosa es ir a mirar nomás y otra es ayudar y compartir con los gauchos de nuestro norte”, contó con orgullo.

Este año tuvo la responsabilidad de reparar y acondicionar la estampa casera y mecánica del “choique”, el cual en el medio del predio estaba listo para recibir el tiro de boleadoras de los participantes. “A mí también me tocó mover el choique con un lazo para incrementar la dificultad de la “boleada” a los gauchos que hacían el lanzamiento de a caballo”, relató.

Por último destacó en la fiesta también concursos de cueca, bailes y la clásica “pasada de los tachos”. Señaló que “lo más importante es que es una fiesta sin alcohol y que eso permite disfrutar y compartir con los demás en paz y tranquilidad”.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas